Montero denuncia gordofobia contra Lalachus por las campanadas
La eurodiputada de Podemos Irene Montero ha salido al paso de las críticas que está recibiendo la humorista Lalachus por su físico, después de conocerse que será la encargada de dar las campanadas de fin de año en Televisión Española. En un mensaje publicado en redes sociales, Montero ha asegurado que lo que le están haciendo a Lalachus «tiene nombre, se llama gordofobia». La reacción no se ha hecho esperar y el asunto ha derivado en un cruce de reproches sobre el doble rasero a la hora de aplicar la etiqueta de fobia según a quién se critique.
Lalachus, cuyo nombre real no aparece en la conversación, es una colaboradora habitual de programas de humor que ha sido fichada por la cadena pública para despedir el año. El anuncio ha desatado una oleada de comentarios sobre su peso, su idoneidad para el puesto y el supuesto mensaje que lanza TVE al poner a una persona obesa en prime time. La denuncia de Montero, lejos de cerrar el asunto, lo ha amplificado.
¿Qué es la gordofobia y por qué se aplica a este caso?
El término gordofobia designa el rechazo, la burla o la discriminación hacia las personas por su peso.
Montero sostiene que las críticas contra Lalachus no son humor ni crítica televisiva, sino discriminación pura. En su mensaje, la eurodiputada no entra a valorar si la humorista es mejor o peor profesional, sino que centra el foco en el trato que recibe por su cuerpo.
La respuesta del público ha sido dispar. Hay quien considera que la denuncia es legítima y que existe un escarnio desproporcionado contra una mujer por su físico.
Y hay quien ve en el mensaje de Montero una cortina de humo. La política, recuerdan, cobra un salario como eurodiputada que en el material se cifra en casi 10.000 euros brutos al mes, cifra que puede escalar hasta los 15.000 con complementos. Ese dato se ha usado como arma arrojadiza:
«una cerda por ser eurodiputada gana casi 10 mil brutos al mes», se llega a escribir, en una muestra del tono que ha alcanzado la conversación.
El doble rasero: de la gordofobia a la fachafobia
El argumento más repetido no es si Lalachus está gorda o no, sino por qué unas fobias valen y otras no.
«¿Y llamar cara polla a Almeida es polla fobia?», se pregunta un participante. Otro añade una lista: «Fachafobia, marichulofobia, heteropatriarcadofobia». La conclusión implícita es que la etiqueta de fobia se aplica con criterio selectivo según quién sea el objetivo.
En esa línea, varios mensajes señalan que si se exige respeto para una persona por su físico, debería exigirse el mismo respeto para quienes reciben insultos por su ideología.
«Si insultas a un gordo está mal, pero si insultas a una gorda está mucho peor», resume un comentario que ha tenido recorrido. La queja de fondo no es contra Lalachus, sino contra lo que se percibe como un monopolio progresista de la indignación.
El fichaje de TVE y el cupo de la diversidad
El debate sobre el físico ha derivado rápidamente en un debate sobre el criterio de contratación de la
televisión pública.
«El Estado no debería contratar gente con ese tipo de enfermedades», sostiene una intervención que pide exigir una imagen sana a quien trabaja en el sector audiovisual. Otro mensaje va más allá y afirma que la obesidad es una enfermedad que deriva en otras muchas y critica que se intente normalizar desde las instituciones.
La comparación con el caso de la actriz Itziar Castro, fallecida poco antes, aparece en varios mensajes.
«Justo después de fallecer Itziar Castro promocionaron a esta, supongo para cubrir el cupo de las no normativas», se lee. La idea que subyace es que TVE no busca talento sino cumplir una cuota de representación, y que Lalachus ocupa ese hueco.
¿Quién es Lalachus y por qué genera tanto rechazo?
Lalachus es una humorista que se ha hecho conocida en programas de entretenimiento y que ahora da el salto a las campanadas de TVE.
Su nombre no era familiar para una parte del público hasta este anuncio. «¿Quién cojones conocía hasta esta polémica a la tal Lalachus?», se pregunta un mensaje que apunta a una estrategia de promoción encubierta: la polémica como herramienta para dar a conocer a la elegida.
Ese es, quizá, el punto más incómodo para la cadena pública.
Si el objetivo era reivindicar la diversidad corporal, el efecto ha sido exponer a la humorista a un escarnio nacional. Si el objetivo era promocionarla, la jugada ha funcionado: de no ser conocida por muchos, ha pasado a ser el centro de todas las conversaciones navideñas antes de Nochevieja.
El cierre: donde el análisis se atasca
La discusión no ha llegado a ninguna conclusión porque las dos partes hablan de cosas distintas.
Unos defienden que nadie debe ser humillado por su cuerpo; otros responden que nadie debe dar lecciones de moral desde un escaño. Y en medio, Lalachus, que dará las campanadas con o sin permiso de sus críticos.
Queda un dato sin resolver: si la denuncia de Montero ha servido para proteger a la humorista o para amplificar el ataque.
La respuesta la dará la audiencia el 31 de diciembre.