La quita de la deuda de EE.UU. al estilo sumerio: un simpa inviable
Estados Unidos debe 40 billones de dólares y un experto ha propuesto, ni más ni menos, apretar el botón de cancelación total. El método rescata una práctica sumeria de hace 4.000 años llamada «ama-gi», considerada la primera palabra escrita que significaba «libertad». La idea tiene su punto poético; el problema es que, en finanzas, la libertad también tiene precio.
La propuesta: un «ama-gi» para el Tesoro
El punto de partida lo fija Paul Vigna en The New York Times: el mundo ha superado «un umbral en el que las deudas actuales ya no pueden ser gestionadas mediante métodos convencionales». Ante esa lectura hay que reconocer que el precedente existe. La Torá ordenaba cancelar deudas cada siete años y proclamar un jubileo cada 50; el Padrenuestro original pedía literalmente «perdónanos nuestras deudas» hasta que alguien decidió cambiarlo por «ofensas». De aquellos barros, estos lodos.
Por qué borrar el stock no arregla el flujo
La objeción más sólida llega con los números, no con la moral. Estados Unidos cerró la semana con 40 billones de deuda bruta, pero el déficit del ejercicio va camino de 2,1 billones. Los intereses netos se comen 857.000 millones, así que, descontada esa partida, el gasto supera los ingresos en 1,25 billones. ¿Qué cambia una quita total? Nada. Al año siguiente el Tesoro necesitará otro billón prestado, con un prestamista menos: los que acaban de perderlo todo.
El impago silencioso que ya está en marcha
Hay una tercera vía, menos exótica y mucho más probable: la inflación como default encubierto. Cuando el IPC supera el interés del bono, el deudor devuelve menos valor del que recibió. Quien compró deuda a 20 o 30 años con cupones del 2% o 3% ya está perdiendo entre un 40% y un 90% frente a quien compra al 5%. Es el «simpa de toda la vida», ejecutado sin decreto, sin voto y sin que nadie firme nada.
Las alternativas: del semi-default a las criptomonedas
El abanico va del estiramiento de bonos —convertir un bono a 2 años en uno a 12, o a 30 en a 40— a la tokenización de la deuda en una reserva digital, idea que, según algunas lecturas, rondaría al presidente. Frente a eso, existe la corriente pragmática que recurre a Argentina, Ecuador o Ucrania: los impagos duelen, pero el sistema financiero acaba olvidando. El problema es que EE.UU. no es un país periférico; es el mayor tenedor de su propia deuda a través de la Seguridad Social, y una quiebra bancaria en cadena no se negocia con titulares.
Como recordó un expresidente, la deuda ya era suficientemente mayorcita para cuidarse sola. La cuestión no es si se pagará, sino quién la paga y en qué moneda. Por ahora la única receta que no necesita rúbrica es inflar; la que no necesita votos tampoco. Nadie ha explicado aún qué pasa cuando el acreedor se cansa de cobrar papelitos.