Una nómina de 1992 reabre el debate sobre los sueldos de entonces
Una nómina de marzo de 1992, encontrada entre los papeles de un padre ingeniero con seis años de experiencia, casado, con dos hijos e hipoteca en Madrid, sirve para reabrir la comparación entre lo que se pagaba entonces y lo que se paga ahora. El hallazgo, difundido a través de una imagen, apunta según el mensaje inicial a una retribución anual cercana a los 120.000 euros, una cifra que ha puesto a calcular a más de uno. La discusión derivó pronto hacia dos preguntas incómodas: si esa cantidad era la norma o la excepción, y cuánto de aquel poder adquisitivo se ha evaporado en tres décadas.
¿Cuánto era realmente 120.000 euros en 1992?
El primer cálculo que circula rebaja bastante el titular. Una parte de los intervinientes sostiene que la nómina refleja unos
60.000 euros brutos anuales, no 120.000, y que el resto son complementos o pagas que no se repiten todos los meses. Otros apuntan a que, aun con esa corrección, el equivalente actual sería un sueldo alto: entre
3.800 y 4.200 euros al mes en euros actuales, según una de las estimaciones manejadas.
La cifra estrella de la nómina es un
complemento de convenio de 378.000 pesetas que, sumado al salario base, dispara el bruto. Ahí está el núcleo del desacuerdo: si ese complemento era mensual, hay quien sostiene que el IRPF retenido no cuadra, porque a diez millones de pesetas anuales le correspondería una retención cercana al 48%. Si era anual o extraordinario, el sueldo real se quedaría en la mitad.
El origen público del sueldo: INISEL y el INI
La empresa que firma la nómina no era una multinacional privada. Se trata de
INISEL, la antigua Empresa Nacional de Electrónica y Sistemas, integrada en el
INI y antecedente de la actual INDRA, con el SEPI como accionista. Ese detalle cambia el marco: no se discute un salario de mercado, sino el de una empresa pública en transición.
Hay quien lee en esa estructura de retribución un ejemplo de cómo se protegía al trabajador en la España pre-1992, con complementos heredados de convenios anteriores. Y hay quien lee justo lo contrario: un
complemento que triplicaba el salario medio de la época, pagado con dinero de todos los contribuyentes, en una empresa que algunos describen como estratificada.
La comparación con los sueldos actuales
El hilo deriva hacia el contraste con el presente. Varios mensajes sostienen que un ingeniero con seis años hoy no cobra eso ni de lejos, y que en muchas empresas del sector se ha congelado el poder adquisitivo durante décadas. Un caso citado: un becario de informática que en 1996 ingresaba
180.000 pesetas en una ingeniería, puesto que hoy se cubriría con el SMI.
El contrapunto llega desde quienes recuerdan que aquel dinero no caía del cielo. Un participante afirma que su suegro, ingeniero con más de veinte años de antigüedad, cobraba
400.000 pesetas netas al mes más cuatro pagas extra en 1994, con una retención cercana a las 500.000 pesetas mensuales. La diferencia, argumentan, no era solo el salario: era el precio del piso, la cesta de la compra y la ausencia de IVA hasta 1986.
El IRPF y la presión fiscal, antes y ahora
Uno de los ejes del desacuerdo es fiscal. Se afirma que el IRPF ha cambiado menos de lo que sugiere el relato habitual: a 120.000 euros actuales les correspondería una retención del
34%, y el tipo efectivo sobre el conjunto de rentas se ha movido en torno al 12% durante décadas, con un repunte hasta el
15% en 2025 por la no deflactación de la tarifa en años de inflación alta.
La lectura opuesta sostiene que el que multiplicaba un sueldo medio llegaba antes a tipos marginales altos, mientras que hoy basta con superar mínimamente la media para caer en tramos del 35% o más. La comparación completa, con tablas año a año, es la que permitiría zanjarlo, y no está cerrada.
El mercado laboral que dejó atrás aquellos sueldos
El hilo se cierra con una paradoja que nadie resuelve. Mientras se discute si un ingeniero cobraba demasiado, hay quien lleva meses buscando un fontanero o un albañil sin encontrarlo: en un pueblo de 20.000 habitantes hay tres o cuatro. Ingenieros, en cambio, sobran.
La explicación que se maneja es doble. Por un lado, la desindustrialización y el giro hacia una economía financiera habrían devaluado el trabajo técnico y trasladado la riqueza hacia otras capas. Por otro, la formación universitaria masiva habría saturado determinados perfiles mientras los oficios quedaban huérfanos. El resultado, dicen, es un mercado donde el salario ya no mide lo que aportas, sino lo reemplazable que eres.
¿Cuántos sueldos como el de aquella nómina siguen existiendo hoy, y en qué sectores?