Dos cuerpos 'no humanos' exhibidos en el Congreso de México
El 12 de septiembre, dos cuerpos de aspecto humanoide se presentaron en el salón del Congreso de México como restos de origen no humano. El acto se difundió con formato de unboxing: abrir la caja, sacar al 'alien', esperar el respingo del público. Los restos proceden, según la versión que acompaña a la exhibición, de Nazca (Perú), donde habrían aparecido a finales de 2015. La escena ha reabierto una discusión que llevaba años cerrada por la vía del desdén. Y en medio del ruido, las preguntas técnicas siguen sin respuesta firme.
¿Qué se presentó y qué pruebas se atribuyen a los cuerpos?
El material que circula junto a la exhibición asegura que los cuerpos fueron analizados en varios laboratorios y que su ADN presenta apenas un
70% de coincidencia con el humano. Se afirma también que portan prótesis de un metal escaso en la Tierra, que uno lleva un
anillo en una mano y que muestran desgaste de huesos y articulaciones comparable al de cualquier ser vivo. Entre los restos se mencionan huevos con embriones en su interior y una antigüedad de alrededor de
mil años.
Nada de eso cuenta con publicación científica ni revisión independiente. Ese es el problema de fondo: son afirmaciones hechas en un acto público, con cámara y grada, no resultados replicados. El detalle de la fosilización del plancton se usó como argumento de antigüedad; para el público técnico funcionó más bien como indicio de prisa.
¿Por qué la datación por carbono 14 no zanja el asunto?
La crítica más repetida ataca justo el método que se cita como aval. El carbono 14 se genera en la Tierra por la radiación solar. Aplicar esa prueba a un supuesto organismo de otro planeta es, como poco, discutible. Si el objeto fuera terrestre, la prueba funcionaría; si no lo es, no hay razón para esperar que la proporción de isótopos siga el mismo patrón.
El argumento se usa en los dos sentidos. Para unos demuestra que los cuerpos son terrestres y antiguos. Para otros revela que toda la parafernalia metodológica es un envoltorio.
El parecido con E.T. y el rastro que llega desde 2015
El parecido físico con el extraterrestre de la película de Spielberg fue el primer detonante de la burla. El caso obliga a una pregunta incómoda: un universo inmenso y los visitantes llegan con brazos, piernas, trajes de astronauta, adaptados a nuestra temperatura, nuestra gravedad y nuestro aire. La sospecha del molde perfecto pesa más que cualquier análisis.
El asunto tampoco nace ayer. Los cuerpos se habrían hallado en la zona de Nazca a
finales de 2015: uno de unos 1,70 metros, de torso estrecho, y una veintena de ejemplares pequeños. Hay constancia de que el material ya se había tratado por extenso tiempo antes del acto, con la misma conclusión: fraude. El escepticismo acumulado no se borra con una rueda de prensa.
De Reagan a la NASA: cómo se cuela el relato
A la discusión se ha sumado una anécdota vieja: el pase privado de E.T. en la Casa Blanca durante el mandato de
Ronald Reagan y el comentario que se le atribuye —que la película era un fiel reflejo de la realidad—. El detalle circulaba desde hacía tiempo y ahora se recicla como pista.
Con él llega el marco del '
Blue Beam', la teoría de un montaje para simular una invasión extraterrestre. En paralelo, la NASA presentaba su informe sobre fenómenos anómalos no identificados, con
Bill Nelson al frente de la agencia y
David Spergel presidiendo el grupo de estudio, a las 14 GMT. La coincidencia temporal alimenta la lectura conspirativa. La coincidencia es lo único verificable.
La economía de la distracción
Debajo de todo esto hay una lectura que no es ufológica sino política. Una parte sostiene que estos espectáculos cumplen una función: tener entretenida a mucha gente mientras los asuntos caros de verdad siguen sin resolverse. Se compara el coste de distraer a un país con cartulinas y pintura frente al de distraerlo con medidas que se pagan con impuestos de todos.
Que el debate derive hacia ahí dice bastante. El objeto de la discusión —dos cuerpos en una vitrina— es lo de menos.
El punto donde el análisis se atasca es el mismo de siempre: sin cadena de custodia conocida, sin laboratorio independiente y sin artículo revisado, lo único que existe es una caja abierta delante de una cámara. Cualquier ministerio de Hacienda diría que sin trazabilidad no hay activo. Y sin activo, el resto es relato.