Cuatro horas en urgencias por un dolor en el brazo izquierdo
¿Cuánto tarda un servicio de urgencias en descartar un infarto? En el caso que abre esta discusión, cuatro horas. Una mujer con dolores en el brazo izquierdo y el pecho esperó ese tiempo en un hospital andaluz hasta recibir los resultados: una inyección para calmar el dolor y una radiografía. El diagnóstico provisional del médico fue
tendinitis. La sala, con unas 80 personas delante, funcionaba a ese ritmo, según el relato del hijo.
El relato lo firma el hijo que la acompañó, que llegó a preguntar tres veces por su madre con nombre y apellidos. Nadie sabía dónde estaba. La encontró en un pasillo. La anécdota —una funcionaria de información que insistía en que no la habían llamado mientras los demás pacientes confirmaban lo contrario— resume el nivel de coordinación que se describe.
Qué pruebas se hacen ante un dolor torácico
La primera frase que responde a la duda más repetida: en este caso, no se practicó un electrocardiograma. Tampoco una toma de tensión ni pruebas para descartar un infarto, según el propio acompañante. Solo radiografía del brazo y un pinchazo analgésico. El médico mandó
Tramadol para casa y una cita con el médico de cabecera el lunes.
Varios intervinientes insisten en que ese protocolo es insuficiente. La advertencia más repetida: si hay sudoración excesiva, dolor en la mandíbula o ganas constantes de ir al baño sin alivio, hay que exigir un electro. También se avisa de que el Tramadol puede enmascarar síntomas. La recomendación sanitaria, en cualquier caso, pasa por un profesional.
La espera de 20 días para el cardiólogo que llena urgencias
En la misma sala, otras mujeres contaban que pedir cita con el especialista del corazón les daba una espera de
20 días. Ese diferencial es, según el relato, lo que empuja a la gente a urgencias. Un participante con un familiar cardiópata describe una prueba de esfuerzo citada para junio de 2024.
El patrón se repite en otras comunidades: siete horas en el Virgen Macarena, cinco horas en Valencia por un pie partido, seis meses para neurología con una hora de retraso sobre la cita. La comparación entre sanidad pública y privada aparece pronto, con cuotas citadas de
54 euros al mes en un seguro de empresa sin copagos.
El debate político: cuarenta años de gobierno y el mismo cuello de botella
La pelea partidista ocupa buena parte de la conversación. Hay quien atribuye el deterioro a los gobiernos autonómicos y quien responde que
cuarenta años de gestión socialista en Andalucía no se revierten en cuatro. La conclusión más repetida entre los que se desmarcan de la trinchera: da igual quién gobierne, el cuello de botella es estructural.
Un interviniente aporta una noticia sobre un ambulatorio de Málaga que suspendió consultas ordinarias por falta de médicos, con dos jubilaciones, una baja maternal, dos bajas por enfermedad, unas vacaciones y un permiso por fallecimiento. La respuesta del acompañante es tajante: los médicos están de baja y no hay consecuencias.
Denunciar funciona: la operación que llegó tres días después
El consejo más práctico del hilo: montar un escándalo. Un participante cuenta que tras ocho meses esperando una operación de rodilla para su madre, acudió a poner una denuncia y a gritar que la estaban dejando coja.
Tres días después llegó la carta con fecha para cinco días más tarde.
La otra vía que se repite es la de agravar los síntomas al llegar a urgencias, con la advertencia de que en casos cardiacos reales la demora puede ser letal. El sistema, vienen a decir, prioriza a quien más ruido hace, no a quien más lo necesita.
Al final, la madre volvió a casa con un diagnóstico de tendinitis, una radiografía sin hallazgos y una cita el lunes. Cuatro horas para eso. La mejor sanidad del mundo, decía el hijo. Y no lo decía como un elogio.