Sicarios matan a tiros al candidato Villavicencio en plena campaña
Fernando Villavicencio, candidato a la Presidencia de Ecuador, murió acribillado por sicarios durante la campaña electoral. El político había hecho de la denuncia de los contratos petroleros con China su principal bandera de campaña. La reacción no fue solo de condena: también de sospecha inmediata sobre el relato que empezaba a construirse alrededor del crimen.
El caso junta dos cosas que rara vez coinciden. Una víctima que, según los sondeos que se citaban, iba primera y una hipótesis de fondo que apunta a negocios millonarios. Que el candidato se movía con escolta y coche blindado no lo discute nadie. Todo lo demás, sí.
Qué denunciaba Villavicencio antes de ser asesinado
El eje de su campaña era un libro,
Ecuador Made In China, donde detallaba los contratos petroleros firmados con empresas chinas. Según esa denuncia, los acuerdos se cerraron en
2011 y 2016 sin concursos ni licitaciones, vencen en
2024 y condicionaban la capacidad de refino del país. Detrás estaría el interés por asegurarse crudo venezolano y un interlocutor dócil en Quito.
Ese es el material con el que se construye la lectura económica del asesinato. Un contrato energético de ese calado no es una anécdota: es una hipoteca sobre la balanza de pagos de un país pequeño. Quien lo denunciaba en voz alta se ponía delante de intereses que no negocian en tertulias.
Las hipótesis que se cruzan en el caso
Circulan al menos tres marcos. El primero señala al correísmo como beneficiario directo del crimen. El segundo habla de un
ajuste de cuentas entre facciones de la izquierda continental y del interés en fabricar un mártir antes de las urnas. El tercero apunta a una operación coordinada a escala regional, con el Foro de São Paulo como supuesta central de reparto.
Ninguna de esas lecturas está probada, y conviene decirlo sin adornos. Son marcos de interpretación, no conclusiones judiciales. El único hecho verificable es que el candidato muerto acusaba a un expresidente concreto y que ese expresidente residía fuera de Ecuador.
Qué se sabe de los sicarios y de la investigación
Se difundió que el FBI, junto a las policías de Colombia y Ecuador, habría identificado a
seis sicarios y que en sus teléfonos aparecerían llamadas con al menos
tres políticos ecuatorianos. Es una información lanzada en redes sociales, sin confirmación oficial disponible. La investigación sigue abierta.
Sobre el terreno, la pregunta más incómoda es logística. Un escolta que protege un flanco y deja el otro descubierto convierte el blindaje en decorado. El detalle se repite en las primeras horas de cualquier magnicidio: la seguridad estaba, pero no donde hacía falta.
Por qué se invoca el asesinato de Calvo Sotelo en 1936
La comparación apareció rápido: un líder de la oposición ejecutado en la calle, semanas antes de unas
elecciones, y un país que se rompe después. El paralelismo es tentador y también tramposo. En 1936 había un ejército dispuesto a moverse; aquí, de momento, hay una campaña electoral y un vacío.
Lo que sí comparten ambos episodios es el efecto sobre el tablero. Un muerto de un bando reordena los votos del otro en cuestión de días. La diferencia es lo que viene después, y eso no lo sabe nadie.
El efecto electoral de un mártir
Según los sondeos que se citaban, Villavicencio iba primero en las encuestas cuando lo mataron. El correísmo rondaba el
40% en primera vuelta según los datos que se manejaban entonces. Con esos números, el crimen no resuelve nada: lo complica. Un candidato muerto no desaparece del tablero, se convierte en símbolo.
Ahí está el nudo. Si el asesinato buscaba descabezar una candidatura, puede haber conseguido lo contrario. Si buscaba otra cosa, aún no se sabe cuál. Y mientras tanto, el país que iba a votar en unas semanas se encuentra decidiendo si vota a un vivo o rinde homenaje a un cadáver.
La investigación no ha cerrado ninguna de las hipótesis. Tampoco se espera que lo haga pronto. El punto exacto donde el análisis se atasca es este: no hay autor material confirmado, no hay móvil probado y no hay sentencia. Todo lo demás, por ahora, es aritmética electoral y memoria histórica.