760.000 euros por cabeza si ganan el Mundial. Hacienda se queda con 357.200.
La prima anunciada para los jugadores de la selección española en caso de conquistar el Mundial asciende a 760.000 euros brutos por cabeza. Aplicando el tipo marginal máximo del IRPF —el 47% que ya soportan sobre sus ingresos anuales—, el Estado se embolsaría 357.200 euros de cada futbolista. Una vez liquidado el impuesto, el neto se queda en 402.800 euros.
La cifra ha reavivado el debate sobre la presión fiscal sobre las rentas altas y, en particular, sobre si tiene sentido que el premio por representar al país tribute al tipo máximo. Hay quien considera que es normal: esos jugadores ya pagan el 47% sobre sus salarios millonarios, de modo que el premio no escapa a la misma regla. Otros, sin embargo, sostienen que debería aplicarse una exención o un tipo reducido por tratarse de un galardón deportivo y no de un ingreso recurrente. La ironía no falta: algunos recuerdan que para un trabajador con 60.000 euros anuales el marginal es similar, mientras que para el futbolista el agravio es menor porque su base imponible ya es altísima.
¿Son los 760.000 un premio o un ingreso más?
La calificación fiscal de la prima depende de su naturaleza. Si se considera rendimiento del trabajo —como parece desprenderse de la práctica habitual de la Agencia Tributaria—, se integra en la base general y tributa al tipo marginal. Algunos expertos apuntan a que podría tratarse de un premio extraordinario con tratamiento específico, pero Hacienda no ha hecho distinciones. Además, existe la duda sobre si los jugadores pueden negarse a cobrarlo o donarlo a una causa benéfica para evitar la mordida fiscal. En teoría, el premio se abona directamente a la Federación, que lo distribuye a los jugadores; si estos lo rechazan, Hacienda no podría reclamar.
¿Obligados a jugar y a cobrar?
Otra arista del debate es la obligatoriedad de acudir a la selección. Legalmente, los futbolistas convocados tienen el deber de acudir salvo causa justificada, pero nada les obliga a cobrar el premio. Sin embargo, la presión mediática y el contrato con la Federación suelen forzar la aceptación. Algunas voces sostienen que si no les gusta la fiscalidad, siempre pueden renunciar a la selección —como han hecho otros deportistas—, pero eso implica renunciar al mayor escaparate profesional.
El debate de fondo: ¿debería el Estado bonificar los logros deportivos?
Más allá de la anécdota, el caso abre una pregunta recurrente: ¿tiene sentido que el Estado se lleve casi la mitad de un premio que, en parte, se concibe como reconocimiento público y no como retribución? En países como Italia o Francia existen regímenes especiales para ciertos premios deportivos. En España, la fiscalidad es plana: cualquier euro adicional tributa al tipo marginal. ¿Es justo que un trabajador que gana 60.000 euros sufra un tipo similar al de un futbolista que ingresa millones? O dicho de otro modo: ¿el premio del Mundial es un ingreso más o un honor nacional?
Pregunta abierta: si el Estado renunciara al 47% de la prima, ¿lo haría también con el 45% del currito que se mata por un extra?