Verifactu y No Verifactu: el lío técnico que parte el hilo
El hilo arranca con el meme de Hacienda y en dos días se enreda en una pregunta que nadie resuelve: si el Verifactu es obligatorio, quién está exento y qué pasa si no tienes ningún programa. Cuatrocientas respuestas entre el
29 de agosto y el 2 de septiembre y el terreno se mueve. Unos sostienen que no hay escapatoria. Otros llegan con la FAQ de la Agencia Tributaria y dicen lo contrario. El que entra nuevo se pierde.
Qué se ha sabido
Ha entrado mucha letra pequeña. Un forero del sector del software cuenta que su empresa tardó casi dos años en desarrollar el módulo certificado y explica que el sistema consiste en enviar un archivo XML con los datos que pide Hacienda. Pone cifras a la multa:
50.000 euros para el usuario y 150.000 para el desarrollador si el programa no está certificado. Otro apunta que una máquina nueva le costó
2.000 euros a un conocido.
Se repiten las fechas:
sociedades a primeros de 2026 y
autónomos el 1 de julio de 2026, con los plazos retrasándose ya varias veces. Y aparece la caja: según un participante, todo ticket que genere el sistema queda almacenado en el servidor de Hacienda, pagues en metálico, tarjeta o Bizum.
La duda que parte el hilo es la modalidad No Verifactu. Corre que existe, que no obliga a conexión instantánea y que exige custodia de archivos y registros de auditoría. Otra postura insiste en que si el sistema está homologado, la conexión con Hacienda es obligatoria. Y hay quien asegura que quien factura a mano, con bolígrafo o máquina de escribir, no está obligado a nada.
Entra el SII: los adheridos —más de seis millones, según un participante— quedan fuera de Verifactu. Se menciona el proyecto
VIDA para 2030, una agencia tributaria europea, y se avisa de que la factura digital llega en
2027, ya como cosa distinta. También circula una advertencia sobre el cotejo de datos de clientes con bases policiales: un acento o un error ortográfico podría impedir emitir la factura, y anular una exigiría explicar la causa a Hacienda en un formulario.
Aparece el portal gratuito que la propia Agencia Tributaria pondrá para los negocios más básicos, y hay quien lo llama trampa para cándidos, sosteniendo que quien tenga asesor no va a caer ahí.
Dónde está la bronca
Dos bandos. Los que ven la medida útil: pagar lo que toca, que los sectores con alto cobro en mano dejen de escapar, que no es de recibo ver cambiar de coche cada dos años a quien declara 500 euros al mes. Un participante dice que pedirá factura hasta por una cocacola pagada en efectivo. Otro avisa de que, con el material facturado, el fontanero acabará con un inspector en casa si no cuadran sus compras.
Enfrente, la lista de agravios. Que es una barrera de entrada para el autónomo de 60 años. Que encarece al pequeño mientras las grandes se adaptan. Que la analítica de datos acabará en manos de alguien con ventaja. Y el temor al dinero digital y al recorte del efectivo: un forero propone bajar el tope de pago en metálico de
1.000 a 500 euros.
Los defensores tiran de experiencia. En Portugal, dice uno, la factura se pide y se desgrava; en el País Vasco el TicketBAI lleva tiempo, con testimonios encontrados sobre su eficacia. Los críticos responden que la economía en B se muda, que mercadillos y vendedores ambulantes siguen igual y que el sistema caerá sobre el que ya está fichado. Alguien resume que al albañil de 60 años se le va a escapar la risa con esto. Y una pulla recorre el hilo: para exprimir impuestos la maquinaria responde al instante, mientras para una cita médica hay que esperar un año.
El vídeo que alguien pega a mitad de tramo aviva la comparación con otros anuncios institucionales.
Lo que cuentan los que lo viven
Hay hosteleros hablando en primera persona. Uno dice que lleva dos años con el
95% de clientes pagando con tarjeta y que sus ingresos ya están rastreados, aunque le preocupa quedarse sin gestor y liarse con el Excel. Otro calcula el café:
1,50 con ticket, 1,30 sin él. Se cuenta el caso de una conocida que cobra una parte en negro y no sabe qué es esto. Un informático suelta que no se ve al albañil del pueblo, con 60 años, sacando una factura electrónica para enfoscar un muro.
Qué cambia respecto a antes
El hilo deja de discutir si es bueno o malo y se mete en el barro técnico. Entra la distinción Verifactu/No Verifactu, la fecha de autónomos, la exención de quien no usa programa y la cifra de la sanción. Unos rectifican a media conversación; otros se enrocan. La predicción de que se retrasaría otra vez gana peso, y hay quien no le da ni tres meses de vida al sistema. El pulso por el efectivo queda abierto y sin resolver.