Bayrou culpa a los 'boomers' de la deuda de Francia
El primer ministro francés, el centrista François Bayrou, señaló esta semana a su propia generación como responsable de haber disparado la deuda pública y de dejar a los jóvenes la factura. Lo hizo en una entrevista en TF1, defendiendo el ajuste fiscal de su gobierno y a pocos días de someterse a una moción de confianza que, según los analistas, tiene pocos visos de prosperar. «Estamos aceptando que los jóvenes sean reducidos a la esclavitud obligándoles durante décadas a reembolsar los préstamos que fueron decididos a la ligera por las generaciones anteriores», dijo el primer ministro, de 74 años, nacido en pleno baby-boom.
La acusación no es menor viniendo de quien viene. Bayrou lleva décadas en la primera línea de la política francesa y su propio perfil —varias pensiones, una carrera pública longeva— es el que muchos señalaron como ejemplo de lo que denunciaba. La contradicción no pasó desapercibida: quien pide sacrificios a los jubilados no renuncia a los suyos.
Qué cifras maneja Francia para justificar el ajuste
El diagnóstico oficial es contundente.
Francia cierra con un déficit público cercano al
6% del PIB y una deuda que asciende al
113% del PIB. El gobierno de Bayrou quiere recortar cerca de
44.000 millones de euros en 2026, y una de las medidas más controvertidas es la supresión de dos días festivos, que aportaría 4.000 millones de ahorro.
El problema no es solo el stock, sino el coste de financiarlo. La carga de los intereses de la deuda pasó de 30.000 millones anuales a comienzos de la década a
60.000 millones en 2024, se calculan 66.000 este año, 75.000 en 2026 y más de
100.000 millones anuales si no se hace nada. La deuda pública francesa alcanzaba los
3,345 billones de euros al cierre del primer trimestre.
La moción de confianza del 8 de septiembre
Bayrou ha decidido someterse el 8 de septiembre a una moción de confianza que él mismo ha vinculado a la necesidad de aprobar su plan fiscal. Tanto la ultraderecha de Agrupación Nacional como la izquierda rechazan apoyar al gabinete. El analista Mujtaba Rahman, de Eurasia Group, calcula en un
70% la probabilidad de que Bayrou caiga.
La situación recuerda al precedente inmediato: la incapacidad de sacar adelante un presupuesto ya se llevó por delante al gabinete de Michel Barnier en diciembre, sumiendo al país en un caos político prácticamente inédito con un Macron en la rampa de salida del Elíseo, que no puede presentarse a un tercer mandato consecutivo.
El eco en España: el pulso generacional por las pensiones
El rapapolvo de Bayrou ha traspasado fronteras porque el debate generacional también está instalado en España. Cada vez son más las voces críticas con el aumento del gasto en pensiones y con el reparto de cargas entre generaciones. La discusión, sin embargo, se bifurca: hay quien sostiene que el problema no son las pensiones en sí, sino el volumen global de deuda acumulada para financiar el conjunto del gasto público; y hay quien responde que la globalización, la deslocalización empresarial y las decisiones políticas pesan más que el colectivo de jubilados.
El cálculo más repetido apunta a que la deuda no la generan los pensionistas con su nómina mensual, sino el déficit estructural que arrastra el Estado francés desde hace décadas. Francia, recuerdan algunos análisis, está en déficit fiscal desde 1974 y el peso del Estado alcanza el
54% de la economía. El diagnóstico de Bayrou señala al beneficiario, no al diseñador del sistema.
Quién paga el ajuste y quién lo decide
La discusión de fondo es política, no contable. Los partidos que rechazan el plan de Bayrou no discuten las cifras: discuten quién debe asumir el coste. La izquierda y la ultraderecha coinciden en tumbar el ajuste, pero por motivos opuestos. Unos consideran que el recorte castiga a los más vulnerables; otros, que es insuficiente y mal diseñado.
El propio Bayrou ha apelado a la responsabilidad de «padres y abuelos» para que «estén en primera línea protegiendo a los más jóvenes». La frase, en boca de un político de 74 años con seis hijos y doce nietos, tiene su punto. También tiene su trampa: quien la pronuncia no ha renunciado a nada de lo suyo.
Con estos mimbres, la moción del 8 de septiembre se antoja menos un juicio sobre el presupuesto que sobre el propio Bayrou. Si cae, Francia volverá a la casilla de salida con el mayor déficit de la zona euro y sin gobierno capaz de aprobar un plan fiscal. La predicción más prudente es que el problema no se resuelve con un cambio de primer ministro, pero tampoco se puede descartar que el sistema aguante un poco más de lo que parece.