Ocultar la nacionalidad del criminal: el debate que enciende La Sexta
¿Mienten los periodistas cuando callan la nacionalidad de un delincuente? Una tertuliana de La Sexta ha defendido en antena que los medios deben ocultar la nacionalidad de los autores de delitos, convencida de que publicarla solo alimenta prejuicios y de que el público, en realidad, no necesita ese dato para juzgar un suceso. La polémica se ha viralizado en redes y ha encendido una discusión que va mucho más allá de un plató: la de si el ciudadano tiene derecho a recibir toda la información o solo la que alguien considere conveniente.
Qué defiende la tertuliana y por qué se ha convertido en polémica
El núcleo del asunto es una petición concreta: que los profesionales dejen de señalar la nacionalidad de quien comete un crimen y, si hace falta, que
mientan para ocultarla. Según ese planteamiento, los europeos no tendrían derecho a manejar la información completa y extraer sus propias conclusiones. Otro mensaje sitúa a la interviniente como profesora de ciencias políticas vinculada a Podemos. La reacción no se ha hecho esperar. Buena parte de la audiencia lo interpreta como un intento de tutelar al ciudadano y de tratarle como a un menor al que hay que dosificar la verdad.
En el fondo late una sospecha incómoda: que la omisión no es neutral. Quien decide qué se cuenta y qué se tapa está, de hecho, escribiendo un relato. Y un relato con piezas que faltan.
El patrón del doble rasero que se atribuye a los medios
La acusación más repetida no es que se oculte la nacionalidad, sino que se oculte
solo a veces. Circula una descripción del patrón que muchos lectores dicen reconocer: cuando el autor de un delito no es español, ni se publica su origen ni se acompaña su cara; cuando es nacional, la cobertura añade fotografía, nombre y hasta los detalles más nimios de su vida cotidiana. El silencio, en ese esquema, se convierte en un mensaje en sí mismo.
Es una percepción difícil de demostrar con estadísticas y muy fácil de ejemplificar con titulares. Y esa asimetría —real o percibida— desgasta la confianza en el periodismo más que cualquier nacionalidad concreta.
El apuñalamiento de Lyon que se cita como ejemplo
Entre los episodios que salen a relucir está un suceso ocurrido el 11 de junio de 2023 en Lyon. Según la información difundida por una cadena francesa, un hombre intervino para defender a una mujer que estaba siendo acosada. El agresor lo apuñaló directamente en la garganta y otro asaltante lo hizo en el estómago. El hombre cayó al suelo de inmediato. La escena tuvo lugar frente a una cincuentena de personas que esperaban el autobús en la estación Gorge de Loup, en el exterior del metro.
El detalle que se subraya no es el heroísmo del gesto, sino la frialdad del entorno y la rapidez con que ese tipo de noticias desaparece de los grandes titulares cuando no encaja en la línea editorial.
De la ley de violencia de género a la información según el autor
Hay quien recuerda que la propia argumentación que sostiene la ley de violencia de género se construyó fijándose en una característica del autor: que era hombre. Aplicar ese criterio para un caso y descartarlo para otros es, para buena parte de los lectores, la definición exacta de doble estándar. También se menciona cierta cobertura mediática de un caso durante los Sanfermines, en la que, según esos reproches, se publicaron desde el primer momento las fotografías, la apariencia, la edad, la nacionalidad, la profesión e incluso el lugar de residencia de los investigados.
La conclusión que muchos extraen no apunta a un colectivo, sino a la profesión: si el criterio cambia según quién sea el protagonista, lo que se protege no es a nadie, sino una agenda.
Por qué esto importa más allá del suceso concreto
El asunto se inscribe en un problema mayor, el de la credibilidad de los medios como bien escaso. Cuando el lector detecta que se le escamotea un dato, deja de creer el resto, incluso el que sí está contrastado. Esa pérdida se traduce en audiencias que migran a fuentes alternativas y en un ecosistema informativo cada vez más fragmentado.
Con estos mimbres, el único dato que los medios no van a ocultar es su propia pérdida de lectores.