Murcia, el café a 1,10 € y el puzzle de precios del sur de España
¿Cuánto debería costar un café en España? Depende de dónde te lo tomes, y ahí está la anomalía. En la estación de autobuses de Murcia, un café solo sale por 1,10 €. No es una promoción ni un error de la máquina: es el precio de barra. La misma taza en una estación del norte se acerca al doble y nadie se lleva las manos a la cabeza. El dato funciona como termómetro de algo mayor: el mapa de precios español está fracturado, y la inflación sube en todas partes a la vez, pero no desde la misma base ni al mismo ritmo.
El desayuno de 3,10 € que no cuadra con el IPC
A pocos metros de la catedral de Murcia conviven dos locales casi pegados. En uno, café y croissant por 3,10 €, ambos buenos. En el otro, 4,80 € por un café y un bollo peores. La distancia entre ambos no es de calidad: es de estructura de costes y de quién está dispuesto a pagar sin mirar. En primera línea de playa de Marbella se han pagado precios más bajos que en ciudades sin mar y sin turismo. Y ciudades como Zaragoza van camino de cobrar hasta por respirar.
La ventaja del sur tiene truco, y conviene decirlo antes de que alguien haga las maletas. En términos absolutos, el diferencial es real. Ajustado por renta, se estrecha hasta casi desaparecer: el paro es alto y los salarios de los que reman, escasos. Un café barato en una comarca con empleo precario no es una ganga, es un síntoma.
La Manga: 20 kilómetros de viviendas vacías ocho meses al año
El mejor ejemplo de lo que pudo ser y no fue está en La Manga del Mar Menor: una lengua de tierra de unos 200 metros de ancho y más de 20 kilómetros de largo, con decenas de miles de viviendas que pasan ocho meses al año a oscuras. Tiene microclima propio por estar entre dos mares y condiciones para funcionar todo el año. Se construyó a lo bruto y el resultado es una mole que se apaga en la segunda semana de septiembre.
El detalle interesante es el puente que uniría La Manga con San Javier. Con esa conexión por el norte, el acceso daría servicio a media Murcia del Norte y a parte de Alicante. Se sostiene que el proyecto lleva décadas bloqueado por intereses locales. El contrafactual es jugoso: duplicar la población residente de 300.000 a 700.000 habitantes con dos carriles por sentido. El chiste se cuenta solo. Y mientras, la riqueza regional se ha jugado casi entera a la carta de la especulación inmobiliaria.
Patrimonio de primera y transporte de tercera
Lo paradójico es que el producto existe. Junto a la estación de autobuses hay una plaza con iglesia barroca, árboles y terrazas, y el Museo Salzillo al lado. Cartagena acumula patrimonio para varios fines de semana, Cieza tiene un yacimiento islámico que deja al visitante descolocado, Águilas guarda la mejor costa de la región y Lorca sirve mar1 a la bestia. El balneario de Archena explota aguas de 15.000 años y aguanta la comparación con cualquiera.
Falla la logística. Hasta hace poco se podía decir que Murcia no tenía aeropuerto, y el autobús y el tren siguen siendo deprimentes. A eso se suma una fama de chascarrillos que funciona como filtro inverso: aleja a quien no la conoce y deja tranquilos a los que sí. Total, que el turismo se masifica en otros sitios y aquí sobran mesas en enero.
Con un café a 1,10 €, un balneario de agua milenaria y un patrimonio que quita el hipo, el problema de Murcia no parece el precio. Es que el relato lo escriben otros.