Nueve euros al mes separan el IMV de un salario de 18.000 euros
Un sueldo de 18.000 euros brutos al año solo vale nueve euros más al mes que el Ingreso Mínimo Vital en un hogar con dos hijos. Es decir, 103,92 euros al año. La comparativa difundida este 1 de septiembre sugiere que la frontera entre trabajar y no hacerlo es casi decorativa. Pero conviene leer la letra pequeña antes de tirar la nómina.
La cifra corresponde al supuesto más generoso del IMV: 1.393,84 euros mensuales, que solo recibe un hogar sin ingresos computables y que pase el test de patrimonio. Mientras, los datos de la AIReF de 2024 dibujan otra paradoja: el 55% de los hogares con derecho no solicitó la prestación, y en el complemento de infancia el porcentaje sube al 72%. La ayuda llega al 20% de los hogares en pobreza, cuando su diseño permitiría cubrir más del 50%.
La segunda gran ausencia es la pensión. Quien trabaja cotiza; el IMV no. La pensión no contributiva de jubilación es de 8.803,20 euros anuales, mientras la media contributiva se sitúa en 1.574,9 euros al mes y las altas nuevas entran en 1.707,2. Las no contributivas han subido este año un 11,4% frente al 4,5% de las contributivas. Convergen, sí, pero desde distancias siderales.
El incentivo también cambió el 27 de marzo: el Real Decreto 240/2026 eliminó la retirada euro a euro y exime al 100% los primeros 6.000 euros de incremento de rentas del trabajo. Un paso correcto, aunque insuficiente si el salario de entrada sigue atascado y los complementos extra no cotizantes alivian la diferencia.
La conclusión es incómoda: si la prestación se revaloriza por encima de la inflación mientras los sueldos de acceso no despegan, la diferencia seguirá siendo un espejismo. A corto plazo, el sistema premia la paciencia. A largo plazo, alguien tendrá que explicar por qué cotizar es peor negocio que esperar.