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Votar siempre lo mismo vs la abstención: ¿qué opináis?
El jubilado que vota siempre y el que se queda en casa
Es antes de las diez de la mañana. El hombre ha desayunado con la fresca, ha cogido su papeleta y ha ido a votar, y lo dice sin disimulo: es socialista de corazón. Una cuenta lo aplaude con etiquetas de campaña —#VotaPSOE, #AdelantePSOE— y, de paso, lanza tres ataques más contra el líder del PP. La imagen tendría poco de particular si no dejara al descubierto la foto fija de la abstención electoral española: mientras ese señor madruga para depositar su papel, otra parte del censo se queda en la cama a propósito, y encima lo reivindica.
El voto fiel, siempre el mismo
El patrón que resume el fenómeno es la fidelidad: el caballero del vídeo acude a votar con puntualidad y sin sobresaltos. El espejo existe, y se reconoce con facilidad: hay quien señala que el votante equivalente en la otra orilla, el de derechas, hace exactamente lo mismo, con la misma puntualidad y el mismo convencimiento. La diferencia no estaría en el color, viene a decirse, sino en la constancia. Unos votan siempre. Otros, nunca.
Ese bloque fiel es, en términos electorales, el que sostiene el sistema. La lectura más repetida es que la edad explica buena parte del comportamiento: a más años, más probabilidad de acudir al colegio electoral, incluso cuando el partido de toda la vida decepciona. Fidelidad y enfado no son incompatibles; mucha gente vota de regañadientes porque la alternativa le parece peor. El votante fiel no necesita que le entusiasmen: le basta con que no le asusten.
El abstencionista y su argumento: no validar el sistema
Frente a ese ritual aparece la abstención consciente, a la que no le falta literatura. Está quien sostiene que no ir a votar es un acto de coherencia y no una pereza: quedarse en casa porque no se juega a validar a ninguno de los candidatos, resume una intervención. Otra lo lleva al plano vital: no votar nunca, ni una vez, como quien presume de no haber fumado. El argumento de fondo es sencillo. Participar es dar carta de naturaleza a un juego amañado, y quien se queda fuera al menos se ahorra la parte de la complicidad.
La duda que surge de inmediato es qué se gana con eso. La versión escéptica señala que, si la participación se desplomara, el aparato seguiría funcionando igual y los medios se encargarían de taparlo; nadie reparte escaños en función de los que no votan. De ahí sale una contrapropuesta: si hay que ir, ir a molestar, votar a quien más incomode al sistema, sea cual sea el color. El problema es que esa idea admite cualquier etiqueta, y ahí se acaba el acuerdo.
¿Solo hay dos opciones? El cálculo fiscal que se pone sobre la mesa
El diagnóstico del sistema de partidos tampoco invita al optimismo. La idea más extendida es que España está condenada a alternar entre el PP y el PSOE, con formaciones pequeñas como socias a las que se reparten limosnas en el Congreso. A partir de ahí, cada cual dibuja su escenario. Un interviniente describe el que atribuye a la izquierda en el poder: mantener los servicios públicos a cambio de subir impuestos, con el IVA general del 21% al 50% y el impuesto de sociedades hasta el 70%. El escenario opuesto promete bajadas y menos gasto. Que las cifras sean realistas importa menos que su función: son la coartada perfecta para no moverse de casa.
Y en medio, una pregunta incómoda que nadie cierra. Si tan malos son todos, ¿por qué el que se abstiene presume de superioridad moral y el que vota, aunque sea con la nariz tapada, tiene que justificarse? El reproche circula en las dos direcciones y ninguna convence a la otra.
¿Por qué el voto de los pensionistas pesa tanto?
La foto del vídeo es, sobre todo, la de una generación. Hay quien calcula que el protagonista cobrará una pensión durante décadas y de cuantía superior al salario de buena parte de los que ahora trabajan. De ese cruce sale una tensión evidente: la misma persona que defiende su voto como un deber cívico es percibida por los más jóvenes como parte de un bloque que decide por encima de los demás.
La propuesta más radical que circula va en esa línea: los jubilados no deberían votar. Es una idea minoritaria, pero mide bien el malestar. El debate de fondo no es tanto generacional como de peso: quien acude a votar con disciplina tiene un peso decisivo frente a quien se queda en casa.
Cuando termina el recuento, el señor que fue a votar a primera hora y el que no fue tendrán exactamente el mismo gobierno. La abstención no resta un solo escaño a nadie: el reparto se hace entre los votos que entran en la urna, no entre los que se quedan en casa. Y la queja que recorre el episodio es que, más de cuarenta años después, seguimos discutiendo sobre los mismos cuarenta años anteriores. En ese punto, el votante fiel y el abstencionista se parecen más de lo que admitirían.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Es decir, que no se trata de no ir a votar, sino de votar lo que tú digas.»
— Minsky Moment · Abstención frente a voto útil
«Aquí siempre va a gobernar el PP o el PSOE (con apoyo de algunos partiditos a los que les darán algunas «limosnas» en el congreso)»
— OneShotKid · Bipartidismo y partidos bisagra
«Reíros de él, pero va a trincar pensión durante décadas y de mayor cuantía que el salario trabajando de muchos de vosotros»
— mmm · Pensión superior al salario
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Abstenerse no cambia nada40%
Votar valida un sistema corrupto35%
El voto de los jubilados manda25%
📌 DATOS
El votante del vídeo acude a primera hora y se declara «socialista de corazón»
El vídeo difundido con etiquetas de campaña del PSOE incluye ataques al líder del PP
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Por qué hay votantes que critican al PSOE y siguen votándolo?
Porque identifican el voto con un equipo y no con un balance. Una parte del intercambio señala que los socialistas han aplicado medidas parecidas a las que atribuyen a la derecha, y que sus votantes las pasan por alto igual que los del otro bando. La fidelidad pesa más que el descontento.
📅 EVOLUCIÓN
Junio de 1977Primeras elecciones generales de la democracia; arranca, según el planteamiento, el historial de voto ininterrumpido del protagonista del vídeo
Años 2020Un vídeo de un votante de edad avanzada que se declara socialista circula con etiquetas de campaña y reabre el choque entre el voto fiel y la abstención
𝕏 POSTS
Le quiero mucho señor que es socialista de corazón y lo explica muy bien. Y lo vais a querer mucho vosotros también. #PerroSanxe #VotaPSOE #AdelantePSOE #FeijooCobarde #FeijooMachista #FeijooMentiroso pic.twitter.com/IaP0wl52hK
✓El escenario fiscal completo que se dibuja para cada bando, con el detalle de IVA y sociedades, no aparece resumido en ningún medio
✓El cruce de reproches entre el votante fiel y el abstencionista orgulloso, con sus argumentos respectivos sobre qué se gana quedándose en casa
✓La propuesta más extrema del episodio, que los jubilados no deberían votar, y el malestar intergeneracional que la sostiene
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