El debate sobre el voto útil: provincias donde VOX podría regalar el escaño
Hay una paradoja que recorre cualquier conversación sobre el voto útil en España: el partido que más ruido hace contra el Gobierno es, según un cálculo que circula, en según qué provincias el que más escaños le entrega. El planteamiento es sencillo y se apoya en la ley electoral: en circunscripciones de 4, 5 o 6 diputados, la fragmentación del voto de la derecha podría dejar el último escaño en manos de la izquierda. En las de 3 o de 7 y más, el cálculo cambia. La conclusión que se repite es incómoda:
votar a VOX en una provincia pequeña es regalarle el escaño a Sánchez.
El argumento no es nuevo, pero vuelve cada vez que se acerca una cita electoral. La provincia de Santander, con 5 escaños, se cita como ejemplo recurrente. El mapa se convierte así en una herramienta de campaña: no todos los votos valen lo mismo según dónde se depositen.
¿Por qué en unas provincias el voto a VOX es útil y en otras no?
La respuesta está en el tamaño de la circunscripción. En las provincias de 3 escaños, como Cuenca, el reparto está muy ajustado y el voto útil se convierte en una lotería. En las de 7 o más, el sistema permite que VOX entre con holgura sin restar necesariamente un diputado a la derecha. El problema está en el tramo intermedio: 4, 5 y 6 escaños. Ahí, cada décima cuenta y la dispersión puede ser letal.
Quien defiende esta tesis insiste en que no se trata de ideología, sino de aritmética.
El Excel no miente, resume una de las intervenciones. Y añade: si estás en una provincia de 7 o más escaños, vota a VOX con toda confianza; si estás en una de 4, 5 o 6, la estás cagando.
La respuesta desde el otro lado no se hace esperar. Hay quien sostiene que el voto a VOX no es un error de cálculo, sino una decisión consciente.
«Siempre he preferido el original a una mala copia», resume una postura que rechaza el voto útil por considerarlo una trampa del PP para fagocitar a su electorado. La disyuntiva, en este caso, no es Sánchez o Feijóo, sino autenticidad o resignación.
El PP como «mala copia» y la agenda 2030 como marco
La conversación deriva pronto hacia un marco más amplio. Para una parte del electorado, el eje ya no es izquierda-derecha, sino agenda 2030 sí o no.
«Solo se presentan dos partidos: Partidos Agenda 2030 y Vox», sentencia una intervención que resume el clima. Desde esa lógica, el PP y el PSOE serían dos caras de la misma moneda, y el voto útil una forma de perpetuar el sistema.
Ese marco explica por qué muchos votantes de VOX rechazan de plano el consejo. No es que no entiendan la aritmética: es que no les importa.
«Me la suda. Votaré a VOX igualmente», responde uno.
«La otra opción es votar directamente al PSOE», añade otro, invirtiendo el argumento del voto útil: si el PP va a gobernar con la misma agenda, mejor votar al original que a la copia.
El desprecio hacia el PP se expresa en términos duros. Se le acusa de traicionar, de ser «basura traicionera», de querer pactar con Sánchez mientras pide el voto contra Sánchez. La oferta de Feijóo de firmar un documento para que sea investido el más votado con la abstención del otro se interpreta como una prueba de esa ambigüedad.
«Feijóo ofrece a Sánchez firmar un documento para que sea investido el más votado con la abstención del otro», se repite como un mantra.
La respuesta del PP: echar a Sánchez como objetivo
Quien defiende el voto útil no se queda callado. Su argumento central es que el objetivo no es VOX, sino echar a Sánchez.
«¿No te gusta Feijóo? Yo preferiría a Ayuso, pero es lo que hay», admite uno de los defensores de la tesis, que insiste en que se trata de un mal menor. La lista de agravios contra el Gobierno es larga: leyes como la del sí es sí, subvenciones «de lo más loco», gestión «muy mala».
La respuesta desde el otro lado es una pregunta: ¿qué clase de objetivo es echar a Sánchez? ¿Por qué exactamente? Y una advertencia: si el PP no va a derogar ni una sola ley, el argumento se queda cojo.
«Lo tenéis crudo si pretendéis seguir engañando a alguien», se responde.
El intercambio se encona. Los defensores del voto útil son tildados de «peperos», de «derechita cobarde», de comisarios políticos. Los votantes de VOX son llamados «magufos», «gitanovox» o «frikis». La conversación se convierte en un campo de batalla donde los datos se mezclan con el insulto.
El cálculo que nadie quiere hacer
Más allá del ruido, hay un análisis que sobrevuela el debate: el PP ha hecho lo contrario que el PSOE. Mientras los socialistas no han atacado a Sumar para que las cuentas les den, el PP ha intentado acaparar todo el voto de la derecha. El resultado, según este análisis, es que
cada 1% que se traspasa de VOX a PP reduce los escaños totales de la derecha, mientras que cada 1% que se traspasa del PSOE a Sumar los aumenta. La conclusión es incómoda para el PP: su estrategia de fagocitación puede ser su propia condena.
El cálculo completo, desglosado provincia a provincia, da una diferencia que sorprende. Pero no está en los titulares. Está en los vídeos, en los tuits, en los hilos que se pierden entre el ruido.
El voto útil es una trola, insisten desde el otro lado, mostrando mapas que dicen lo contrario.
¿Y si al final resulta que el partido tonto útil no es VOX, sino el PP?