Microsoft pasa de 212 a 284 dólares y apuesta por el Game Pass
A Microsoft no le hace falta ganar la guerra de las consolas para ganar la del videojuego. Le basta con que el usuario pague una suscripción. Esa es la paradoja que sostiene la tesis: una compañía que vive de vender software a empresas, con
Azure como segundo proveedor de nube del mundo por detrás de Amazon y
Office 365 instalado en medio tejido corporativo, y que de repente tiene en el
Xbox Game Pass su candidato a producto transformador, comparado en el hilo con lo que el iPhone supuso para Apple. La acción cotizaba a 212 dólares cuando se abrió el seguimiento. Después tocó los 284.
Azure y Office 365: el negocio aburrido que sostiene el precio
La parte previsible del caso no necesita épica. Nube que crece, licencias empresariales que se renuevan solas y una división de servicios para empresas que lleva años aportando caja. Hay quien matiza que Amazon Web Services sigue por delante en cuota, pero sostiene que
la clientela de Azure parece más potente.
De ahí sale un detalle que se señala en el hilo: si el negocio del juego en streaming despegara de verdad, parte de ese pastel acabaría pasando por servidores de Microsoft. Sony llegó a mover su servicio de juego en nube a la infraestructura de la compañía de Redmond, lo que convierte cualquier éxito ajeno en facturación; es una vía de ingresos que ya existe.
Game Pass: 18 millones de suscriptores y la factura de los servidores
El planteamiento del servicio es simple:
10 euros al mes para acceder a un catálogo de juegos y
15 euros para jugar además desde el móvil. El último dato oficial manejado en la conversación eran
18 millones de usuarios, después de que en el arranque del hilo se citaran 15 millones con un crecimiento del 50% en cinco meses, y con estimaciones que llegaban a proyectar 150 millones si la base de consolas acompaña.
Ahí está la diferencia de coste que, según el argumento del hilo, casi nadie mira. Google Stadia y Amazon Luna ejecutan todo en la nube: servidores encendidos, gasto fijo y un modelo que exige que el usuario esté siempre conectado. En el modelo de suscripción de Microsoft el juego se descarga y corre en la consola o el PC del cliente, con picos puntuales de streaming. Menos infraestructura quemando dinero y la consola como puerta de entrada, no como fin. Ese es el argumento de que la guerra de hardware sea, en el fondo, una distracción.
Por qué PS Now, Stadia y Luna no son comparables
El paralelismo fácil es el servicio de Sony, en el mercado desde hace una década. Los números que se manejan en la comparación no ayudan: catálogo por debajo de los 20 juegos y problemas de servidores que acabaron derivando en infraestructura ajena. Stadia, con todo el músculo de Google detrás, no alcanzaba el millón de usuarios tras años de inversión. Amazon Luna llegó después.
El diagnóstico que se repite es que solo tres compañías pueden montar esto —Google, Amazon y Microsoft— y solo una entiende de videojuegos. La compra de ZeniMax y su catálogo de estudios se lee en esa clave: los exclusivos son lo que se perdió en la generación anterior, cuando PS4 vendió 140 millones de consolas frente a 40 millones de Xbox, y son lo que ahora se compra a golpe de talonario.
El PER 30 y la sombra del año 2000
Aquí empieza el escepticismo razonable. Hay quien recuerda en el debate que Microsoft tardó
14 años en recuperar los niveles previos al estallido de la burbuja de las puntocom, y que ahora cotiza a un PER cercano a
30 cuando, según ese mismo argumento, la referencia que se considera prudente para el sector tecnológico andaría por 16. La crítica de fondo no es al negocio, sino al precio: buena empresa comprada caro sigue siendo una mala inversión.
La otra objeción apunta al ruido de fondo. Como sostiene otra intervención, en una fase de tipos y de pánico geopolítico las grandes tecnológicas han funcionado como refugio, y ese dinero puede rotar hacia valores más castigados cuando la tormenta amaine. Los resultados trimestrales fueron calificados de espectaculares y la acción se desplomó igualmente en el mercado extendido: la cotización no siempre obedece al negocio.
69.000 millones en liquidez y la compra de Activision
Buena parte del optimismo reciente se apoya en la operación sobre Activision. El argumento que se esgrime en el hilo es que tener
69.000 millones de dólares en efectivo perdiendo poder de compra por la inflación es un despilfarro, así que comprar activos con ese dinero tendría toda la lógica. El problema es que la operación está pendiente de lo que digan los reguladores, y ahí el escenario sigue abierto. Nadie en la discusión da por cerrado el desenlace.
Hay dos anécdotas que resumen el estado de ánimo: quien reconoce haber tenido títulos a
45 dólares y lamenta haberlos dejado escapar, y quien los compró a 220 y los vendió a 225. El error, vienen a decir, no fue de análisis. Fue de paciencia.
Desde el arranque del seguimiento, el recorrido ha sido de manual: entrada a 200 dólares, escalada a 240, a 265 y máximos históricos en 284. Con esos mimbres, la pregunta del millón no es si Microsoft es buena empresa —eso ya nadie lo discute— sino cuánto de ese precio es negocio y cuánto es relato.
¿Y si el Game Pass termina siendo un negocio de nicho muy rentable en vez de un Netflix del videojuego?