Cortar Gibraltar: el estrecho que España nunca se atrevió a cerrar
El planteamiento es sencillo de enunciar y complicadísimo de ejecutar: si los hutíes de Yemen bloquean el mar Rojo a los barcos vinculados a Israel, ¿por qué España no corta el estrecho de Gibraltar? La comparación circula con fuerza en los foros económicos y geopolíticos desde que los ataques hutíes obligaron a las navieras israelíes a cambiar de ruta. El estrecho, con apenas 14 kilómetros en su punto más angosto, es uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Y ahí empieza el problema.
Qué pasó con los hutíes y por qué se compara con Gibraltar
El detonante es el anuncio hutí de bloquear el paso de barcos hacia puertos israelíes por el mar Rojo mientras dure el asedio sobre Gaza. Las navieras israelíes han tenido que buscar rutas alternativas por tierra, con trayectos de unos 2.000 kilómetros y dos días de viaje, más caros. Malasia ha prohibido a la naviera israelí ZIM atracar o transitar por sus aguas territoriales, cerrando de facto el estrecho de Malaca para esa compañía. Los datos de seguimiento marítimo muestran que los petroleros iraníes, rusos y los cargueros chinos han aumentado en el mar Rojo desde que los hutíes empezaron a atacar buques vinculados a Israel.
La comparación con Gibraltar es inevitable: si un grupo armado sin Estado puede estrangular una ruta marítima global, ¿qué impide a España hacer lo mismo en su propio estrecho? La respuesta corta: casi todo.
El problema de fondo: Gibraltar no es español
Gibraltar es una colonia británica desde 1713, cedida por el Tratado de Utrecht. Desde 1965, el derecho internacional ha señalado en repetidas resoluciones que debe devolverse a España, pero el Reino Unido nunca lo ha hecho. La pregunta que sobrevuela el análisis es por qué Londres se deshizo de colonias similares como Hong Kong y no de Gibraltar. Hay quien sostiene que la razón es puramente geoestratégica: quien controla Gibraltar controla la salida del Mediterráneo al Atlántico.
El estrecho tiene una anchura mínima de unos 14 kilómetros. España controla la orilla norte y Ceuta y Melilla en la sur, pero no el peñón. Cerrar el paso exigiría, en la práctica, una operación militar contra territorio británico, algo que ningún gobierno español ha intentado desde que se perdió la colonia. Ni siquiera Franco, con todo su aparato represivo, se atrevió a tanto. Lo máximo que hizo fue cerrar la verja de Gibraltar, una medida mucho más modesta.
Las bases americanas y la dependencia estratégica
España alberga o ha albergado bases militares estadounidenses en Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza. La relación con Washington es un factor disuasorio de primer orden: cualquier intento de cerrar el estrecho pondría en riesgo esos acuerdos y la posición de España en la OTAN. Hay quien argumenta que las bases dependen de la voluntad española de que sigan existiendo, y que España podría usarlas como moneda de cambio. El cálculo más realista, sin embargo, es que España perdería mucho más de lo que ganaría.
La historia reciente ofrece un precedente incómodo: el asesinato de Carrero Blanco en 1973 y la cancelación del Proyecto Islero, el programa nuclear español. La coincidencia temporal con la crisis del petróleo y las presiones internacionales ha alimentado todo tipo de teorías. Lo que está documentado es que España renunció a su capacidad nuclear y quedó integrada en el sistema de seguridad occidental sin capacidad de disuasión propia.
Qué ganaría España y qué perdería
El cálculo económico es tentador: cobrar peaje a todo barco que cruce el estrecho, repostar combustible, ofrecer servicios portuarios. Sería un ingreso anual considerable. Pero el coste político sería demoledor. La Unión Europea, la OTAN y Estados Unidos aplicarían sanciones inmediatas. El comercio español, que depende en gran medida del tráfico marítimo, se vería afectado. Y la posición de Ceuta y Melilla, ya de por sí delicada, quedaría en el aire.
La comparación con los hutíes no se sostiene. Yemen es un país en guerra, sin nada que perder, con un grupo armado que controla territorio y lanza misiles desde posiciones dispersas. España es una democracia integrada en la economía global, con un PIB que depende del comercio internacional. El riesgo no es comparable.
La cuestión de fondo: soberanía y dependencia
El análisis más repetido es que España carece de la voluntad política y la capacidad militar para ejecutar una medida así. Los gobiernos de la etapa democrática han priorizado la integración europea y la relación con Estados Unidos sobre cualquier aventura de soberanía. La pregunta que queda sin responder es si esa dependencia es una elección o una imposición.
Gibraltar sigue ahí, a la vista, como recordatorio de que España no controla uno de los puntos más estratégicos del planeta. Y la idea de cortarlo, por mucho que se repita, choca siempre con la misma pared: la falta de medios, de aliados y de voluntad.