América española sin vallas ¿y si llegan católicos de toda Europa?
La Monarquía Hispánica mantuvo un control férreo sobre quién cruzaba a Hispanoamérica: casi todo el flujo salía de la Corona de Castilla, y los europeos no españoles entraban con permisos especiales o de forma irregular. Mientras tanto, las colonias británicas de Norteamérica recibían medio millón de europeos solo hasta su independencia, y el acumulado a finales del siglo XVIII superaba los 700.000. ¿Y si España hubiese abierto la puerta a los católicos de toda Europa?
El embudo migratorio español frente a la marea británica
Las cifras son tozudas: a la América española llegaron menos europeos durante el periodo virreinal que a las Trece Colonias, pese a que el territorio era muchísimo mayor. La emigración estuvo mucho más controlada y procedía de forma abrumadora de España. La consecuencia fue una «anemia demográfica» crónica en los virreinatos, agravada por una densidad de población indígena diez veces superior a la del norte del río Bravo.
El efecto dominó en la economía y en el mapa
Con una inmigración católica europea masiva, el sistema de encomiendas y haciendas habría dado paso a explotaciones de tamaño más familiar, habría surgido un tejido de pequeños comerciantes y artesanos, y la presión hacia el esclavismo se habría reducido. Algunas proyecciones hablan de una Argentina de 70 millones, un Uruguay de 10 y un Chile de 30, es decir, un Cono Sur irreconocible. En el norte de la Nueva España, el suroeste de EE UU —hoy California con 40 millones y Texas con 30— habría podido formar un país propio junto al norte de México, algo así como las Provincias Internas.
La historia no se escribe con condicionales, pero el contraste demográfico entre las dos Américas no invita a descartar la ucronía. ¿Habría existido Estados Unidos tal y como lo conocemos? Nadie lo sabe; los números, simplemente, invitan a preguntárselo.