Vacaciones fuera de España: el nuevo gesto de mal gusto
Se acabó el postureo en el aeropuerto. El pasaporte sellado ya no cuelga del cuello como una medalla; en el nuevo orden social del verano, es más bien un aviso. Un artículo de El Confidencial ha puesto el dedo en la llaga: presumir de viajes al extranjero se ha convertido en un gesto de un gusto más que dudoso. La nueva élite ya no se fotografía ante el Coliseo, sino en la cala que apenas conoce el GPS. El selfie con monumento ha pasado de trofeo a prueba de delito.
No todo el mundo se lo cree. Hay quien recuerda que, con los precios actuales, visitar otro país puede salir más barato que una semana en Menorca, y que confundir cutre con pobre es un lujo que solo se puede permitir quien no mira la cuenta al final del mes. Otros han llevado la lógica hasta el extremo: la mejor vacación es la que no mueve el sofá. Vídeos en 4K, gafas de realidad virtual, la playa de Benidorm con aire acondicionado y un buen queso. Sin colas, sin carteristas, sin parienta.
El verano se ha convertido en un campo de batalla clasista, y cada cual elige su trinchera. La próxima vez que un amigo publique una foto en Roma, piénselo dos veces: quizá no es un privilegiado, sino un cutre. O quizá al revés. Esa es la gracia.