La discusión por un iPhone que acabó en tres muertes en India
Un joven de 18 años, identificado en las informaciones como Kunal o Raja, falleció junto a sus padres este fin de semana en la India. El detonante fue la negativa de la familia a seguir pagando las cuotas de un iPhone comprado a plazos. La discusión escaló hasta que el joven amenazó con suicidarse en un acantilado de la colina de Khavdya. Tras casi tres horas de negociación con policía y lugareños, el padre intentó apartarle del borde. El hijo le agarró la mano y ambos cayeron al vacío. Su madre, que presenciaba la escena, se lanzó también. Los tres murieron.
El caso ha encendido las alarmas sobre un fenómeno que va mucho más allá de una anécdota: la presión social que convierte un teléfono de alta gama en un objeto imprescindible para la identidad de muchos jóvenes. El crédito al consumo pone al alcance de cualquiera un dispositivo cuyo coste puede superar varios meses de salario, y las familias más vulnerables son las que menos margen tienen para absorber esa deuda cuando las cuotas se vuelven imposibles.
La reacción en internet ha sido, cuando menos, desoladora. Circulan comentarios que preguntan por el estado del teléfono o bromean con que el seguro lo cubrirá. Esa insensibilidad dice más de quienes la emiten que de las víctimas. Pero también refleja una banalización de la muerte que debería interpelarnos.
La tragedia de Khavdya obliga a mirar dos asignaturas pendientes: la educación financiera de los jóvenes y la detección de problemas de salud mental en un momento en que el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte entre adolescentes. Ningún teléfono vale una vida. Pero mientras el consumo siga actuando como un marcador de estatus, habrá quien esté dispuesto a pagar con ella.