Zelensky en Davos: la UE mueve ficha y el foro se parte
Zelensky aterriza en Davos y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, responde con un mensaje que no deja lugar a dudas: «nuestros corazones están con vuestros soldados en el frente», y anuncia que la Comisión «lleva adelante el proceso de adhesión» y asegura los medios para «recuperar, reconstruir y reformar» a través del Ukraine Facility. El gesto, difundido en redes, marca el tono del encuentro anual del Foro Económico Mundial, donde Ucrania vuelve a ser el eje de la agenda occidental mientras el presidente ucraniano repite presencia con la misma sudadera que ya es marca de la casa.
Qué se cuece en Davos con Ucrania
El mensaje de Von der Leyen no es un brindis al sol. La Comisión Europea vincula explícitamente el mantenimiento de la fe en el futuro europeo de Ucrania con la moral de sus tropas, y ata esa fe a dos palancas concretas: el avance del expediente de adhesión y el desembolso del Ukraine Facility, el instrumento financiero con el que Bruselas pretende sostener la reconstrucción. En paralelo, la presencia de Zelensky en Davos se produce en un contexto de presión diplomática sostenida, con la OTAN como telón de fondo y con la cuestión de la ampliación flotando en cada corrillo del foro.
Hay quien lee en ese despliegue una señal de que Occidente no afloja. Y hay quien, en el extremo opuesto, sostiene que todo esto es escenografía. La discusión sobre si la OTAN debería entrar abiertamente en el conflicto recorre el ambiente, aunque nadie la formalice en una mesa oficial.
La sudadera, el circo y la cantinela del NWO
La imagen de Zelensky en Davos ha desatado comentarios de todo pelaje. Desde la ironía sobre su vestuario —«¿no se quita el uniforme ni para ir al baño?», se pregunta más de uno— hasta la acusación de que el líder ucraniano es «el mono de moda en ese circo», con la advertencia de que «ha habido otros, habrá otros». La foto del encuentro con Alex Soros, presidente de Open Society Foundations, ha servido de gasolina para quienes ven en Ucrania una pieza del tablero globalista: «ver esa foto hace a uno ser proruso, prochino, pero sobre todo anti Soros y anti NWO», resume una intervención.
El término NWO —Nuevo Orden Mundial— funciona como comodín en la conversación. Para unos, Putin encarna la resistencia contra ese orden; para otros, la ecuación es una simpleza que mezcla cosas incompatibles. «Ambas son ciertas», se llega a decir de dos tesis contradictorias, lo que provoca la réplica inmediata: «las dos a la vez no son ciertas».
El doblepensar y la guerra de relatos
La discusión deriva hacia el concepto de doblepensar, esa capacidad de sostener dos creencias opuestas como verdaderas. Un sector defiende que la posición de Ucrania y la crítica al globalismo pueden coexistir; otro lo rechaza de plano. En medio, aparece la acusación de que el foro se ha llenado de «putinejos hispanos» que odian a Ucrania «porque no quieren ser rusos», con el consabido palillo en la boca. La respuesta no se hace esperar: «mentalidad de mierda» frente a quienes reducen todo a bandos.
La conversación también toca la arquitectura institucional. Se discute si la separación de poderes es el rasgo definitorio de la democracia, con referencias a la democracia ateniense y al sorteo de magistraturas como mecanismo para evitar la perpetuación de las élites. Y se cuela la comparación con Hungría y Polonia, países que hace veinte años transitaban caminos similares y hoy se han convertido en espejos incómodos.
China, la Agenda 2030 y el reparto de culpas
La intervención del primer ministro chino, Li Qiang, en Davos añade otra capa. Su llamamiento a implementar «plenamente la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible» y a fortalecer la cooperación mundial para el desarrollo es leído por algunos como un ejercicio de cinismo: «el amigo chino viene a decirnos que contaminamos demasiado en Europa y que ya nos vale de comer chuletas», mientras ellos se acogen a la etiqueta de país «en vías de desarrollo» para esquivar obligaciones. La doble vara de medir, argumentan, es el verdadero motor del foro.
La presencia de Pedro Sánchez en Davos, con reuniones como la mantenida con el CEO de Cisco, Chuck Robbins, para establecer en España el primer centro de diseño de chips de Europa, completa el cuadro. Para unos, es un golpe de efecto; para otros, la enésima vuelta de tuerca del «jefe de la agenda 2030».
Con este material, la predicción es arriesgada. Si algo enseña Davos es que los discursos duran lo que dura el catering. La adhesión de Ucrania avanza sobre el papel; sobre el terreno, la cosa depende de factores que ningún panel controla. Y mientras tanto, la sudadera sigue puesta.