Zep: x40 en horas, x3 al final y un swap roto
¿Cómo se pasa de multiplicar por cuarenta en un solo día a conformarse con un x3? Ocurrió en el lanzamiento de Zep, un token de Binance Smart Chain que se compraba copiando una dirección hexadecimal en PancakeSwap y que se promocionaba como el proyecto más serio del ecosistema. El recorrido fue tan brutal como su caída: de 0,10-0,12 en la entrada a 0,173 en el pico, hasta los 0,00000002 que llegó a marcar después. El detonante del pinchazo no fue el proyecto en sí, sino la combinación de la migración de PancakeSwap a su V2 y la caída de Bitcoin arrastrando a todo el mercado de shitcoins.
Qué es Zep y cómo se compraba
Zep es un token de Binance Smart Chain que se comercializaba exclusivamente a través de Trust Wallet. El proceso era cualquier cosa menos sencillo: comprar BNB en un exchange, pasarlo a Trust Wallet, convertirlo a Smart Chain, abrirlo en PancakeSwap y hacer el swap contra el contrato 0x2e291e1c9f85a86d0c58ae15621aac005a8b2ead. Un engorro que, según sus defensores, merecía la pena porque cuando el token se lista en un exchange la subida compensa los cinco minutos de trámite.
La capitalización que se le atribuía era de
10.000 millones, una cifra que para muchos era motivo suficiente para no seguir investigando. El argumento contrario: ya tenía
4.250 holders y no presentaba señales de ser un fraude. La promesa era ambiciosa: una IDO propia, listado en un exchange en tres semanas y una hoja de ruta con partners confirmados.
El x40 que se esfumó
La primera fase fue eufórica. Quien entró en la primera hora vio cómo su posición se multiplicaba por cuarenta. Un participante reconoció haber convertido 1 BNB en 13 durante el pico. Otro vendió la mitad con un x2. La euforia era tal que se hablaba de «abrocharse el cinturón» ante la inminente entrada en un exchange y de que BNB iba a «comerle la tostada a ETH».
Después llegó el golpe. La migración de PancakeSwap a su V2 resultó un desastre técnico que dejó a muchas operaciones bloqueadas. A eso se sumó la caída repentina de Bitcoin, que arrastró a todas las shitcoins. El precio se desplomó desde los 0,00000000148114 hasta los 0,00000002, y los que no vendieron a tiempo vieron cómo su x40 se convertía en un x3 o menos. El proyecto FAMEZ, que iba a aportar valor al ecosistema, resultó ser un fraude, lo que restó aún más credibilidad.
Binance, el tapón inesperado
Uno de los factores que más contribuyó al colapso fue ajeno al proyecto: Binance desactivó temporalmente los retiros de BNB «debido al control de riesgos». Durante más de 30 horas, los usuarios no pudieron mover fondos desde el exchange a Trust Wallet. Eso cortó el flujo de capital hacia Zep y hacia otras tantas monedas de BSC. La ironía es que el mismo exchange que debía facilitar la compra se convirtió en el principal obstáculo.
La situación generó escenas kafkianas: personas que llevaban años operando sin problemas se encontraban con que no podían retirar sus fondos y el chat de soporte no respondía en 24 horas. Para un token que dependía del flujo constante de BNB hacia PancakeSwap, ese bloqueo fue un golpe casi definitivo.
Hold o salida: las dos estrategias
La comunidad se dividió entre quienes decidieron aguantar y quienes vendieron. Los primeros argumentaban que el proyecto tenía equipo, marketing y una IDO pendiente que podía relanzarlo. «Confío 100% y esta semana se vienen bombas enormes», decía uno de los defensores más activos. Los segundos optaron por asegurar ganancias: «Más vale pájaro en mano que polla en el ano», resumía otro.
El cálculo más optimista proyectaba un x20 desde los precios actuales para agosto, cuando se esperaba el lanzamiento completo. El escenario pesimista ya se había materializado: caída del 98% desde máximos, similar a lo ocurrido con otras monedas de BSC como Riskmoon. La realidad es que Zep sigue existiendo, con una comunidad reducida que espera la IDO y el listado en WhiteBit como tabla de salvación.
Al final, la joyita resultó ser una joya de bisutería: brilla mucho al principio, pero se oxida rápido. Y mientras tanto, Binance sigue con sus controles de riesgo.