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A mayor abuso, mayor devoción. Es la paradoja que recorre un diagnóstico incómodo sobre la mentalidad española: la tesis del llamado alma de esclavo, según la cual el país no se rebela contra quien le roba, le explota o le humilla, sino que se arrodilla con más ganas cuanto más cruel es el amo. El español medio traga y traga, y su sumisión crece en proporción inversa al trato que recibe, según esta lectura.
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Yo tengo la teoría de que ya va en el ADN.(mensaje citado en revisión)
Anda mira, he escrito casi lo mismo que tú sin saberlo. Tú controlas.Los españoles son civilmente muy fistros. Tienen mentalidad de esclavo congraciado con el amo: llámese Florentino, Amancio o el cacique de tu pueblo. Son débiles con el fuerte y fuerte con los débiles.
Son tribales: si no tienen motivos para odiarse entre ellos, los inventan. Eso genera un clima generalizado de insolidaridad donde todo cuanto predomina es ser más pillo y astuto que el otro para intentar perjudicarle y obtener algún rédito.
Fruto de un pasado despótico regido por una teocracia medievalizante que penalizaba el saber, en España no existe una ética pública, no existe una cultura del trabajo. Existe la cultura del bowling, el chanchullo, el robar, el llenarse los bolsillos con lo público aún cuando repercuta en detrimento de la colectividad.
También predomina aquí la envidia al virtuoso o al que simplemente le va mejor que a ti, aunque se lo haya peleado.
Hay una selección negativa entre las élites españolas que actúa como filtro a través del cual solo se pasa mediante el enchufismo, generando así una mediocridad dominante que impide cualquier tentativa de cambio loable, de acción positiva.
España también es alérgica a la cultura; somos un país barriobajerizado donde una discusión intelectual mínimamente elevada es calificada de pedante por una masa amorfa sin criterio que se guía más por bajas pasiones que por el raciocinio.