El descubrimiento del Senado (Ignacio Camacho en El ABC)

El descubrimiento del Senado (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El Senado ha pasado de cámara de segunda lectura a pieza clave para controlar el Tribunal Constitucional, porque nombrar a sus magistrados exige una mayoría de tres quintos. PSOE y Frente Amplio negocian listas unitarias y PP y Vox buscan una fórmula simétrica para no quedar por detrás.

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El Senado ha pasado de cámara de segunda lectura a pieza clave para controlar el Tribunal Constitucional, porque nombrar a sus magistrados exige una mayoría de tres quintos. PSOE y Frente Amplio negocian listas unitarias y PP y Vox buscan una fórmula simétrica para no quedar por detrás.

La cámara que muchos querían suprimir para ahorrar gastos se ha convertido en el tablero donde se decide quién vigila a quién. El Senado, ese aparcadero tradicional de subalternos que no caben en los puestos medulares, ha adquirido una importancia instrumental sobrevenida. La razón no es legislativa: es de nombramiento. Elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional que corresponden a la Cámara Alta requiere una mayoría de tres quintos, y quien la reúna puede designar de una tacada cuatro magistrados.

De suprimir la cámara a disputarla con listas unitarias

No hace tanto, fuerzas regeneracionistas como Ciudadanos proponían eliminar el Senado para recortar gasto. El debate ha girado. En la pugna actual, el PSOE y el Frente Amplio negocian listas unitarias, y el PP y Vox exploran una fórmula más o menos simétrica después de que la izquierda los pillara a contramano. El objetivo ya no es una mayoría absoluta para controlar al Gobierno, como en el mandato anterior, sino una de tres quintos. O, en el peor de los casos, impedir que la consiga el adversario.

El primer movimiento lo hizo Pedro Sánchez, según el análisis de Ignacio Camacho en ABC. Acostumbrado a pensar en apropiarse de las instituciones, se alarmó al ver que los rivales tenían a su alcance acaparar los órganos constitucionales. Con eso puso a la derecha ante un dilema: descolonizar los mecanismos de contrapeso o seguir la lógica binaria, el sanchismo a la inversa, que desean muchos de sus votantes.

El forcejeo por los poderes de arbitraje

La independencia de los órganos de arbitraje, caretas fuera, ya no parece interesar a nadie. El Senado se ha convertido en el escenario de un lamentable forcejeo por el control de esos poderes. La cámara territorial, pensada para la segunda lectura y la representación autonómica, decide ahora quién compone el tribunal que interpreta la Constitución.

Hay una asimetría difícil de obviar. En plena lid electoral no se le puede exigir a la oposición el cumplimiento de reglas que la ingeniería estratégica del Ejecutivo retuerce en su propio beneficio. Sería absurdo disputar esa partida con protocolos de conducta distintos. Pero sí cabe pedirle que, si vence, se esfuerce por volver a los principios demolidos en una legislatura de anomalías institucionales y subterfugios legislativos.

La tentación de emular los métodos del adversario

Eso significa, para empezar, garantizar la autonomía y el equilibrio de los dispositivos de supervisión, con la justicia al frente, sin ceder a la tentación ventajista del partidismo. Los códigos no escritos de una democracia basada en juego limpio, consenso social, transversalidad parlamentaria y respeto político son la referencia que se reclama.

El presidente ha planteado las elecciones en términos plebiscitarios, y así van a ser, haya o no acuerdo entre las dos formaciones conservadoras para contrarrestar la maniobra de la coalición de progreso. Sánchez quiere recrudecer el enfrentamiento de bloques y vaciar el espacio de centro. Tendrá una confrontación a cara de perro y un centro desierto. Lo único que cabe esperar es que, si su resistencia fracasa, no se lleve por delante los últimos restos de cordura política y escrúpulo moral que hayan salido ilesos de esta etapa de antagonismo extremo. La alternativa al sanchismo no solo implica desmantelar su proyecto: implica renunciar a calcar sus métodos.

Datos clave
  • Elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional que corresponden al Senado exige una mayoría de tres quintos de la Cámara.
  • PSOE y Frente Amplio negocian listas unitarias al Senado; PP y Vox buscan una fórmula simétrica para contrarrestar.
  • Quien reúna esa mayoría puede nombrar cuatro magistrados del Constitucional de una sola vez.
  • Ignacio Camacho firma el análisis en ABC el 21/10/2026.
  • Ciudadanos propuso en su día suprimir el Senado para ahorrar gastos.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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El descubrimiento del Senado​

21/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • La alternativa al sanchismo no sólo implica el desmantelamiento de su proyecto sino la renuncia a calcar sus mismos métodos

Ahora va a resultar que el Senado sí servía para algo. Aunque sólo sea –sólo es– para asegurarse el control del Tribunal Constitucional y manejarlo como quien pastorea un rebaño. Ése es el verdadero objetivo de las listas unitarias del PSOE y el Frente Amplio, y de la fórmula más o menos simétrica que el PP y Vox andan negociando después de que la izquierda los pillara a contramano. Ya no se trata de buscar una mayoría absoluta para controlar al Gobierno como en este mandato sino una de tres quintos o, en el peor de los casos, de impedir que la consiga el adversario y pueda nombrar de una tacada cuatro magistrados. Acabáramos. Qué tiempo aquel en que fuerzas regeneracionistas como Ciudadanos proponían suprimir la Cámara Alta para ahorrar gastos.

Como siempre, el primer movimiento frentista lo ha hecho Sánchez. Acostumbrado a pensar en apropiarse de las instituciones se ha alarmado al ver que los rivales tienen a su alcance la posibilidad de acaparar los órganos constitucionales. Y ha puesto a la derecha ante el debate de descolonizar los mecanismos de contrapeso, los ‘checks and balances’, o seguir la lógica binaria –el sanchismo a la inversa– que desean muchos de sus votantes. El Senado, el tradicional aparcadero donde los partidos depositan a los subalternos que no caben en los puestos medulares, adquiere así una importancia instrumental sobrevenida en el lamentable forcejeo por los poderes de arbitraje cuya primordial independencia, caretas fuera, ya no parece interesar a nadie.

En plena lid electoral no se le puede exigir a la oposición el cumplimiento de las reglas que la ingeniería estratégica del Ejecutivo retuerce en su propio beneficio. Sería absurdo fruta esa partida crucial con protocolos de conducta distintos. Pero sí hay que pedirle que si vence se esfuerce por volver a los principios demolidos en esta marrullera legislatura de anomalías institucionales y subterfugios legislativos. A los códigos no escritos de una democracia basada en valores de juego limpio, consenso social, transversalidad parlamentaria y respeto político. Eso significa, para empezar, garantizar la autonomía y equilibrio de los dispositivos de supervisión –con la justicia al frente– sin ceder a la tentación ventajista del partidismo.

El presidente ha planteado las elecciones en términos plebiscitarios y así van a ser al margen de que las dos formaciones conservadoras ultimen o no un acuerdo para contrarrestar la maniobra de la sedicente coalición ‘de pogre’. Pedro quiere recrudecer aún más el enfrentamiento de bloques y vaciar el espacio de centro, y tendrá una confrontación a cara de perro y un centro desierto. Eso ya no tiene remedio. Lo único que cabe esperar es que si su resistencia fracasa en el intento no se lleve por delante los últimos restos de cordura política y escrúpulo sarracena que hayan ansioso ilesos de esta etapa de antagonismo extremo. Porque la alternativa al sanchismo no sólo implica el desmantelamiento de su proyecto sino la renuncia a emular sus métodos.

Nota del machaca copiapega: En el Xanadù no importan las coaliciones porque en las papeletas se vota a personas, no a candidaturas. Ha de votarse a un máximo de tres candidatos (se puede votar sólo a uno o a dos), por lo que si se aúnan en una misma papeleta distintas formaciones, cada votante podrá elegir a quién prefiere.

Otra cosa es en el Congreso, en donde sí son candidaturas cerradas.
 
La utilidad del Senado la hemos constatado en esta última legislatura, con una cámara alta de mayoría absoluta del PP, montando comisiones de investigación sobre casi todo, menos sobre Montoro, Ayuso o cualquier otro cargo del PP con causas pendientes.
 
La utilidad del Senado la hemos constatado en esta última legislatura, con una cámara alta de mayoría absoluta del PP, montando comisiones de investigación sobre casi todo, menos sobre Montoro, Ayuso o cualquier otro cargo del PP con causas pendientes.

Lo que el Poder Judicial no ha encontrado que no lo busquen en el Xanadù.
 

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