Cuando se oye hablar al controlador de Atocha, uno se queda sorprendido. El hombre no tenía la menor idea del procedimiento ni de lo que estaba haciendo.
El maquinista ya tal. Duda si hacerle caso. Se nota perfectamente.
En cualquier caso, yo trabajé en prevención de riesgos y emergencias y todo el mundo sabe que hay que configurar sistemas redundantes que sean a prueba de errores humanos. Y somos humanos, no máquinas. Un día malo lo tiene cualquiera. Tampoco sabemos qué estaban haciendo los superiores, porque siempre tiene que haber un supervisor que lo esté controlando todo. Tienen razón los del sindicato que habría que escuchar todo lo que se dijo en la sala, que estará grabado.
Pasarán años de juicios, como en Valencia o en Angrois y se lo comerá un chivo expiatorio, como aquel maquinista, que encima estaba mal asesorado.