España fabricaba los juguetes que hoy importa
Hubo un tiempo en que España no importaba juguetes: los exportaba. Según se sostiene en el debate, Ibi, en Alicante, se convirtió en la capital juguetera del plástico y Barcelona concentró las marcas que alimentaron la infancia de varias generaciones.
Montaplex, Geyper, Exin, Famosa, Congost, Borrás, Joal, Guisval, Payá. La lista es larga y hoy suena a arqueología industrial. El punto de partida del debate es incómodo: aquel ecosistema industrial creció y se consolidó durante la dictadura, y quienes lo reivindican lo usan como arma arrojadiza contra el presente.
La tesis que sobrevuela toda la conversación es que aquello no fue casualidad. Fue una política industrial con aranceles, mercado interior protegido y una clase media que empezaba a comprar. Desmontarlo, sostienen, fue una decisión.
De Ibi a Barcelona: el mapa de la industria juguetera española
El núcleo duro estaba en el Levante. Ibi, en Alicante, se especializó en plástico inyectado y llegó a concentrar una densidad de fábricas que hoy resulta difícil de imaginar. Barcelona aportaba escala, diseño y marcas con proyección internacional. Exin, desde ahí, colocó Scalextric, Tente, Ibertren, Exin Castillos y Exin West en medio mundo.
La expansión no se quedó en la península.
Exin abrió división juguetera en México y los mexicanos acabaron montando fábrica propia, con catálogo y colores distintos a los españoles. Ese material es hoy el más buscado por coleccionistas. La historia del juguete mexicano, con su ecosistema de copias y versiones locales, es un capítulo aparte que aquí se reivindica como parte del mismo legado.
El detalle que más se repite es el de las licencias cruzadas.
Mattel entró en España en 1975 buscando una cabeza de puente y eligió a Congost como distribuidora. De ahí salieron el Autocross original y el Turbo, dos versiones del mismo juguete que hoy se guardan como piezas de colección. La confusión sobre quién copió a quién es, en sí misma, un síntoma de cómo funcionaba aquel mercado.
¿Por qué desapareció la industria juguetera española?
Aquí el diagnóstico se parte en dos. Una corriente lo atribuye a la apertura comercial y al euro: con salarios asiáticos, sin aranceles y con costes laborales y fiscales crecientes, competir era imposible. El cálculo que se maneja es contundente: entre seguridad social, IVA y tasas, traer cinco contenedores de juguetes sin esas cargas sale más barato que fabricar aquí. La otra corriente señala algo más simple: los niños cambiaron de juguete. Del fuerte del oeste y el Scalextric se pasó a la pantalla, y la producción se deslocalizó sin que nadie defendiera el sector.
Lo que casi nadie discute es el resultado. Las marcas que aparecen en la lista inicial,
casi todas, ya no existen o sobreviven como recuerdo. La industria del calzado del Levante corrió la misma suerte, y el paralelismo se repite en la conversación como un eco.
El juguete como campo de batalla política
El tema deriva rápido hacia el marco temporal. Para unos, aquellos años fueron una excepción de prosperidad construida sobre represión y autarquía; para otros, la prueba de que España podía ser autosuficiente y que Bruselas y Marruecos la han convertido en otra cosa. La discusión se encona cuando se menciona la posguerra: se recuerda el traslado de reservas de oro y la hambruna posterior, y se responde que la contabilidad de la República no admite lecciones.
Hay un dato que descoloca a ambos bandos:
los juguetes españoles se exportaban a México cuando aquí se hablaba de aislamiento. La autarquía no era tal en el sector del juguete. Y el consumidor que compraba un Scalextric no estaba pensando en geopolítica.
Lo que queda de aquel imperio
Quedan cajas originales aparecidas en baúles de casas de pueblo, coleccionistas que pagan precios altos por variantes mexicanas y foros donde se discute si el Autocross de Congost es anterior al de Mattel. Queda, sobre todo, la constatación de que un país con salarios bajos y tecnología media puede construir una industria exportadora si alguien decide protegerla.
La pregunta no es si España puede volver a fabricar juguetes. Es si alguien quiere.