Japón suma 8,9 millones de casas vacías, el 10,3% del total
Japón tiene un problema que no se arregla con grúas ni con hormigón: le sobran casas. El Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones contabilizó en 2023 un total de
8,9 millones de viviendas vacías, el 10,3% del parque inmobiliario. La proyección oficial apunta a que en 2033 ese porcentaje alcance el
30,4%. El fenómeno no se limita al rural profundo: también aparece en las grandes ciudades, donde los inmuebles llevan años sin alquilarse o directamente han sido abandonados por sus dueños. La causa de fondo es demográfica, pero el diagnóstico se complica cuando se mira el detalle.
El envejecimiento que vacía barrios enteros
El país lleva décadas por debajo de la tasa de reemplazo. La consecuencia más visible es la acumulación de propiedades sin uso: viviendas que nadie hereda, que nadie reclama o que se dejan caer porque mantenerlas cuesta más que abandonarlas. En los municipios pequeños el efecto es terminal. En Tokio, el fenómeno convive con otra realidad incómoda:
los precios de la vivienda nueva suben. Según una encuesta de Recruit entre compradores de vivienda particular nueva en el área metropolitana en 2021, el precio medio de compra fue de
43,31 millones de yenes, el más alto desde 2014. La paradoja es evidente: sobran casas y, a la vez, comprar una se ha vuelto más caro.
¿Por qué sube el precio si sobran viviendas?
La respuesta está en la concentración. El trabajo, los servicios y las oportunidades se apiñan en unas pocas áreas metropolitanas, mientras el resto del país se despuebla. Es el mismo patrón que se observa en España, donde el
14% del parque está vacío —unos 3,8 millones de viviendas— pero la presión de precios se concentra en Madrid, Barcelona y la costa. La estadística de vivienda vacía dice poco sobre habitabilidad: muchas figuran en el catastro como disponibles cuando en realidad son ruinas sin servicios. Hay quien ha tenido que pelear años para que le declaren ruina una casa de 1919 ocupada, porque hasta que el catastro no se actualiza, el inmueble sigue sumando en la columna equivocada.
El debate demográfico: ¿problema u oportunidad?
No hay consenso. Una corriente sostiene que Japón no tiene un problema de espacio, sino de proporción:
130 millones de habitantes en un territorio más pequeño que España, con la mayor parte del suelo montañoso e inhabitable. Desde esa óptica, perder población alivia la presión sobre el suelo y los servicios. La postura contraria señala que el problema no es el número absoluto, sino la relación entre jubilados y trabajadores: más gasto social, más impuestos sobre una base cada vez más estrecha. El experimento del universo 25 —la colonia de ratones que colapsó por hacinamiento— se cita como analogía, aunque su traslación a sociedades humanas es más que discutible.
La comparación con España: mismos síntomas, otro tratamiento
España tiene más porcentaje de vivienda vacía que Japón y, sin embargo, los precios no bajan. El argumento que circula en foros económicos es que la inmigración sostiene la demanda:
más de un millón de entradas anuales por aeropuertos, según un cálculo que circula y que mezcla llegadas con residencia efectiva. Otros apuntan a la burocracia como freno: etiquetas energéticas, ITP, gastos notariales. La conclusión que comparten casi todos los análisis es que el mercado inmobiliario japonés y el español se parecen más de lo que parece: mucha casa vacía donde nadie quiere vivir, poca donde todos quieren.
La discusión se atasca en el mismo punto: si sobran viviendas, ¿por qué no bajan los precios? La respuesta corta es que sobran donde no hay trabajo. La larga exige decidir qué se hace con ocho millones de propiedades que nadie quiere heredar y que, dentro de una década, podrían ser casi un tercio del país.