Si los datos sobre población migrante se leen en frío, la fotografía es demoledora para el relato oficial: Barcelona reúne 203.000 personas de origen magrebí y pakistaní, mientras Madrid apenas llega a 80.000. Y no vale el recurso de la población: la capital tiene el doble de habitantes que la ciudad condal. La cifra, publicada por El Español, convierte la diferencia en un fenómeno que necesita explicación, no eslóganes.
Un desequilibrio que nadie discute, aunque se discute por qué
La primera reacción suele ser política. El control de fronteras es competencia del Gobierno central, y eso se utiliza como argumento en ambas direcciones. Pero hay un factor histórico que pesa: el ex alcalde de Barcelona Joan Clos llegó a presentar un programa de 700.000 inmigrantes para la ciudad. Aquella política de captación, calificada en su momento de «catastrófica» por algunos, sentó las bases de un flujo que no se ha detenido.
Los datos del INE para 2025 matizan el mapa: Madrid registra casi un 25% de población nacida en el extranjero, frente al 15% del País Vasco. Pero la composición importa. No es lo mismo recibir a europeos jubilados que a personas jóvenes con un perfil económico determinado. La proporción de magrebíes y pakistaníes es lo que dispara la percepción social, y eso se reparte de forma muy desigual. El desglose por nacionalidades que detalla la publicación permite afinar mucho más el análisis, más allá de los totales.
La pugna por la culpa y el futuro de los datos
En la discusión pública se cruzan dos lecturas: la que responsabiliza al Ejecutivo central por no controlar las fronteras y la que señala a las políticas autonómicas que han favorecido asentamientos. Ambas tienen un punto débil: las estadísticas de extranjeros nacidos fuera incluyen a españoles de origen que retornan o a hijos de emigrantes, lo que infla las cifras en las comunidades con mayor emigración histórica.
Si la tendencia actual se mantiene, Barcelona seguirá siendo el principal punto de entrada para estas comunidades, con la presión que eso supone sobre vivienda y servicios públicos. Pero predecir flujos migratorios es más difícil que leer un padrón. Conviene recordarlo antes de asignar culpas o méritos con demasiada seguridad.