Qué tendría que prometer un partido nuevo para que le votaras
¿Qué tendría que prometerte un partido nuevo para que le dieras tu voto? La pregunta, lanzada en un foro, ha generado un catálogo de propuestas que va del recorte drástico del gasto público a la abolición de la Constitución, pasando por la gasolina gratis en el medio rural y la jornada de 32 horas. No es un programa electoral: es un retrato de la desafección.
El punto de partida era sencillo: cinco o más medidas que convencieran a un votante escéptico. La respuesta mayoritaria no fue una lista de políticas, sino una desconfianza previa hacia cualquier promesa. «De qué sirve lo que prometan», resume un participante, que recuerda que en Italia se prometió frenar los desembarcos y luego se alegó que Europa y los acuerdos lo impedían. Otro añade que Podemos prometió una paga para todos y que la paga fue para los de siempre. La conclusión implícita: el problema no es el programa, es la credibilidad de quien lo firma.
Recortar el Estado: el eje más repetido
La propuesta que más veces aparece es la reducción drástica del gasto público y del aparato estatal. Un participante plantea recortar el gasto un 50%, eliminando políticos y funcionarios; otro pide reducir el número de ministerios a ocho, suprimir las comunidades autónomas y dejar el funcionariado en 10.000 personas en todo el país, subcontratando el resto. Un tercero propone una auditoría del sector público y la eliminación de contratos blindados y complementos no justificados.
El problema es la aritmética. Un cálculo que circula en la conversación sostiene que recortar el gasto un 50% implicaría reducir las pensiones un 40%, y que sumado a exigir solo 25 años cotizados dejaría una pensión estándar de unos 300 euros al mes. La réplica no se hizo esperar: quien defiende el recorte sostiene que eliminando el gasto corrupto habría margen para pensiones de 1.000 euros con 25 años cotizados, y califica lo contrario de demagogia. El desacuerdo no es sobre el objetivo, sino sobre si los números cierran.
Pensiones: del sistema solidario a la mochila austriaca
Uno de los puntos donde más consenso se detecta es el cambio del sistema de pensiones. Varios participantes abogan por pasar del actual sistema de reparto a uno de capitalización, citando el modelo australiano o la mochila austriaca. El argumento es que el sistema actual es insostenible y que la transición sería la única excusa aceptable para no reducir la deuda pública más de un 2-3% anual. La propuesta se presenta como una forma de evitar el futuro que espera a los jóvenes.
Vivienda y suelo: edificar en cualquier parte
Otra corriente propone modificar la ley del suelo para que todos los terrenos sean edificables por defecto, salvo excepciones como yacimientos arqueológicos o parques naturales, eliminar el IVA en la compra de vivienda nueva y derogar el IBI. El objetivo declarado es una caída brutal del alquiler y de la compraventa. La objeción técnica aparece de inmediato: si se puede edificar en cualquier parte, ¿quién paga la electricidad, el agua, el alcantarillado y las carreteras?
Impuestos, fronteras y salida de la UE
El capítulo fiscal y geopolítico concentra las propuestas más dispares. Hay quien pide un IVA, un IRPF y un impuesto de sociedades al 15%, la suspensión de las autonomías y un contrato entre ciudadano y Estado. Hay quien propone salir de la OTAN, de la UE y de la ONU, ingresar en los BRICS y nacionalizar los sectores estratégicos. Y hay quien plantea eliminar el SMI, reducir un 60% todos los impuestos y construir cinco millones de viviendas de protección oficial. La horquilla va del liberalismo radical al soberanismo económico.
El problema de fondo: nadie se lee los presupuestos
La conversación deriva hacia una cuestión práctica. ¿Estaría el votante dispuesto a leerse los presupuestos generales del Estado antes de votarlos? La respuesta mayoritaria es que no. Un participante recuerda que en Suiza se celebran referéndums, pero son puntuales y permiten estudiar la información; con todo lo demás, sostiene, muy pocos se leerían los textos y el resto votaría al azar o según lo que digan los medios.
El cierre: prometer es fácil
Al final, la propuesta más repetida no fue económica sino contractual: que quien incumpla el programa dimita de inmediato. Es la confesión de que el problema no es qué prometer, sino que ya nadie se cree la promesa. Con ese material, cualquier partido nuevo tiene un programa fácil de escribir y difícil de vender.