Aliens y Agenda 2030: el relato viral que nadie puede verificar
Un mensaje asegura que Estados Unidos afirma que los extraterrestres han pedido seguir la
Agenda 2030, despoblar el planeta y aceptar un Gobierno Mundial. De fuente, un tuit. De aval, la expectativa de que la NASA haga en breve una declaración sobre avistamientos, restos biológicos y el origen de algún objeto. El paquete circula por redes y aterriza en las conversaciones con una pregunta pegada al principio: ¿esto lo ha dicho alguien con cargo o es una cadena más? Nadie ha encontrado la comparecencia.
De dónde sale el mensaje: un tuit y una pista de 2013
El texto que se difunde es un mensaje escrito en inglés que viene a decir que resulta muy conveniente que el relato de que los aliens están entre nosotros derive tan rápido hacia propaganda ambiental y de un solo gobierno mundial, casi como si lo hubiera escrito un autor de ciencia ficción. Hasta ahí, una opinión perfectamente legítima. El problema empieza cuando esa opinión se recicla como prueba de que alguien, en algún despacho, ha hablado con seres de otro planeta.
Las aportaciones más valoradas van justo a eso. Se pregunta quién es el sujeto que sostiene la afirmación, en qué contexto la hizo, si hubo comparecencia oficial y por qué no aparece en ninguna otra fuente. La respuesta que se abre paso es menos épica: el material procedería de un
congreso de aficionados a los ovnis de 2013. Ni rueda de prensa, ni expediente, ni declaración firmada. Una conferencia. De hace más de una década.
Qué se espera exactamente de la NASA
La parte que sostiene la intriga es una promesa: la agencia espacial estadounidense hablará, presumiblemente, de la probabilidad de que existan restos de seres vivos, de avistamientos y de la causa de algún objeto. Ese anuncio se presenta como el
pistoletazo de salida. Primero el organismo, después el resto del aparato. Y, de fondo, el aviso de que en el mundo anglosajón ya se empieza a etiquetar como
negacionistas de los aliens a quienes dudan.
Conviene recordar una cosa poco glamurosa: en el material disponible no hay ningún documento oficial que respalde ese contenido. Lo que hay es una expectativa construida sobre un mensaje suelto. La autoridad no la da un organismo. La da el formato.
Agenda 2030, despoblación y Gobierno Mundial
El cuerpo del relato es el kit de siempre. A un supuesto aviso externo se le añaden dos exigencias:
reducir la población y ceder soberanía a una autoridad global. La primera se lee en clave de pensiones, con la broma recurrente de que los visitantes vienen a pagarlas, y el comentario de que, si sobra gente, es porque nadie quiere poner dinero pensando en el futuro. La segunda se despacha con otra coña: que al presidente del Gobierno Mundial lo elegirá el CIS.
No hay nada nuevo en el molde y eso es lo revelador. Un relato idéntico sirvió hace tres años para explicar la pandemia, las vacunas y las restricciones; en esta versión se cambia el virus por los platillos volantes y se conserva la estructura entera. Quien ya desconfiaba del guion anterior aplica el mismo descuento. Alguien lo resume con sorna: si el libreto no incluyera también algún mandato sobre la identidad y las costumbres, no se lo creería.
La hipótesis de la cortina de humo
Cuando el contenido se cae, aparece la función. Y ahí el consenso es más amplio: si de repente se habla de ovnis, es porque hay algo que tapar. Que la guerra de Ucrania ya no interesa a nadie y que hace falta un foco de atención nuevo, resume una de las intervenciones más repetidas. Otra lo corta en tres palabras:
cortina de humo.
La desconfianza llega hasta las misiones espaciales reales. Se recuerda el caso de la misión al cometa Tempel-9, en la que se estrelló un impactor de cobre y, según esta lectura, se difundió un vídeo con zoom para simular el choque. De ahí se salta, sin prueba alguna, a que lo que se depositó fue otra cosa y que aquello era en realidad un motor para desviar trayectorias. Nada respalda esa sospecha, pero retrata el clima: ni los datos que se pueden comprobar se dan por buenos.
El precedente que condiciona toda la lectura
El episodio se interpreta con la memoria de la pandemia muy cerca. Con el
coronatimo ya nos la metieron doblada, se lee entre las réplicas, así que no hay motivo para fiarse de esta. La idea de fondo es que ya hubo un ensayo general y que la población respondió tal y como se esperaba. La escena se completa con la broma de salir al balcón a las ocho a aplaudir a los ufólogos, copiando el gesto diario de la cuarentena.
También hay quien pone el foco en el intermediario. El razonamiento: de los religiosos que decían hablar con Dios pasamos a los científicos y políticos que dicen hablar con extraterrestres, y el día que se elimine al mensajero todo irá mejor. La desconfianza no distingue de bando. Y una parodia cierra el círculo: alguien finge ser un alien que relata cómo en su planeta idílico ganaron los partidos ultraconservadores, se recortaron derechos y subió el nivel del mar como consecuencia directa. Es una caricatura del relato apocalíptico, construida con las piezas del propio relato.
El problema no resuelto es siempre el mismo. Se exige la fuente y no llega. Se pide la comparecencia y no aparece. Se espera a la NASA y, mientras tanto, la espera se rellena con la sospecha de que la espera forma parte del guion. La conversación se queda exactamente ahí: con la convicción compartida de que algo se está cociendo y la incapacidad de decir qué, dónde y con qué prueba.