Inmigración irregular en Canarias: las cifras que no cuadran
¿Cuántas personas llegan a la costa española en cayucos y pateras? Si la pregunta se lanza en redes, la respuesta se dispara: hay quien sitúa entre
40.000 y 50.000 las entradas por Canarias en un solo año y quien eleva el cálculo hasta
180.000 anuales solo por ese archipiélago. Entre una cifra y otra hay un factor de casi cuatro. Ese hueco, más que cualquier desembarco, es el verdadero protagonista del asunto.
Las llegadas por Canarias: dos cifras que no encajan
El punto de partida que casi nadie discute es la tendencia: la tasa de llegadas a través del archipiélago canario prácticamente se ha duplicado. A partir de ahí, los números se separan sin remedio. Una estimación sitúa entre
40.000 y 50.000 las entradas por esta ruta a lo largo del año. Otro cálculo, construido sobre medias diarias, dispara el resultado:
800 llegadas diarias en los picos, unas 100 en los valles y una media sostenida de 500 al día. Multiplíquese por 365 y salen unos 180.000 al año, solo por Canarias.
El problema es que los informes anuales de la comisión de
inmigración manejan cifras
muy inferiores. Cuando dos fuentes razonablemente serias discrepan en un factor de cuatro, lo que falla no es la aritmética, sino el recuento: ventanas temporales distintas, criterios distintos de qué se cuenta y una opacidad de fondo que ninguna institución parece tener prisa por resolver.
¿Por qué nadie coincide en el número exacto de llegadas?
Porque no existe un registro único y público que cruce todas las entradas con la misma metodología. Las cifras que circulan proceden de fuentes distintas, cada una mide cosas diferentes y ninguna se somete al mismo calendario de verificación. Al final, la cifra más alta gana la atención y la más baja parece siempre sospechosa. En ese hueco se instala el
relato: si el dato oficial es incompleto, cualquier número vale para sostener cualquier tesis.
Se dirá que es un problema menor. No lo es. De ese número dependen los recursos de acogida, los conciertos con entidades, la presión sobre los servicios sociales y el tono de un debate público que lleva años girando sobre una cifra que nadie firma.
La acogida: hoteles, ONG y quién paga la factura
Sobre el terreno, la discusión se desplaza del cuántos al quién paga. Una parte del debate sostiene que las ONG funcionan como empresas con donaciones y fondos públicos, y que buena parte de esa actividad consiste en la acogida en hoteles con pensión completa. Las imágenes que circulan —habitaciones, vistas, menús— alimentan la comparación con las familias que, en el mismo país, llegan justas a fin de mes. Se atribuye a Cruz Roja el dispositivo de acogida en establecimientos hosteleros.
Conviene separar el dato de la indignación: que existan conciertos públicos con entidades para la acogida es un hecho administrativo; que eso sea un negocio lucrativo es una interpretación. Las dos cosas caben en el debate, pero no son lo mismo, y mezclarlas es la forma más rápida de no discutir nada.
¿Quién trabaja 10 horas al sol por 400 euros?
Aquí aparece el argumento económico que suele quedar enterrado bajo el ruido: el campo. Los invernaderos están donde hace calor, y el jornal que se atribuye a ese trabajo —
10 horas bajo el sol por 400 euros— dibuja un mercado laboral que necesita manos dispuestas a aceptar lo que otros rechazan. Quien exige más control de fronteras y quien defiende la llegada de trabajadores rara vez comparten párrafo, pero coinciden en algo: ninguno se pondría a recoger fruta a esos precios.
Controles en la autovía y no en la frontera
Otra línea de crítica apunta a la asignación de recursos: se denuncia que la policía monta controles en las autovías mientras las fronteras quedan sin cubrir. El reproche se extiende al Ejército y a las instituciones europeas, y desemboca en una conclusión que se repite: un país que no defiende sus fronteras está condenado a desaparecer. La comparación con el desembarco de Normandía se usa como hipérbole, igual que la referencia a los 1.312 años transcurridos desde la llegada de Tariq para hablar de una supuesta nueva invasión.
El marco político: urnas, UE y teorías sin respaldo
El descontento se filtra también por la vía política. Hay quien sostiene que las decisiones sobre fronteras no dependen de las urnas y que votar no cambia nada; otros replican que precisamente ese desinterés es lo que permite que nada cambie. En esa mezcla aparece de todo: críticas a la pertenencia a la Unión Europea, sospechas sobre el interés real de los partidos y una teoría conspirativa —la del llamado plan Kalergi— que circula sin ninguna prueba que la sostenga y que conviene tratar como lo que es, un
bulo sin respaldo.
Lo que el dato no cierra
Con las cifras oficiales y las estimaciones ciudadanas tan lejos entre sí, la discusión no se va a resolver con un titular. Lo que sí se puede afirmar es la dirección: las llegadas por la ruta canaria crecen y la capacidad de respuesta institucional se cuestiona por igual desde dentro y desde fuera del sistema. ¿Y los 180.000? Si alguien tiene la cuenta exacta, que la publique. Mientras tanto, seguimos discutiendo sobre un número que nadie ha firmado.