Qué debería haber hecho Putin hace tres meses, según el debate del foro
La invasión de Ucrania cumplía tres meses y la pregunta sigue sin respuesta: ¿había alternativa? El planteamiento inicial del asunto es una tesis de realismo estratégico: la
OTAN se estaba plantando a 800 kilómetros de Moscú, cinco minutos de tiempo de respuesta para un misil, y Rusia necesitaba profundidad estratégica. La discusión derivó hacia un intercambio de acusaciones y datos sobre 2014, la ampliación de la OTAN y el coste real de la operación.
El argumento de la profundidad estratégica
La tesis de partida sostiene que una ciudad-estado no es comparable a un país de 600.000 kilómetros cuadrados. La distancia importa: 800 kilómetros de Moscú, cinco minutos de vuelo para un misil. Bajo esa lógica, asegurar la frontera era la única salida. Quienes defienden esta posición subrayan que la OTAN ya estaba a 1.500 kilómetros y que Ucrania no había iniciado trámite de adhesión, pero eso no cambia el hecho de que la infraestructura militar de la Alianza se estaba acercando.
El realismo estratégico tiene una respuesta incómoda: si la OTAN no había aceptado a Ucrania, ¿por qué invadir? La contra-respuesta es que la ampliación es un proceso lento pero inexorable, y que esperar era perder la ventana de oportunidad.
El coste de la operación: más frontera con la OTAN
El resultado inmediato contradice la premisa. Finlandia y Suecia entraron en la OTAN, y Turquía levantó su veto. Rusia tiene ahora más kilómetros de frontera con la Alianza que antes de la invasión. Ese es el dato que desmonta el argumento de la seguridad: la operación militar ha producido el efecto contrario al deseado.
Hay quien sostiene que sin la guerra de 2022 Ucrania jamás habría entrado en la OTAN. La conclusión de ese razonamiento es que la estrategia de Putin ha acelerado precisamente lo que pretendía evitar. La profundidad estratégica se ha reducido, no ampliado.
Las alternativas no militares que nadie exploró
La pregunta central del asunto es qué otras opciones existían. Se apuntan varias: aumentar los lazos comerciales con Ucrania, iniciar un proceso de salida del país, negociar un veto a la entrada de Ucrania en la OTAN con países como Hungría. La vía diplomática requería bajarse del oso, pero ofrecía una seguridad más sólida que la bomba y el tanque.
El problema es que la UE no tiene capacidad de decisión geopolítica autónoma. Actúa según las directrices de Estados Unidos y Reino Unido, cuyo objetivo real no era Ucrania sino separar a Rusia de Alemania y hundir a Rusia. Bajo ese análisis, cualquier negociación entre Rusia y la UE estaba condenada de antemano.
El agua de Crimea y el bloqueo económico
Un factor que se pasa por alto: la falta de agua en Crimea. Sin agua no había cultivos, y ese fue uno de los primeros objetivos de la operación. El control del canal de Crimea del Norte era una necesidad inmediata, no una ambición territorial.
En el plano económico, la apuesta rusa es resistir el bloqueo occidental. Si lo consigue, lleva las de ganar a la larga porque Ucrania tendrá más problemas para mantener una guerra de desgaste. El cálculo es frío: el tiempo juega a favor de quien tiene más recursos y menos dependencia exterior.
Los errores de cálculo que nadie discute
La inteligencia rusa falló. Se creía que una parte del ejército ucraniano y ciertos sectores sociales apoyarían la entrada. La estrategia inicial también falló: se subestimó la capacidad de resistencia ucraniana. Y tras el fracaso de la ofensiva inicial, la incapacidad para asumir objetivos realistas llevó a malgastar tropas y recursos.
Esos tres errores son reconocidos incluso por quienes defienden la operación. La pregunta es si eran evitables o si forman parte del coste inevitable de cualquier intervención militar a gran escala.
El escenario de la guerra larga
La doctrina Gerasimov apunta a una operación lenta y sin pausa, como en Siria. Las tropas rusas más allá de los Urales esperan. Algunas unidades se han movido desde Siberia, desde zonas como Ulan Ude o Irkutsk. La mayoría sigue donde estaba en 1941.
La guerra del siglo XXI es distinta y poco conocida por el gran público. Fuera de la web profunda poco trasciende. Lo que sí trasciende es que el conflicto no tiene un final claro a la vista.
Con estos mimbres, la predicción es que Rusia aguante el pulso económico más de lo que muchos esperaban. Pero la frontera con la OTAN es más larga que antes de empezar. Eso no lo discute nadie.