La OTAN decide qué guerra es justa y cuál se ignora
Hay un patrón que se repite en cada conflicto abierto del planeta, según varios participantes del debate: la misma organización que bombardea considera legítimo su uso de la fuerza y califica de agresión el del vecino. El planteamiento que abrió este análisis lo resumía sin rodeos: por qué la guerra de Ucrania ocupa portadas y la de Yemen no, quién otorga a la OTAN el derecho a dictaminar qué conflicto merece intervención y cuál puede pudrirse en silencio. La respuesta más repetida entre los participantes fue incómodamente simple:
el derecho del más fuerte.
Qué derecho tiene la OTAN a decidir qué guerra es buena o mala
Ninguno, según la mayoría de las intervenciones. La alianza no se presenta como árbitro moral, pero actúa como tal, según esta lectura. Un participante lo formuló con precisión: la OTAN
se define a sí misma como organización reactiva, sin objetivos propios, y solo señala amenazas cuando otro actor mueve ficha. Nunca declara qué quiere; solo decide quién es el peligro. Ese mecanismo permite justificar cualquier intervención como respuesta y cualquier silencio como prudencia.
Otro mensaje apuntó al origen del problema: la ONU nombra derechos y los quita, dictamina qué es legítimo y qué no. La conclusión que se extrae es que el derecho internacional no es un código neutral, sino un
instrumento que se aplica según la correlación de fuerzas. Cuando conviene, se invoca la soberanía; cuando no, se invoca la responsabilidad de proteger.
Por qué Ucrania sí y Yemen no
La pregunta recorre todo el análisis. La respuesta que más se repite no es jurídica, es geopolítica:
Ucrania está en el continente europeo y su guerra afecta a la arquitectura de seguridad de la OTAN. Yemen, en cambio, lleva años desangrándose sin que nadie plantee una zona de exclusión aérea. No es una cuestión de víctimas, es una cuestión de
interés estratégico.
Hay quien sostiene que España podría haber mantenido una posición neutral y beneficiarse del comercio con ambos bloques, en lugar de alinearse y exponerse a represalias. La réplica es que la decisión no es soberana:
España es una colonia de Estados Unidos y no tiene voz ni voto. El precedente que se cita es Carrero-Blanco, que quiso sacar las bases americanas, no entrar en la OTAN y desarrollar una bomba nuclear propia. Ya se sabe cómo acabó.
El papel real de China y el nuevo orden mundial
Una de las intervenciones más extensas desmonta la idea de que el nuevo orden mundial lo lidera Occidente. China lidera la producción industrial y las exportaciones, la producción de buques militares, la inversión en activos en todo el mundo y el crecimiento económico local, según este participante. El argumento es que
el verdadero nuevo orden mundial lo lidera China, y que Occidente solo conserva la hegemonía militar y mediática.
Esa tesis se conecta con otra: la globalización posterior a la caída del muro de Berlín deslocalizó la industria occidental y abrió el mercado a más de la mitad de la población mundial como mano de obra esclava, según esta lectura. El resultado, sostiene, es que los hijos y nietos de los trabajadores occidentales compiten con salarios que no pueden igualar. La hoja de ruta occidental, según esta lectura, pasa por fomentar la inmigración masiva de mano de obra barata y un cambio de modelo productivo.
La OTAN como herramienta de sometimiento económico
Una corriente del análisis sostiene que la OTAN no protege a Europa, la subordina. La alianza sería la
herramienta de esclavización empleada por Estados Unidos para someter económicamente al continente, según un participante. El gasto en defensa que se exige a los socios europeos no responde a una amenaza real, sino a la necesidad de sostener la industria militar americana y mantener la dependencia estratégica, según esta lectura.
En esa línea, se señala que la cumbre de Madrid confirmó que la OTAN es una organización a la defensiva, que declara a Rusia enemigo para justificar el aumento del gasto. Países con problemas económicos serios se comprometen a gastar lo que no tienen para defenderse de una nación que, sin el respaldo de los BRICS y China, no tendría peso militar, según este participante. La conclusión que se extrae es que
España ha apostado al perdedor.
El relato de la invasión y la versión que no se cuenta
El análisis más repetido sobre el origen del conflicto sostiene que la invasión fue provocada. Se cita el golpe de Estado en Ucrania financiado por intereses angloamericanos, con conversaciones grabadas entre la subsecretaria Nuland y el embajador estadounidense el día antes. Se menciona el apoyo a grupos extremistas y los ataques a la población rusófila durante años. La versión oficial, según esta lectura, oculta esas piezas.
La respuesta a esa tesis es igual de directa:
qué derecho tiene Putin a invadir un país vecino y matar a sus habitantes. Solo porque es más fuerte. La discusión se atasca en ese punto: unos exigen condenar la invasión sin matices, otros exigen explicar las provocaciones previas. Ninguna de las dos partes cede.
El coste real para el ciudadano europeo
Mientras se discute geopolítica, el impacto económico aterriza en la cesta de la compra. Un participante lo resume con crudeza: la OTAN y la Unión Europea le han negado tener un trabajo y un salario estable como los de su padre, una vivienda a precio razonable y unos ingresos para mantener una familia. La guerra se suma a una lista de problemas que ya existían.
Otro mensaje apunta al cinismo del ciclo político: los señores de la guerra pasaron hambre con un presidente estadounidense beligerante y se forran con uno pacífico. El negocio no depende de quién esté en la Casa Blanca, sino de que el conflicto continúe.
La guerra solo beneficia a la industria armamentística y a la OTAN, resume otro.
Qué puede pasar con la OTAN en el futuro
La predicción más repetida es que la OTAN no durará siempre. Un participante aventura que
dentro de 500 años ya no existirá la OTAN y otro dirá qué es bueno y qué es malo. Otro va más lejos: al ritmo actual, es probable que las naciones ya no existan, bien porque la humanidad viva bajo un gobierno mundial, bien porque se haya destruido en una guerra termonuclear.
Si algo deja claro el análisis es que la pregunta inicial no tiene respuesta jurídica. La tiene política. Y la política, en este caso, la escriben los que tienen portaaviones. ¿Alguien cree que la próxima guerra que se declare justa será la que afecte a los intereses de los que hoy redactan las resoluciones?