Desahuciados en Ibiza, realojados en un pueblo de Zaragoza con alquiler social
En junio de 2024, una familia de Ibiza —Abraham, Alejandra y sus tres hijos— fue desahuciada y acabó en Villanueva de Jiloca, un municipio de la provincia de Zaragoza. El relato oficial habla de acogida, alquiler social y paisajes que enamoran. El padre, sin embargo, no se anda con rodeos: «Si hubiera una vivienda en Ibiza, volvería sin pensarlo». La familia pasó primero por un albergue municipal de Santa Eulària des Riu que tuvieron que abandonar al llegar la temporada turística. El contraste entre la España vaciada que los recibe y la isla que los expulsó es el corazón de un asunto que mezcla vivienda, servicios sociales y despoblación.
De Ibiza a Zaragoza: cronología de un destierro
El 22 de junio de 2024, Abraham, Alejandra y sus tres hijos dejaron atrás sus raíces en Eivissa. La falta de vivienda asequible, la negativa de la Administración y el
desahucio los empujaron a un albergue sufragado por el Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu. Meses después, el consistorio les comunicó que debían marcharse: llegaba la temporada turística y esas plazas eran para visitantes. «Tuvimos que abandonar el hostal porque, como nos dijeron, llegaba la temporada turística y necesitaban esas plazas para los visitantes», relata Alejandra. El destino final fue Villanueva de Jiloca, donde el ayuntamiento les facilitó un alquiler social. La familia se manifiesta antes de salir, apoyada por el Sindicato de Inquilinos, familiares y amigos, a las puertas de los servicios sociales de la Villa del Río.
El alquiler social que no frena la nostalgia
En el pueblo, la acogida ha sido buena. Los vecinos los apoyan, los paseos con el perro y los zorros que cruzan tras la casa se han convertido en rutina. «Ha sido tan buena la acogida que no pensamos en movernos de aquí», admite la familia. Pero Abraham no deja de mirar portales inmobiliarios de la isla: «Bueno, no busco, pero miro, aún me aparecen los anuncios de cuando estaba buscando en Eivissa». La contradicción es evidente: agradecen el alquiler social, pero su vida sigue anclada en Ibiza. Quieren visitar a familiares y amigos el invierno que viene. El relato periodístico subraya que los servicios sociales les hacen caso, a diferencia de lo que ocurre con otros colectivos. Esa asimetría, señalada en el propio artículo, alimenta el malestar.
La España vaciada como solución de emergencia
Llevar familias sin conexión previa a pueblos en riesgo de desaparición no resuelve el problema de fondo. Villanueva de Jiloca gana habitantes, pero la familia sigue mirando hacia Ibiza. El debate sobre el alquiler social en zonas rurales es recurrente: hay quien sostiene que se entregan viviendas a precios simbólicos —se mencionan casos de 12 euros al mes— y que algunas acaban deterioradas. Otros apuntan que las trabajadoras sociales de estas comarcas, lejos del estereotipo urbano, están desbordadas por encasquetes municipales. La ganadería y la agricultura exigen madrugar y rendimientos diferidos, un modelo que no encaja con la inmediatez de las ayudas. El perro, un husky, parece el único adaptado al frío.
El dato que descoloca
El alquiler social en Villanueva de Jiloca no ha bastado para que Abraham deje de buscar piso en Ibiza. La familia agradece el techo, pero su horizonte sigue en la isla. Mientras tanto, el pueblo suma vecinos y la España vaciada se convierte en aparcamiento de emergencia para crisis de vivienda que se originan a cientos de kilómetros.