15 euros por un roscón de 20 cm: la tradición que se paga cara
¿Cuánto vale un roscón de Reyes? Depende de a quién se le pregunte. Un usuario cuenta que pagó 15 euros en la panadería de su barrio —comercio local, proximidad, kilómetro cero y toda la retórica— por una pieza de
20 centímetros de diámetro. Lo cuenta quien acaba de salir escaldado de su horno de confianza, foto y cinta métrica mediante. Y con una comparación demoledora en la otra mano: en la estantería de al lado, el
tortel relleno de chocolate cuesta
1,50 euros.
Mismo diámetro, 20 centímetros medidos. La diferencia es que el tortel está disponible todo el año, es más fino, lleva menos ingredientes y menos florituras. Por lo que costó un solo roscón se pueden comprar diez torteles, de crema o de chocolate. La conclusión del comprador no es sutil: se acabó pasar por el aro, el año que viene bollería o torta de pasas y nueces, «y al que no le guste que no venga».
Cuánto cuesta un roscón de Reyes según dónde se compre
El caso individual encaja en un abanico de precios amplio cuando se pone sobre la mesa el resto de lo que cuentan los participantes. Hay quien dice haber visto roscones que rondan los
25 euros, unos cinco más que el año anterior. En el otro extremo, hay horquillas que van de los
5 euros sin relleno a los
8,5 de un modelo de supermercado, pasando por los 8 de otra panadería de barrio.
- Mercadona, sin relleno: 5 euros
- Mercadona, relleno de nata: 8 euros
- Supermercado, formato estándar: 8,5 euros
- Panadería de barrio: 8 euros
- Panadería de barrio consultada en este caso: 15 euros
- Roscones vistos a 25 euros, según un usuario
Hay quien recuerda haber comprado roscón en gran superficie hasta por 1 euro, y también quien sitúa en 2 euros las unidades pequeñas de liquidación a finales de enero. La comparación duele porque el producto es el mismo género: masa, azúcar, huevo, almendra y un relleno que casi nunca es lo que parece.
El detalle que más indigna no es el precio en sí, sino el contexto. Quien pagó los 15 euros había renunciado antes a comprar en el supermercado para hacer consumo local: vio el roscón de la cadena alemana y ni lo miró. Compró en la panadería de barrio por convicción y salió con la sensación de haber pagado la prima de la buena intención.
La nata que no es nata y el roscón que llega hasta abril
Uno de los puntos donde más coinciden las críticas es el relleno. Según varios usuarios, el roscón industrial rara vez lleva nata de verdad: lo que se vende como tal es un
sustituto, una preparación con grasas vegetales que aguanta meses sin degradarse. Eso explicaría otra cosa que cuentan: que en algunas cadenas los roscones que no se venden se congelen y reaparezcan junto a los brazos gitanos
hasta Semana Santa, a veces incluso con subida de precio respecto al día de Reyes. La excepción suelen ser los formatos baratos de 5 o 6 euros, que se agotan y desaparecen de la vista en días.
El relato de otro usuario describe el trabajo del sector artesanal. Un horno de barrio que amasa, rellena y hornea por encargo, con producciones de
250 roscones por temporada y precios de 20 a 30 euros según tamaño y relleno, no compite en la estantería del lineal. Cocina el día que el cliente lo recoge. Y cuando una panadería presume de fabricar 4.000 roscones en una sola noche, hay quien sostiene que el adjetivo «artesanal» empieza a quedarle grande.
¿Sale más barato hacer el roscón en casa?
Sí, y con margen de sobra. El truco más repetido entre quienes se han cansado del precio es comprar el roscón sin relleno por unos 5 euros, abrirlo por la mitad, montar la nata en casa con la batidora añadiendo un par de cucharadas de azúcar y rellenarlo uno mismo. Resultado, según quien lo hace: un roscón de buen tamaño con nata real por
menos de 10 euros. Si se añade aroma de vainilla, el resultado se acerca al chantilly sin llegar a serlo.
La opción siguiente es la masa. Con una receta de internet y una panificadora o un horno doméstico, el roscón casero sale por una fracción del precio de pastelería y con ingredientes identificables. Quien lo ha probado asegura que el año pasado le quedó
de escándalo. La barrera no es técnica, es de ganas.
El problema no es el roscón, es el calendario
Debajo de todo el malestar hay un reproche distinto, que no va de precios: el de comprar por calendario. Hay quien sostiene que pagar 15, 25 o 30 euros por un producto que solo se demanda en una fecha concreta es el peaje de hacer las cosas cuando toca y no cuando apetecen. «Si me apetece beberme una botella de cava extremeño el 15 de abril, me la bebo», viene a resumir uno de ellos.
A esa corriente le contestan quienes, como el comprador del roscón de 15 euros, señalan que el problema no es el comprador sino el vendedor, que sube precios sin mejorar el producto («ellos mismos se buscan la ruina»). Entre los participantes, la sensación general es que el precio ha subido y la calidad, en muchos casos, ha ido en dirección contraria.
El rey mago de Oriente, este año, viene a 15 euros. Y encima sin poder demostrar que sea artesanal.