Aldama llega al juzgado escoltado por Dani Desokupa
La escena tiene miga: el empresario que destapó la presunta red de mordidas en el Ministerio de Transportes aparece en los juzgados acompañado por el fundador del Club Desokupa, Dani Esteve. El gesto, lejos de ser anecdótico, ha encendido todas las alarmas en un sector del análisis que ve en esta alianza la prueba de que el caso está «atado y bien atado», aunque no precisamente por los fachas. La elección del escolta no es baladí: se trata de un personaje con un historial de confrontación pública que ahora firma acuerdos con asociaciones de militares.
El detonante de la polémica no es solo la escolta. Es el
contexto. Aldama sostiene haber pagado comisiones de
4 millones de euros que implicarían a Ábalos, Koldo y, por extensión, al PSOE. Que alguien con ese perfil se pasee con el líder de los desalojos exprés añade una capa de teatralidad que muchos interpretan como un mensaje cifrado. «El desokupa es un actor de crisis», resume una de las corrientes más repetidas, que recuerda episodios de confrontación callejera durante la pandemia.
El CNI, la UCO y el relato de la conspiración
Una de las teorías más repetidas en el análisis es que Dani Esteve colabora o ha colaborado con el
CNI. No hay prueba documental de ello, pero la coincidencia temporal entre su escolta a Aldama y la filtración de datos que ya obraban en poder de la UCO alimenta la sospecha. La pregunta que sobrevuela es simple: ¿por qué el Estado permitiría que un personaje tan mediático se convierta en la sombra de un testigo clave?
La respuesta que dan algunos analistas es que todo forma parte de un
paripé. Sostienen que la información que Aldama está soltando ya la tenía la UCO desde hace tiempo y que su puesta en escena sirve para activar una guerra civil dialéctica. Otros, en cambio, ven una operación de protección real: Aldama necesitaría blindaje ante una presunta trama que querría silenciarlo.
Los contratos con militares y el giro de guion
El perfil de Dani Esteve ha mutado. De los vídeos caseros en los que presumía de haber agredido a un viandante por no llevar mascarilla, ha pasado a firmar un
macro acuerdo con la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) para formar a 4.500 militares. El salto de la bronca callejera a la formación castrense es, cuanto menos, llamativo.
Ese giro refuerza la tesis de que su ideología es una tapadera y que el negocio es la pasta. Un programa de televisión anunció un reportaje sobre el doble juego del personaje: cobraría por desalojar y, a la vez, ofrecería a los desalojados viviendas de bancos previo pago. La denuncia no está probada, pero encaja con el perfil de oportunista que dibujan quienes le siguen la pista desde hace años.
¿Qué papel juega la UCO en el caso Aldama?
La UCO ya disponía de la información que Aldama está desgranando. Eso es lo que sostienen voces que siguen el caso de cerca. Si el material ya estaba en manos de la Guardia Civil, la comparecencia mediática de Aldama serviría más para presionar políticamente que para aportar novedades judiciales. Al menos una de las obras públicas desveladas coincide con una adjudicación de
65 millones de euros, según las informaciones publicadas.
El cálculo completo de las adjudicaciones, desglosado partida a partida, arroja una diferencia que sorprende a quienes han tenido acceso a los papeles. No es solo el volumen: es la coincidencia temporal con los pagos que Aldama atribuye a la trama. La UCO tendrá que determinar si esas coincidencias son casualidad o causalidad.
El fin de Sánchez y otras profecías
La lista de predicciones fallidas sobre el fin de Sánchez es larga: primarias de 2014, expulsión de 2016, moción de censura, dos elecciones generales, la pandemia, los indultos, la ley del sí es sí, la amnistía. Cada episodio se vendió como el definitivo. Ninguno lo fue. Esa
suerte de maldición del análisis político español explica por qué muchos reciben con escepticismo el último capítulo.
Hay quien sostiene que el «descenso a los infiernos» del PSOE está guionizado y que el objetivo es limpiar la marca para un NeoPSOE con 60 diputados y 8 años de oposición. La hipótesis es atrevida, pero encaja con la sensación de que nada de lo que está pasando es improvisado. La pasta, al final, manda más que los partidos.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar más capítulos. La escolta de Aldama por parte de Dani Esteve puede ser un simple gesto de oportunismo o la punta de un iceberg que nadie controla. Lo que no cuadra es que un personaje con ese historial aparezca ahora como protector de un testigo clave. Algo se cuece. Y no parece que vaya a cocerse en los juzgados.