Anova para podar aguacates: ¿vale la pena la inversión de 316 euros?
¿Puede una motosierra de 316 euros podar 400 aguacates sin despeinarse? La respuesta, según la experiencia de un agricultor valenciano, es que sí, pero con matices. La compra, deduciendo el IVA, salió por 316 euros: una mini sierra y unas tijeras con pértiga de la marca Anova, de gama semiprofesional. La leña del aguacate es blanda, así que las herramientas no trabajan forzadas, pero la altura de los árboles –muchos superan los cinco metros– complica el trabajo.
La experiencia en campo: Anova frente a SEEII
Tras podar casi 400 árboles, el resultado es positivo. Las tijeras abren 45 mm, aunque recomiendan cortar máximo 30 mm; la mini motosierra corta ramas de más de 100 mm sin problema. Pero el dato que sorprende es la comparación con una alternativa más barata: la SEEII, que cuesta la mitad y tiene una pértiga un metro más larga. La Anova se queda corta en las ramas más altas, mientras que la SEEII llega mejor. La decisión de comprar Anova se basó en su supuesta mayor disponibilidad de recambios, pero el rendimiento de la competencia barata ha sido igual de bueno.
El negocio del aguacate frente al kiwi
Detrás de la herramienta hay un negocio. El agricultor tiene tierras familiares que antes eran de cítricos y kakis, y ahora apuesta por el aguacate. Con más de 6.000 kg por hectárea, el cultivo es rentable, pero es técnico y con costes elevados. Este año espera entre 8.000 y 10.000 kg, y el precio del Lamb Hass ronda los 2 euros el kilo. Mientras, el kiwi verde –que necesita 600-800 horas de frío– ya no se da bien en Valencia: las primaveras cálidas y húmedas provocan el síndrome del decaimiento, conocido en Italia como «moria». El agricultor duda entre arrancar los kiwis y plantar más aguacates, pero la desinfección del suelo es un problema.
La discusión sobre la permacultura y los pesticidas también asoma. El consumidor exige una perfección exterior en las frutas que obliga a usar mucha química; si no sobrara producción, se podría reducir el uso de insecticidas un 50%. Mientras tanto, el agricultor sigue buscando la herramienta que le dure dos años. La permacultura, por ahora, se queda en el papel.