Resines defiende su pensión y enciende el choque generacional
Un actor de 71 años, Antonio Resines, se convierte en el detonante de la guerra generacional por las pensiones. En unas declaraciones emitidas en febrero en el programa
Conspiranoicos de La Sexta y recuperadas después en la red social X, donde superan las 200.000 visualizaciones, Resines responde a los jóvenes que cuestionan el sistema público de jubilación con un argumento que ha incendiado el debate: «He pagado religiosamente mis pensiones y mis impuestos, como no puede ser de otra forma, y yo cobro mi pensión porque he trabajado durante mucho tiempo y he ayudado a que vuestros padres y vosotros vayáis a colegios públicos, tengáis carreteras, hospitales, etc. ¿Ha quedado claro?».
El actor, que cotizó como autónomo y por cuenta ajena, sube el tono: «Que me venga a mí un idiota a decir que lo de las pensiones... otra cosa es que discutamos que se pueda mejorar. Como a ellos no les va a llegar, según estos anormales, pues no hay que pagarlas. ¿Pero qué dices, tío?». Y remata apelando a los padres de los críticos: «¿Y tus padres, qué? Porque estos tendrán padres, digo yo. Sus padres llegarán a los 60 y pico. Si no cobran las pensiones... ¿Qué son? ¿Todos millonarios los padres también? Hombre, por favor. Me parece indignante».
El sistema de reparto: quién paga la pensión de quién
El primer malentendido que recorre el debate es técnico. El sistema español es de reparto: los trabajadores activos financian las pensiones de los jubilados actuales, no las suyas propias. Resines insiste en que él «ha pagado religiosamente», pero ese pago fue a los pensionistas de su época. Hoy cobra con el dinero de los cotizantes presentes, según cálculos que el Estado ajusta cuando considera oportuno. La confusión entre «lo que aporté» y «lo que recibo» vertebra casi todas las intervenciones.
Hay quien sostiene que el actor recibe mucho más de lo que aportó y que eso es lo injusto. Enfrente pesa el argumento de que las pensiones están topadas por arriba: se cotice lo que se cotice, la prestación máxima tiene un techo, de modo que muchos trabajadores con sueldos altos aportan al sistema más de lo que cobrarán jamás. Si no existiera ese tope, señalan, habría pensiones de 4.000 y 5.000 euros.
Las cifras que se esgrimen en el debate
Un cálculo que circula en el debate desglosa el reparto: el 31% de las pensiones se las lleva menos del 15% de los pensionistas, y el 31,33% de los jubilados concentra más de la mitad del gasto total. Según ese mismo cálculo, el problema no serían las pensiones bajas, sino las altas. La comparación por regímenes arrojaría medias anuales muy dispares: 367,74 euros para los autónomos, 606,63 euros para los de la privada y 979,55 euros para los exfuncionarios.
El caso del juez que se jubila tras 40 años cotizando sirve, según un cálculo que circula en el debate, para ilustrar la magnitud. Con una actualización estimada del 2% anual, habría aportado alrededor de 1.290.000 euros, cantidad que daría para 28 años de 14 pagas por el máximo en 2025, es decir, hasta los 93 años. Si está casado, su viuda cobraría el 80% de esa pensión hasta su fallecimiento.
Subvenciones al cine y el argumento de la doble moral
La réplica más repetida apunta al origen de la fortuna del actor. Resines presume de haber contribuido con sus impuestos a colegios y hospitales, pero una parte del análisis recuerda que el cine español ha estado históricamente subvencionado. Hay quien sostiene que el gremio recibe más en ayudas públicas de lo que recauda en taquilla en España. La conclusión que extraen algunos: si el sector quiere hospitales mejores, que renuncie a esas subvenciones.
El argumento se afina con un balance aportación-coste. Si un contribuyente paga 999 euros al año y su riesgo médico cuesta 1.000, no está pagando impuestos: está robando a los demás. Aplicado al actor, si tributa un millón pero cobra dos del Estado por películas que nadie ve, el saldo no es de contribución sino de extracción. La simetría del razonamiento es lo que lo hace difícil de rebatir.
El envejecimiento y la factura que viene
El contexto demográfico agrava todo. La baja natalidad, los años de formación sin cotizar y el envejecimiento poblacional tensionan un sistema que ya se financia en parte con deuda. Hay quien advierte de que las pensiones actuales se pagan con deuda que asumirán los nietos y bisnietos. Con sueldos mileuristas y sin acceso a vivienda digna, la pregunta es cómo se sostendrán pensiones de 2.000 y 3.000 euros.
En el debate se proyecta un escenario a 20 años: una masa enorme de ancianos con demencia, cuidados que cuestan 4.000 euros al mes como mínimo, hijos que no quieren ocuparse personalmente y tampoco tendrán dinero para pagarlo. La legalización de la eutanasia aparece en esa discusión como la pieza que encaja en ese puzle, según algunos participantes.
La brecha que no se cierra
La discusión se atasca en un punto exacto: si el sistema es insostenible, ¿quién asume el ajuste? Unos piden recortar las pensiones altas y las actualizaciones con el IPC por encima del poder adquisitivo básico. Otros exigen subir cotizaciones o impuestos. Los más jóvenes advierten de que no habrá dinero para pagarles a ellos. Los mayores responden que ya pagaron su parte. Nadie cede, y mientras tanto el reloj demográfico sigue corriendo.