Articulista de la Vanguardia despedido por este articulo , La revancha.

Articulista de la Vanguardia despedido por este articulo , La revancha.
Es obvio que busca la polarización extrema para mantenerse en el poder. Pero de 50 años para abajo la oposición al sanchismo, incluso dentro de su propio partido, es abrumadora. Si no fuera por el apoyo de algunos sectores, el PSOE sería un partido residual al nivel de Podemos en la actualidad.
 
esta clarinete

y lo peor es que parece haber cierto consenso en ello, parece que poderes inevitables fuercen la situación; el pp ni protesta y vox solo alerta de las acciones a corto plazo
 
Orate, malo y fistro cuando se siente físicamente en peligro. Todavía recuerdo como se lo tuvieron que llevar sus guardaespaldas en volandas cuando lo de la Dana. Iba medio desmayado, y cuando sale a la calle lleva un séquito policial que ni los emperadores romanos en tiempos de Calígula.
Ese dia se escapo vivo. Y ahora se esta vengando.
Los del otro bando tampoco se quedan cortos. Cosas de votantes.
En la guerra siempre ocurren barbaridades, pero te recuerdo que en paz mientras la Republica las checas en Madrid ya estaban funcionando.
 
López Burniol acusa al PSOE de Pedro Sánchez de buscar un conflicto civil que ponga fin por la vía rápida a la democracia del 78.

El artículo completo:

La revancha

Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil.

Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.

El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.

Otra vez las "dos Españas". Y seamos claros: no son adversarias, sino que son enemigas. La resolución de su conflicto no atenderá, por tanto, a unas reglas aceptadas por todos, sino al respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo de sus respectivas tropas auxiliares mediáticas. El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98.

Será el "Desastre" final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de este desastre? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: "Entre todos la matamos y ella sola se murió". No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos. En medio de esta penosa situación, que nos aboca al despeñadero, puede ser aleccionador, e incluso ameno, leer un libro reciente del historiador Juan-Francisco Fuentes, catedrático del ramo en la Complutense, que recoge su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.

Se titula "Hambre de patria" (un título que no refleja la sutileza del texto) y recoge con minucioso rigor muchos aspectos de la peripecia vital, intelectual y sentimental del exilio republicano tras la guerra civil. Una peripecia que cristalizó en una verdad como un templo: la Transición (prescindir del pasado para pactar el futuro) se soñó en el exilio mucho antes de que los de dentro acertásemos ni tan siquiera a imaginarla.

Por eso, considero hoy a muchos de los líderes republicanos de entonces como si fuesen "míos" de toda la vida, mientras que desconfío y reniego de nuestros actuales dirigentes. Son legítimos, pero carecen para mí de "auctoritas", de credibilidad. Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley. Como cuando de Gaulle levantó a Francia de su "extraña derrota" (Marc Bloch), llevándola a figurar luego entre los vencedores de la guerra. Y como cuando Churchill llevó al Reino Unido a resistir primero para vencer después. Todos necesitamos, a veces, un milagro. Así sea.


El que avisa no es traidor...


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España es eso que te quita el.75% de lo que ganas con tu sudor para darselo a otros.
 
Ese dia se escapo vivo. Y ahora se esta vengando.

En la guerra siempre ocurren barbaridades, pero te recuerdo que en paz mientras la Republica las checas en Madrid ya estaban funcionando.
Gracias por darme la razón. Siga votando.
 
López Burniol acusa al PSOE de Pedro Sánchez de buscar un conflicto civil que ponga fin por la vía rápida a la democracia del 78.

El artículo completo:

La revancha

Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil.

Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.

El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.

Otra vez las "dos Españas". Y seamos claros: no son adversarias, sino que son enemigas. La resolución de su conflicto no atenderá, por tanto, a unas reglas aceptadas por todos, sino al respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo de sus respectivas tropas auxiliares mediáticas. El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98.

Será el "Desastre" final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de este desastre? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: "Entre todos la matamos y ella sola se murió". No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos. En medio de esta penosa situación, que nos aboca al despeñadero, puede ser aleccionador, e incluso ameno, leer un libro reciente del historiador Juan-Francisco Fuentes, catedrático del ramo en la Complutense, que recoge su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.

Se titula "Hambre de patria" (un título que no refleja la sutileza del texto) y recoge con minucioso rigor muchos aspectos de la peripecia vital, intelectual y sentimental del exilio republicano tras la guerra civil. Una peripecia que cristalizó en una verdad como un templo: la Transición (prescindir del pasado para pactar el futuro) se soñó en el exilio mucho antes de que los de dentro acertásemos ni tan siquiera a imaginarla.

Por eso, considero hoy a muchos de los líderes republicanos de entonces como si fuesen "míos" de toda la vida, mientras que desconfío y reniego de nuestros actuales dirigentes. Son legítimos, pero carecen para mí de "auctoritas", de credibilidad. Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley. Como cuando de Gaulle levantó a Francia de su "extraña derrota" (Marc Bloch), llevándola a figurar luego entre los vencedores de la guerra. Y como cuando Churchill llevó al Reino Unido a resistir primero para vencer después. Todos necesitamos, a veces, un milagro. Así sea.


El que avisa no es traidor...


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Gran artículo, y si lo escribió en un periódico gregario como La Vanguardia... éste periodista es rara avis en la profesión. Honor al Sr. López-Burniol. Bien puestos, si señor.
 
No sólo es el PSOE el que tiene ganas de revancha. También Jovenlandia por la Reconquista y otros países por la expulsión de 1492. Y además lo dicen.
 

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Gran artículo. Y lo siento por López Burniol, pero de La Vanguardia y su eterno chaqueterismo te puedes esperar cualquier cosa.

Solo una discrepancia: donde dice "Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas". Creo que la hasta hace poco tiempo derecha separatista catalana (Junts) -que apoyaba a las izquierdas españolas- está desapareciendo. Y la nueva derecha (Aliança Catalana) -aunque tampoco creo que sea un partido de derechas al uso- no tiene ningun interés en apoyar a esas izquierdas. Por el lado catalán, las izquierdas españolas se van a quedar solo con ERC, o con lo que quede de ERC, después de las próximas autonómicas.
 
Los mayores no van a la guerra, y España es un país con población envejecida. Es posible que tú tengas 50 o 60 años, ¿qué guerra ni qué guerra si tienes principio de artrosis?

Como mucho podrían enfrentarse jóvenes contra forasteros, pero tampoco lo veo. España va a algo peor que la guerra, a la desidia total y absoluta.
Díselo a los ucranianos de 50 60 y 70 años, si han ido al frente o no
 
Ojalá lapsoe tuviera la hoja de ruta que pone en ese artículo. La realidad es que es un puntal más del r78 y de la borbonada.
 

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