El nivel de inglés de los jóvenes españoles cae 57 puntos en ocho años
El nivel de inglés de los españoles de entre 18 y 20 años ha bajado de
571 puntos en 2015 a 514 en 2023, según el Índice Education First presentado este martes. Son 57 puntos menos en ocho años, un descenso que el director general de EF España, Xavier Martí, atribuye al sistema escolar: «El sistema educativo español no está dando el nivel que debería». La caída no es un fenómeno local: a nivel global, ese mismo grupo de edad pierde
89 puntos.
España ocupa la posición 35 de 113 países con 535 puntos, por encima de la media global de 493, pero solo 25ª de 34 en Europa. Asturias, Galicia y Madrid lideran por comunidades; Andalucía, La Rioja y Castilla-La Mancha cierran la tabla. Martí anticipa «malos resultados» en el próximo informe PISA, que medirá por primera vez el inglés de los alumnos.
Qué dicen los datos por edades
El patrón es incómodo: el inglés mejora con la edad. Los grupos de 26 a 30 años suben 12 puntos; los de 31 a 40, 19; y los mayores de 41, 14. Solo los dos tramos más jóvenes retroceden. La lectura más obvia es que el sistema enseña peor que antes, pero también cabe otra: quien aprende idiomas de adulto suele hacerlo por necesidad laboral, no por obligación curricular.
Hay quien sostiene que el problema no es el alumno sino el método. Las clases de inglés en la escuela se llenan de manualidades, canciones y carteles con dos palabras, una pedagogía que un participante resume con sorna como «metodología motivadora». La crítica de fondo: se da por hecho que el idioma se absorbe por ósmosis, sin gramática ni corrección real.
El profesor que no sabe conducir
La comparación más repetida es la de la autoescuela con instructores que no conducen. El nivel del profesorado se pone en duda: docentes que apenas han salido del país, que tiran de casete enlatado y que no han mantenido una conversación real en inglés. El diagnóstico se extiende al fracaso del bilingüismo escolar, que no ha elevado el nivel medio pese a años de implantación.
Frente a eso, la defensa del sistema apunta a los recursos y al contexto familiar. Quien paga academias y veranos en el extranjero acaba dominando el idioma; quien depende solo de la escuela pública, no. La brecha socioeconómica explica más variación que el método, según esta lectura.
¿Sirve de algo estudiar inglés en España?
Aquí el consenso se rompe. Una corriente sostiene que el inglés está sobrevalorado: con el español como lengua internacional y traductores automáticos cada vez mejores, dedicar diez años de escolaridad a un idioma que muchos no usarán es un despilfarro. Otra responde que toda la literatura científica y técnica está en inglés y que renunciar a él es condenarse al aislamiento profesional.
El mercado laboral empuja en dirección contraria a la queja: las universidades suben el requisito de B1 a B2, y algunas titulaciones apuntan al C1. La paradoja es que el nivel cae mientras la exigencia sube.
El inglés como campo de batalla cultural
El asunto deriva pronto hacia la identidad. Hay quien ve en el retroceso una consecuencia de la composición demográfica de las aulas y quien lo atribuye al desinterés de una generación criada en el reguetón y el trap. Otra parte señala que el problema es de método y de horas mal aprovechadas, no de origen del alumnado.
La discusión se enreda con la política educativa: unos acusan al sistema de igualar por abajo, otros defienden que el objetivo del sistema es expedir títulos y pagar nóminas, no enseñar. Y una minoría recuerda que el inglés también es una lengua con un caudal literario y científico enorme, y que despreciarlo por geopolitica es un error.
Con estos mimbres, la pregunta no es si el inglés importa, sino si el sistema que lo enseña está capacitado para hacerlo. ¿O el problema es que nunca lo estuvo y hasta ahora se disimulaba con academias pagadas a escote?