El reparto de migrantes por España que nadie avisó a los ayuntamientos
El Gobierno distribuye personas migrantes en edad militar por municipios y comunidades autónomas sin comunicación previa a las administraciones que las reciben, según las críticas recogidas en el debate. El argumento oficial es humanitario. El resultado, según coinciden las críticas, es una crisis migratoria que se eterniza:
años y años de gestión de urgencia convertidos en normalidad administrativa.
La falta de aviso no es un detalle menor. Cuando un ayuntamiento se entera por la prensa de que le llegan decenas de personas a un alojamiento que no ha autorizado, no puede dimensionar servicios sociales, sanitarios ni escolares.
Razones humanitarias, dice el relato oficial. Falta de consideración con las administraciones y con los propios migrantes, responden desde los municipios afectados.
¿Por qué se reparten migrantes en edad militar por toda España?
El criterio que se defiende desde el sector que respalda el reparto es evitar la concentración en guetos.
Si se importa mano de obra de forma masiva, lo lógico es distribuirla por todas las localidades, sostiene esta corriente: mejor repartir que construir ciudades aparte para un colectivo concreto.
El argumento contrario no niega el problema de los guetos, sino el punto de partida. Se señala que la mayoría de las personas que llegan lo hacen por motivos económicos, no por huir de una hambruna, y que el reparto por pueblos sin empleo solo traslada la precariedad de sitio. En localidades con la industria desmantelada,
salen uno o dos y entran otros dos, de modo que el número de plazas ocupadas se mantiene estable pase el tiempo que pase.
El negocio del alojamiento migratorio: quién gana con el reparto
Aquí el análisis se vuelve incómodo. Se apunta a un modelo donde el negocio consiste en
comprar hostales y hoteles de tres estrellas en municipios que quedaron fuera de los polos de crecimiento, infraestructuras sobredimensionadas para una población que nunca llegó, y llenarlas con personas derivadas por la administración.
El ecosistema tiene ramificaciones. Se menciona una compensación directa por plaza ocupada y día, el aumento de ayudas públicas por incremento de población censada, la creación de plazas de funcionario, la ampliación de horario del centro de salud o la apertura de oficina de turismo y policía local.
El chiringuito, en palabras del análisis, se desbloquea cuando llegan suficientes personas.
¿Qué pasa cuando los migrantes llegan a pueblos sin empleo?
La respuesta corta: poco. En el campo, algunos municipios sí pueden colocar gente en la producción agrícola. En zonas con polígono industrial activo, también. Pero en localidades donde la industria se desmanteló, la ecuación no cuadra:
no hay empleo para la población local, menos aún para la que llega sin red.
La experiencia sobre el terreno que se comparte apunta a grupos de personas migrantes en municipios de tres mil habitantes donde antes no se veía ninguna. La pregunta que se repite es qué hacen ahí. La respuesta que se da desde el escepticismo es que la política de reparto no busca inserción laboral, sino diluir la concentración. Y que el coste lo pagan los municipios receptores.
El precedente europeo: Francia y los guetos que ya existen
El aviso se repite con un ejemplo concreto:
Francia concentró buena parte de la inmigración argelina en localidades semi-vacías cerca de las grandes ciudades, según se afirma en el debate. En pocas décadas, varios de esos municipios se transformaron en zonas donde la administración pierde pie. La predicción que se lanza es que en diez años habrá cientos de pueblos españoles con dinámica similar.
No es una predicción aislada. Se cita el caso alemán con la incorporación de conductores de autobús procedentes de Kenia, que primero deben ser formados en la conducción. La pregunta que queda flotando es si el modelo de reparto busca integración o simplemente gestión de flujos.
La crisis migratoria que no termina
El asunto lleva tiempo instalado en la conversación pública. Lo que cambia no es el fenómeno, sino la percepción:
lo que hace años se consideraba una postura radical hoy se formula como diagnóstico compartido. La disidencia creció, los medios dejaron de contener el relato y el reparto sin aviso se convirtió en la prueba de que la política migratoria se diseña sin contar con quien la ejecuta.
Queda una pregunta sin respuesta: si el objetivo es evitar guetos, ¿por qué no se comunica a los ayuntamientos antes de enviar a las personas? Y si el objetivo es mano de obra, ¿por qué se envían a municipios sin empleo?
Nadie cuadra del todo la ecuación.
Datos clave del reparto migratorio
- Compensación por plaza ocupada y día que se menciona en el análisis del negocio del alojamiento
- Municipios de tres mil habitantes donde antes no se veía población migrante y ahora sí
- Plazas ocupadas que se mantienen estables: salen uno o dos y entran otros dos
- Horizonte temporal que se maneja para la transformación de pueblos en zonas degradadas: diez años