Del trasto al tesoro: el Golf MK2 que nadie quería ya vale un dineral
¿Quién iba a decir en 2016 que un Golf GTI MK2 sería inversión? Entonces nadie lo quería: ni por 1.500 euros se los quitaban de encima. Hoy, funcionando, se pide entre 4.000 y 6.000 euros. Tampoco es un caso aislado: el Ibiza TDI cuesta ahora más con los mismos años y los Smart pasaron de regalados a valer un riñón.
La rentabilidad del 'viejo'
La causa es el precio de los coches nuevos, no la nostalgia. Al encarecerse el nuevo, el viejo se revaloriza. El MK2 es paradigmático: se fabricaron más de seis millones, comparte piezas con el MK3 y su electrónica simple es una gozada para el mecánico. El vano motor es como un parking de mercadona frente a las cajas de zapatos modernas. De ahí que haya quien pida 9.000 euros por uno, aunque sea para pasearlo.
La letra pequeña: ITV, piezas y confort
Pero la letra pequeña existe. La ITV es un dolor de muelas: la prueba de gases obliga a visitas recurrentes sin garantía de aprobar al año siguiente. Los repuestos ya no se regalan, y el confort es el de otra época: dos horas a sus mandos desaniman al más nostálgico. Por eso apenas se ven MK2 y MK3 circulando.
La revalorización del clásico es más capricho que tendencia. Y conviene recordar que el euro de entonces no valía lo mismo que el de ahora.