Un columnista de El País amenaza con 'graves decisiones' si los alemanes votan a AfD
El columnista Antonio Papell ha vuelto a alimentar la polémica con un tuit en el que, según las encuestas a pie de urna, la AfD roza la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt. La frase que ha encendido el debate: «Los demócratas europeos tendremos que tomar nuevas y graves decisiones. No vamos a aceptar el retorno del nazismo en la UE». La interpretación de muchos es clara: si el voto popular no da la razón al establishment, se tomarán medidas para corregirlo.
Una amenaza a la democracia encubierta
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que la declaración es un aldabonazo a la democracia: «Son demócratas hasta que sale algo que no les compra», se ironiza. Se recuerdan casos como las intervenciones en Rumanía o Moldavia, donde se cuestionaron resultados electorales. La pregunta que sobrevuela es si los partidos considerados antidemocráticos pueden ser prohibidos simplemente por no pensar como el centro.
El auge de AfD: ¿un fenómeno social o un rechazo al sistema?
Más allá de la polémica, hay datos concretos: el 35% de la población apoya a AfD, según las estimaciones. Ello refleja un descontento creciente con la política tradicional. Algunos análisis apuntan a que el partido no tiene continuidad histórica con el régimen nazi, sino que es una formación de derechas nacida al calor de la crisis migratoria. Se señala, en cambio, que los herederos del poder económico y político alemán siguen en los partidos tradicionales.
El perfil del columnista
Papell no es un desconocido: tiene 80.000 seguidores en redes sociales y publicó en 2025 el libro «Los ingenieros de caminos y el progreso de España». Estas credenciales le dan una plataforma considerable, lo que amplifica el alcance de sus palabras. No obstante, algunos analistas sugieren que sus declaraciones están calculadas para asegurarse columnas y popularidad, más que para reflejar una opinión meditada.
El dato que descoloca: mientras se presiona a la opinión pública con la amenaza de medidas drásticas, más de un tercio de los votantes alemanes se inclina por una fuerza que el establishment llama «nazi». La paradoja es que, para evitar un supuesto retorno del nazismo, se abren las puertas a decisiones que podrían socavar la misma democracia que quieren proteger. Y nadie explica cómo se concilia esto con el respeto a las urnas.