El cura que enterró los restos desapareció en el volcán Osorno
El hilo deja el iglú y se va al juzgado. Después de tres páginas discutiendo por la equipación de esquí y el trineo, la conversación gira al posrescate: quién cavó la fosa, cuánta carne se comió al día y si hubo bandos armados en el glaciar. Gert-Jan Theunisse pone dos enlaces:
la misa por el 50 aniversario del padre Iván Caviedes y
la ficha de su hermano Miguel, obispo en Chile. El cura subió el
18 de enero de 1973 al Valle de las Lágrimas a sepultar restos con pala y picota. El
18 de septiembre de ese mismo año desapareció escalando el Osorno. Nueve meses exactos.
Qué se ha sabido
Cripps hace los números de la despensa:
15 cuerpos, a
50 kg netos comestibles cada uno,
16 comensales y
72 días dan
610 gramos por persona y día. Gert-Jan, desde Chile, corrige la cuenta: con esos 50 kg salen «cinco días de comida para 16 jóvenes caníbales», así que el consumo tuvo que ser bastante mayor. EnergiaLibre3 calcula
30 kg por cuerpo,
500 kg en total y casi medio kilo diario por cabeza. Crisopa trae la versión contraria: en la web que vende camisetas dicen que los expedicionarios comían
2 kilos diarios y el resto estaba racionado a
100 gramos. «Alguien miente mucho, pero mucho», remata.
La fosa vuelve al centro. Cripps recuerda que el cura metió, «a pico y pala»,
13 cuerpos enteros y 15 esqueletos en el mismo agujero. Gert-Jan no se lo cree: a esas alturas lo que aflora es roca viva y para cavarla hay que subir maquinaria, no una pala. Straton abre el libro por un pasaje nuevo: comían la carne cruda y mediopódrida y casi nunca encendían fuego, porque el estudiante de medicina les había dicho que cocinándola perdía vitaminas. Gonzalor añade el detalle de los pulmones: Vizintín preguntó a Canessa si se podían comer y, al llegar al fuselaje, se puso a recogerlos.
Warrior rastrea y pega las cartas de Gustavo Nicolich: el
22 de octubre de 1972, cuando ya habían encontrado la cola, el grupo seguía esperando noticias de un rescate y planeaba «atravesar la parte de la Cordillera que nos queda». Aventino cuelga una noticia de
France 24 sobre una avioneta que se estrelló en el Río de la Plata durante un acto de confraternización entre los supervivientes y el equipo chileno al que iban a enfrentarse. Y entra al hilo
la entrevista de Eduardo Strauch en Antena 3: el que repartió la carne cuenta que, cuando unos se ofrecieron, otros convencieron al resto.
V. R. N. encuentra un par de fotos y las pone. La que más juego da es una del avión con las ventanillas intactas y rodeado de nieve, no sepultado, en un archivo de fotos históricas: Straton insiste en que así no pudo entrar el alud. La respuesta de Crisopa: que la nieve no llenó el fuselaje ni de lejos.
Dónde está la bronca
El duelo de siempre con otro nombre: Oroel contra Warrior. Oroel sostiene que hubo días «buenos» —la nieve estaba blanda al mediodía—, que con el aislante y la ropa de los 16 se podía forrar a dos expedicionarios y que no hay excusa para no bajar. Cuenta que él mismo hizo
28 km por nieve hasta la rodilla a -8 °C en la sierra de Andia. Warrior responde con la noche del
23 de octubre, cuando tres de los más fuertes casi mueren congelados al raso tras levantar un refugio de piedras. «¿Has intentado pasar una noche al raso a -30 °C con ropa de primavera?». El hilo se atasca otra vez.
La novedad es la teoría de los bandos. Obiwanchernobil dice que hubo dos grupos con cabecillas enfrentados y cuenta los muertos posteriores al accidente como supuestos ajustes. Alia del Cuchillo lo suaviza: no hubo batalla, simplemente quedó claro quién mandaba, y el mecánico militar y alguno más que quería bajar serían los candidatos. Straton añade que hubo «mínimo una pistola», aunque los testimonios no coinciden en quién la portaba. VeteranCobaya lanza su hipótesis: si «alud» significa otra cosa entre los supervivientes, quizá uno fue artificial. Straton frena: no hay «versión oficial», solo el relato de los 16 vivos.
Otra bronca, esta lingüística: Gert-Jan y Gonzalor se enredan con las palabras locales y con las faltas del medio que citan.
Qué cambia respecto a antes
El iglú, la equipación de esquí y el trineo dejan de interesar. Entra lo forense: la fosa, la autopsia que no se hizo, los cuerpos que aparecieron enteros, las fotos que Roy Harley dice conservar y no enseña, y la comparación con el naufragio del Batavia, que Cripps saca para decir que lo de los Andes son «unas hermanitas de la caridad». También se estrena el debate de si faltaba gente en el manifiesto: el avión podía llevar
52 pasajeros y solo hay
41 registrados. Nadie lo cierra.
Y entra gente nueva. Choni poligonera confiesa que llevaba diez años leyendo el foro sin registrarse. Gert-Jan Theunisse, chileno, se convierte en el forero revelación del hilo: sus posts ya se leen con el mismo interés que el debate.