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Madmaxista
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Las amenazas de la CUP en la víspera de la Diada vuelven a mostrar su rostro más totalitario
La izquierda radical lleva meses amenazando con impedir el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres
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La Diada de Cataluña arranca este jueves con el Fossar de les Moreres convertido de nuevo en escenario de una batalla política dentro del independentismo. La presencia de Aliança Catalana en uno de los espacios más simbólicos del nacionalismo catalán ha provocado una movilización de la izquierda independentista. La CUP y sus satélites llevan meses anunciando su intención de impedir que la formación de Sílvia Orriols celebre allí su acto con normalidad.
La tensión no ha aparecido de repente. Ya el pasado mes de abril, Arran, las juventudes vinculadas a la CUP, anunció su intención de "echar" a Aliança Catalana del Fossar después de que cientos de militantes y simpatizantes del partido llenaran este espacio durante la víspera de la Diada anterior. Aquella imagen se ha convertido precisamente en lo que la izquierda independentista quiere evitar este año.
La ofensiva ha ido aumentando a medida que se acercaba el Onze de Setembre. CUP, Arran, SEPC, COS, Endavant y Alerta Solidària han llamado a concentrarse este jueves en el Fossar para plantar cara a Aliança Catalana.
La izquierda radical, con mensajes como "no les dejaremos que lo ocupen", vuelve a mostrar su lado más totalitario al apropiarse del espacio público y las fechas simbólicas. Algo a lo que contribuyó precisamente el Procés, cuando el independentismo se apropió de las calles y de la Diada. Este 11-S puede mostrar la culminación de la fractura del movimiento independentista tras el descarrilamiento del Procés.
La izquierda quiere decidir quién puede estar en el Fossar
El argumento utilizado por estas organizaciones es que deben "defender nuestros espacios" frente a Aliança Catalana. Presentan el Fossar como un símbolo vinculado históricamente a un independentismo "popular, inclusivo y abierto". Y consideran que la formación de Orriols no tiene cabida en él.El planteamiento resulta especialmente significativo porque el Fossar de les Moreres es un espacio público y uno de los principales lugares de memoria del nacionalismo catalán, no la sede de ninguna organización política. Sin embargo, una parte de la izquierda independentista actúa como si tuviera capacidad para determinar quién puede homenajear allí a los defensores de Barcelona de 1714.
El secretario general de la CUP, Non Casadevall, ya dejó clara esta fruta durante la presentación de los actos de la Diada. "No les regalaremos nuestra catalanidad. No les cederemos ni un palmo de tierra", afirmó al denunciar el avance de Aliança Catalana y reivindicar una catalanidad "popular, diversa y antirracista".
La situación ha elevado la tensión hasta el punto de que los Mossos d'Esquadra han preparado un dispositivo especial ante la coincidencia de las movilizaciones. Aliança Catalana tiene prevista su ofrenda floral esta tarde, mientras sus adversarios han llamado a concentrarse para impedir que pueda desarrollar el acto con normalidad.
Una Diada para recuperar la calle
Detrás del enfrentamiento también aparece la profunda transformación que está viviendo el independentismo. Durante años, la CUP y las organizaciones situadas a su alrededor tuvieron una presencia especialmente visible en las movilizaciones y espacios simbólicos del movimiento. Ahora deben competir con una fuerza independentista situada en sus antípodas ideológicas.El crecimiento político e institucional de Aliança Catalana ha convertido además la presencia de Orriols cada 10 de septiembre en un acontecimiento cada vez más relevante. El choque en el Fossar se ha repetido durante los últimos años y ha aumentado en intensidad paralelamente al crecimiento del partido.
La izquierda independentista intenta aprovechar así una de las fechas con mayor carga emocional del calendario catalán para recuperar protagonismo y movilización. La batalla ya no consiste únicamente en defender la independencia, sino en decidir qué independentismo tiene derecho a representar Cataluña.
Y ahí aparece la gran contradicción de esta Diada. Mientras la CUP y sus organizaciones afines denuncian que Aliança Catalana pretende "apropiarse" de la catalanidad, son ellas mismas las que reivindican determinados espacios como propios y anuncian que impedirán que sus adversarios políticos los ocupen.
El Fossar de les Moreres se convierte así en el primer gran termómetro de la Diada. Más que la tradicional fruta entre independentismo y constitucionalismo, este año el choque empieza dentro del propio movimiento independentista, entre una izquierda que durante años dominó la calle y una Aliança Catalana que amenaza también con fruta ese terreno.