Volkswagen a 106 euros: del objetivo de 125 al stop en 96
El 22 de septiembre de 2015, con Volkswagen en el centro del escándalo de las emisiones, una operación quedó fijada por escrito: comprar a 106 euros y vender en 125 antes del 22 de octubre. Cien acciones, unos 10.600 euros. Un mes de plazo y una tesis sencilla: lo peor ya estaba descontado. Dos semanas después, la acción cotizaba en 88,52 euros.
Ese es el resumen. Lo llamativo no es que la apuesta fallara, sino la velocidad a la que se rompió todo.
El cebo del PER 5,03 y el dividendo del 4,5%
Sobre el papel, el argumento tenía números. Volkswagen cotizaba, según los datos que se citaron en el debate, con un
PER de 5,03 y una rentabilidad por dividendo del
4,5%, ratios que en cualquier otro contexto habrían convertido al fabricante en un caramelito para el inversor paciente. A eso se sumaba una intuición repetida hasta la saciedad: una empresa de ese tamaño, con miles de empleos y peso industrial en Alemania, no se deja caer sin que alguien acuda al rescate.
El problema es que todo eso vale poco cuando el agujero no está en la cuenta de resultados, sino en la reputación.
Aprovisionar varios Cristianos Ronaldos fue la descripción más gráfica que circuló: el fabricante no solo afrontaba indemnizaciones, tenía que convencer al público de que sus coches seguían siendo buenos y merecían un sobreprecio.
¿Cuánto pesaba la multa: de 600.000 coches a 11 millones?
Uno de los cálculos que circuló en el debate partía de
600.000 vehículos afectados en Estados Unidos y una sanción de
18.000 millones de euros. La extrapolación europea que se planteaba era mucho más agresiva: si los 11 millones de coches vendidos en el continente entraban en la investigación, la cifra podía dispararse hasta los
330.000 millones. Ningún balance del mundo aguanta eso.
Nadie sabía entonces cuánto se acabaría pagando ni quién lo pagaría. Francia y Japón anunciaron que revisarían si les habían aplicado la misma trampa, y el foco se puso en Angela Merkel y Wolfgang Schäuble, por el temor, expresado en el hilo, a que la factura acabara recayendo en el contribuyente. La investigación se anunció, la transparencia se prometió y el asunto quedó abierto.
VOW3 y VOW: dos acciones, dos precios distintos
La primera confusión fue identificar el activo. La serie que se hundía hasta los 92,36 euros era la VOW3, mientras la otra, la VOW, aguantaba en 101. La duda sobre cuál se había comprado —y sobre si se había comprado alguna— recorrió toda la operación. Es un detalle menor que explica un malentendido mayor: no todo lo que se llama Volkswagen se comporta igual.
El stop que habría saltado mientras se contaban beneficios sin vender
El riesgo se había acotado con un stop. La versión inicial lo situaba en 96; luego apareció una cifra distinta, 98. Esa horquilla acabó siendo lo más importante del mes. El
2 de octubre VOW3 cerraba en 92,36 euros, un 4,29% menos en la jornada. Con el umbral en 96, la venta habría saltado. Días después la acción se dejaba otro
4,15% y marcaba 88,52, con un mínimo de 86 del que rebotó a 90,24 en la misma sesión.
Mientras eso ocurría, la operación se presentaba como ganadora por el simple hecho de no haber vendido: primero 1.100 euros, después 1.400. La respuesta fue la que cabía esperar.
El cuento de la lechera, resumieron desde la otra orilla, porque el beneficio que no se realiza no es beneficio, solo una resta de pantalla.
Merkel, el rescate y el precedente de los 1.000 euros
Como se repetía en el debate, el argumento alcista de fondo no era técnico, era político: en Volkswagen hay demasiados intereses públicos en juego como para dejar caer la compañía. Un rescate, o una rebaja sustancial de la multa, se daba por probable. Contra eso, según advertían algunos participantes, pesaba un detalle incómodo: los rivales japoneses, franceses, coreanos y estadounidenses no iban a dejar pasar la oportunidad de cargarse al competidor alemán, y ahí Volkswagen llevaba las de perder.
El último clavo era histórico. Según el recuerdo de un participante, la acción llegó a dispararse hasta los
1.000 euros por un cierre masivo de posiciones cortas años atrás, un episodio que arruinó a quien iba apalancado sin margen. Aquella vez, la volatilidad se llevó por delante a los que tenían razón a medio plazo. Con CFD apalancados 1:15, la razón y la supervivencia no siempre coinciden.
El suelo nunca quedó fijado. Se habló de 85, de 65, de 60 y hasta de 40. Quien compró a 106 tendría que esperar, en la estimación más benévola, entre cinco y seis meses para ver la recompensa. La única certeza sigue siendo la del primer mensaje: 106 de entrada, 125 de salida deseada. El resto continúa sin resolverse.