Coronel Richard Black: «Estados Unidos lleva al mundo a una guerra nuclear»
El coronel Richard Black, veterano de 31 años en los Marines y el Ejército, senador estatal de Virginia entre 2012 y 2020, sostiene que la política exterior de Washington hacia Rusia está conduciendo al planeta hacia un conflicto nuclear. Black no es un pacifista de manual: voló 269 misiones de combate en Vietnam, fue alcanzado por fuego enemigo en cuatro de ellas y resultó herido durante una patrulla en la que murió su radioperador. Su tesis, expuesta con detalle en una entrevista que ha circulado con fuerza en los foros, es que Rusia no es la Unión Soviética, que Occidente miente sobre las causas de la guerra en Ucrania y que la opinión pública occidental ha sido sistemáticamente desinformada.
¿Quién es el coronel Richard Black?
Black se define como «muy patriota» y «muy proamericano». Se alistó voluntario en los Marines, se ofreció para ir a Vietnam y luchó en la campaña más sangrienta de los marines en toda la guerra. Después sirvió en la Primera División de Marines, donde realizó 70 patrullas de combate. Formó parte de la OTAN y estuvo preparado para morir en Alemania defendiéndose de un ataque soviético. Ese currículum es el que usa para desmarcarse de la etiqueta de «prorruso»: no habla desde la simpatía hacia Moscú, sino desde la convicción de que la Rusia actual no tiene nada que ver con el Estado comunista que él estaba dispuesto a combatir.
La comparación militar que Black usa para desmontar el relato occidental
El coronel recurre a un dato concreto: en la invasión de Irak, la coalición liderada por Estados Unidos voló 100.000 salidas en 42 días, bombardeando objetivos militares y civiles «sin mucha discriminación». Rusia, en el mismo periodo de tiempo, ha volado 8.000. La diferencia es de más de doce a uno. Black sostiene que los rusos han tendido a ser «más selectivos» y que la narrativa de crímenes de guerra masivos no se sostiene ante esas cifras. Menciona específicamente el episodio de Bucha como el ejemplo más prominente de propaganda que gran parte del mundo no acepta.
Siria como laboratorio: lo que Black vio en Alepo
Black estuvo en Alepo, la ciudad más grande de Siria antes de la guerra. Describe la batalla como el «Stalingrado de la guerra de Siria», un combate urbano que se prolongó de 2012 a 2016 y que obligó a las fuerzas enfrentadas a destruir edificios. Su irritación es palpable cuando habla de cómo se ha presentado ese conflicto. Según un usuario del foro, Estados Unidos colaboró con grupos que él califica de terroristas para destruir la población civil siria, una estrategia que, según su análisis, se ha replicado en Ucrania con grupos de ideología nazi. La misma receta, distintos ingredientes.
El negocio detrás de la guerra: recursos naturales y trillonarios
Rusia es, en palabras de Black, «tal vez más bendecida con los recursos naturales que cualquier otra nación en la Tierra»: gran productor de grano, petróleo, aluminio y fertilizantes. Esa riqueza, sostiene, atrae a quienes ven la oportunidad de hacer fortunas colosales si logran «romper» el país. No es una teoría menor: hay quien mira el mapa de recursos rusos y calcula beneficios que se contarían por docenas de trillonarios. La guerra, desde esa óptica, no sería una cuestión de principios democráticos sino de balance de materias primas.
El efecto dominó que nadie quiere ver
Black recurre a la Primera Guerra Mundial para explicar cómo se llega a una catástrofe: el asesinato del archiduque de Austria-Hungría y su esposa desencadenó un efecto dominó de alianzas, ira e histeria mediática que terminó con 14 millones de personas muertas. La historia, dice, no se repite pero rima. Y advierte de que un gran número de soldados ucranianos y rusos —«son niños», subraya— morirán innecesariamente. Él fue a la guerra cuando era un chaval y creía que su país tenía razón. Ver las caras de los jóvenes abatidos le rompe el corazón.
Quién apoya a Rusia y por qué la narrativa occidental no es universal
El coronel desmonta la idea de que el mundo entero está contra Rusia. China, Brasil, Sudáfrica, Arabia Saudita y la India apoyan a Moscú en distintos grados. La India, de hecho, lo hace «enormemente». Para Black, la causa que Occidente presenta como «enormemente justa» no le parece tal a una parte sustancial del planeta, que además no acepta la propaganda sobre crímenes de guerra. Esa brecha entre el relato occidental y la realidad global es, quizá, el punto más incómodo de su intervención.
La entrevista ha generado un debate intenso. Hay quien sostiene que Black es un «patriota usano con 30 años en los Marines» que dice en voz alta lo que muchos piensan pero no se atreven a decir. Otros, en cambio, cuestionan sus motivos y le acusan de haber defendido a regímenes autoritarios. Lo que nadie discute es que sus cifras sobre salidas aéreas y su experiencia directa en Siria y Vietnam no son fáciles de rebatir desde el sofá. La pregunta, al final, no es si Black tiene razón en todo, sino por qué su testimonio apenas ha encontrado espacio en los medios convencionales.