Milei lidera en 17 provincias sin fiscales ni presupuesto de campaña
El votante entra al cuarto oscuro y se encuentra 27 o 30 boletas apiladas sobre la mesa. No elige presidente ni diputados: elige qué dirigente representará a cada partido en los comicios. Es el mecanismo de las PASO —Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias—, el sistema que Argentina estrenó en 2009 y que ha terminado funcionando como una primera vuelta encubierta. Con los datos provisionales de boca de urna, la coalición Juntos por el Cambio sumaba el mayor caudal agregado, Sergio Massa aparecía como el candidato más votado a título individual y Javier Milei, al que las encuestas daban desinflado y tercero, firmaba el
batacazo de la jornada.
Qué son las PASO y por qué se votan candidatos y no cargos
En los sistemas de elección directa del Ejecutivo, cada partido tiene que resolver internamente quién será su candidato. Argentina decidió hacerlo de una sola vez, el mismo día y con el Estado organizando y financiando el operativo para todas las formaciones a la vez. En las PASO no se votan cargos: se votan precandidatos. La ley electoral fija además una barrera del
1,5% de los votos emitidos para poder presentarse después a las
elecciones generales, y el Estado reparte fondos entre los partidos que participan.
El resultado de ese diseño es una papeleta descomunal. Compitieron unas 30 precandidaturas, muchas de ellas
sellos de goma sin ninguna opción real cuyo objetivo declarado era cobrar la subvención pública. Con ese panorama, la noche del escrutinio se convirtió en un ejercicio de paciencia.
Los números provisionales: quién ganó y quién resistió
Juntos por el Cambio, la alianza que integra el PRO, era la fuerza con más votos sumando los de todos sus precandidatos. La interna se dirimía entre
Patricia Bullrich y Horacio Larreta, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sin que la boca de urna aclarara cuál de los dos se imponía. El candidato con más votos unitarios era
Sergio Massa, actual ministro de Economía, con una particularidad que explica el dato: competía casi sin rival, porque su contrincante, Juan Grabois, iba en posición testimonial.
El tercer dato rompía todos los guiones previos. La Libertad Avanza, con Javier Milei como único candidato, obtenía un resultado muy superior al que auguraban encuestas y prensa. Se le había dado por muerto tras las elecciones provinciales, donde sus candidatos no llegaban ni a la esquina.
¿Por qué no había datos oficiales la noche del escrutinio?
Porque el recuento está diseñado para no dar señales hasta tener masa crítica. La norma exige alcanzar aproximadamente un
20% de los votos escrutados en los grandes distritos antes de publicar nada. Y esos grandes distritos son precisamente los más lentos: la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. Mientras no llegaran, no habría cifras oficiales, aunque el resto del país tuviera sus votos contados y todo acabara saliendo de golpe. Las bocas de urna y el control a pie de mesa se convirtieron así en la única referencia durante horas.
El resultado de Milei y el voto joven de los barrios pobres
Los sondeos a pie de urna y las
mesas testigo —aquellas en las que los partidos reciben la foto del acta para anticipar el control— situaban a Milei muy arriba en Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Formosa y Tierra del Fuego. También en el conurbano bonaerense, bastión peronista por definición. El patrón del voto sorprendía: no ganaba en los barrios ricos, donde el electorado acomodado podía decantarse por Bullrich, sino en los más pobres, donde se concentra el voto joven. La lectura que se imponía era la del cansancio de una generación sin futuro laboral votando contra quienes gestionan su presente.
El mapa: 60% contra 25,5%
Sumando a Milei y a Juntos por el Cambio bajo la etiqueta de derecha, el reparto provisional dejaba a ese bloque con un
60% de los votos, frente al
25,5% del peronismo. El dato no equivale a un resultado electoral: en los comicios solo se renueva la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, de modo que ningún ganador dispondría de mayoría parlamentaria por sí solo. Pero ordena la política. Alrededor del 70% del electorado habría votado fuera del kirchnerismo, y eso cambia el suelo sobre el que se negociarán alianzas, candidaturas y traspasos de dirigentes.
El día después: dólar oficial devaluado un 22% y blue a 800 pesos
La reacción económica llegó el mismo día. El Gobierno devaluó el dólar oficial un
22% y elevó las tasas de interés a niveles estratosféricos, en torno al
110% anual. Los precios que se manejaban en el mercado informal situaban el dólar
blue en torno a los 800 pesos, muy por encima de la horquilla de 650-700 en la que se movía, y con una inflación mensual del 7-8% empujando el suelo hacia arriba cada mes. Los comercios dejaron de reponer mercancía ante la incertidumbre de precio.
Que Milei no tuviera nada que ver con la medida —se trataba de un compromiso con el FMI asumido por el Ministerio de Economía— no impidió que el mercado hablara de dolarización el resto de la noche.
Y aquí está el dato que descoloca a cualquier analista de fuera: más de la mitad de la economía argentina es
blue, no declarada. Cuando el tipo de cambio salta, el impacto real duplica el que sugiere la estadística oficial. Con esos números sobre la mesa, el escrutinio definitivo seguía sin fecha.