En marzo, respondiendo aquí a un forero que me preguntaba a qué deflación me refería, dejé el mecanismo escrito con detalle: los fondos de crédito privado que cierran la puerta a los reembolsos tendrían que vender activos ilíquidos a descuento, a setenta, sesenta o cincuenta centavos por dólar, y esa venta marcaría el nuevo precio de mercado.
Los demás tendrían que revalorizar sus carteras igual, y de ahí saldrían más pérdidas, más pánico, más reembolsos y más ventas forzadas. Una espiral.
En abril volví sobre ello en un apartado titulado "todos a la vez hacia la puerta", y debajo puse un rótulo que decía que estábamos en la antesala de la deflación de activos.
Han pasado cuatro meses; la presión llegó, y en el segundo trimestre fue mayor que la de entonces. La espiral no.
El fallo no fue de dato; fue de mecanismo, que es del que se aprende algo.
El tope de reembolso, que yo leía como el síntoma, funcionó como cortafuegos. Un vehículo perpetuo que raciona la ventanilla no está obligado a vender nada, y si no vende no hay precio nuevo, y sin precio nuevo no hay revalorización forzosa de nadie. La puerta cerrada, que era lo que me parecía alarmante, es justamente lo que impidió lo que yo anunciaba.
Y por estar mirando la ventanilla me perdí lo otro. En este mercado hay dos relojes funcionando a la vez.
El rápido es el de la liquidez. Es ruidoso, sale en prensa, tiene nombres propios y fechas de cierre trimestral, y hay ya indicios de que puede haber hecho techo.
El lento es el del crédito, que lleva deteriorándose desde 2023 sin que nadie le haga mucho caso, y no se ha parado cuando el otro se paraba.
En abril el primero ocupaba toda la pantalla y el segundo no aparece ni citado en lo que escribí.
Este hilo va de los dos, y sobre todo de por qué casi todo el mundo lee uno como prueba del otro. En marzo la conclusión general fue que venía 2008. En agosto, que no pasaba nada; y las dos veces se estaba mirando la misma aguja.
De qué estamos hablando y por qué existe
Crédito privado es un fondo prestando directamente a una empresa mediana, normalmente comprada por un fondo de capital riesgo, sin que ese préstamo cotice en ningún sitio.
El Consejo de Estabilidad Financiera lo cifraba en mayo entre 1,5 y 2 billones de dólares a cierre de 2024, con Estados Unidos aportando alrededor de un billón. Ojo con esa cifra, porque hay quien maneja perímetros mucho más anchos y luego discutimos sin estar hablando de lo mismo.
De dónde sale todo esto no es un accidente.
Después de 2008 sostener determinadas formas de crédito apalancado se volvió más caro para el balance de un banco, y parte del préstamo migró hacia fondos privados.
Allí el riesgo no desapareció, pero cambió una cosa: la valoración dejó de producirse de forma continua en un mercado.
El propio Consejo de Estabilidad Financiera reconoce que la regulación bancaria posterior a la crisis fue uno de los factores del desplazamiento, y el Fondo Monetario lleva tiempo avisando de que esa opacidad puede retrat el reconocimiento de las pérdidas. La regulación no eliminó el riesgo, cambió el sitio donde se guarda.
Encima de esos préstamos a cinco o siete años se montaron vehículos semilíquidos para el patrimonio particular, sobre todo BDC (Business Development Company) no cotizadas y fondos de intervalo, que ofrecen ventanas periódicas de reembolso sujetas a un tope, normalmente el 5% del patrimonio por trimestre.
Ahí está el punto flaco, y es el compromiso que nadie se cree del todo. Si la promesa solo se puede cumplir mientras no la reclamen muchos a la vez, el que menos se la cree tiene un incentivo perfectamente racional para llegar el primero a la ventanilla.
No hace falta pánico, basta hacer las cuentas.
El reloj rápido: lo que ha pasado de marzo a agosto
En el primer trimestre de 2026 ocurrió algo que no había ocurrido nunca en el mercado de BDC no cotizadas que sigue Stanger: salió más dinero del que entró; y las solicitudes chocaron con los topes contractuales en buena parte del segmento a la vez. Eso es lo que conté en abril y sigue siendo verdad.
Ahora el segundo trimestre, que es donde se ve el error. Las peticiones subieron hasta el 12,4% del valor liquidativo, la lectura más alta que ha registrado Stanger.
Récord. Y sin embargo no se cerró ninguna ventanilla.
Los gestores atendieron el 38% de lo pedido y devolvieron unos 5.900 millones de dólares en el trimestre, 12.700 en el semestre.
Blackstone prorrateó en su tope del 5% con peticiones del 10%. Goldman recibió un 3,24% y lo pagó entero. Los primeros vehículos que han reportado el tercer trimestre bajan al entorno del 4,6% frente al 7,9% que esos mismos tenían en el segundo, aunque la muestra es todavía pequeña y el propio Stanger lo advierte.
Esto quiere decir que la presión máxima llegó, el mecanismo hizo lo que estaba escrito que hiciera, y las ventas a cincuenta centavos que yo esperaba no aparecieron por ningún lado. No porque el activo fuera bueno, sino porque nadie estaba obligado a venderlo.
Hay además una explicación rival de la salida que en abril no contemplé, y va en mi contra. Yo leí a los que pedían el reembolso como una minoría informada, la misma franja que olió a Lehman y a SVB antes que el resto.
Pero si el fondo cotizado equivalente se compra en bolsa al 80% de su valor contable y el no cotizado te deja salir al 100, sales aunque no pienses que viene ninguna crisis. Parte de aquel olfato era alguien haciendo una resta.
Lo que sí se ha cerrado es la puerta de entrada, y de esto en abril no dije nada porque todavía no se veía.
La captación cayó a 2.000 millones en el segundo trimestre, un 82% menos que un año antes y el peor trimestre desde finales de 2020. En el semestre, 7.100 millones frente a 23.500. Para un producto perpetuo que se financiaba por suscripción continua, eso no es un mal trimestre.
El reloj lento: lo que no vi
Aquí está la parte que importa y que en abril no miré.
Prestatarios con al menos un préstamo en situación de non-accrual, es decir sin devengo de intereses porque hay problemas de pago: 3,69% en el primer trimestre de 2023
4,26% un año después
4,69% en el primer trimestre de 2026
Una pendiente suave y constante de tres años, sin relación con los reembolsos, sin titulares, sin nombres propios.
Por dólares la cosa cambia de forma; en ese mismo primer trimestre la deuda sin devengo del universo subió un 39% en tres meses hasta unos 10.000 millones, y bajo la medida ampliada, la que cuenta toda la deuda de un prestatario que tenga al menos un tramo tocado, hasta 17.300. Dos nombres, Medallia e Inovalon, explican 4.400 de esos millones.
Las dos series solo son compatibles si los que están cayendo ahora son mucho más grandes que la media. Y lo son.
En el segundo trimestre, entre las diez mayores sociedades cotizadas del sector, la ratio llegó al 3,95% de la deuda a coste.
Ese número por sí solo dice poco, así que conviene despiezarlo: el saldo malo subió 89 millones hasta 3.300, mientras la cartera se encogía un 2,3% hasta 83.600.
Es la primera vez que las dos fuerzas empujan en la misma dirección. Hasta ahora la ratio venía maquillada por el crecimiento, porque cada trimestre entraban préstamos nuevos que por definición no tenían […] y engordaban el denominador. Eso se ha acabado.
Y una cifra para quien piense que todo esto es solo efecto de que el mercado creció mucho: en tres años la cartera se duplicó, y la deuda de prestatarios con problemas se triplicó.
Sobre los impagos, cuidado con qué medida se cita, y aquí sí hay una cosa de abril que ha aguantado bien. Escribí entonces que la inmensa mayoría de las rebajas de calificación del segmento venían de reestructuraciones forzosas y no de quiebras formales.
Moody's lo ha cuantificado después; alrededor de dos tercios de los impagos de 2025 fueron canjes y ampliaciones de plazo acordados bajo presión, que es una manera educada de decir que el préstamo no se pagó pero tampoco se ejecutó.
Por eso la medida estrecha del impago sigue entre el 1% y el 2% mientras Fitch, con metodología más amplia, da un récord del 6,0% en los doce meses hasta abril. Cuál de las tres es la buena depende de si quieres saber quién ha quebrado o quién no está pagando lo que prometió.
Por qué el software
La Reserva Federal de Boston sitúa internet y software en torno al 20% de la cartera mediana de estos vehículos.
El Banco de Pagos Internacionales lo cuantifica por el otro lado: el préstamo a empresas de software por suscripción pasó de unos 8.000 millones en 2015 a más de 500.000 a cierre de 2025, casi una quinta parte de todo el préstamo directo.
Si el deterioro fuese cíclico esperarías que cayeran primero los pequeños, que tienen menos colchón.
Que empiece por los grandes, de una añada concreta, 2021 y 2022, y de un sector concreto, apunta a otra cosa. Se prestó contra ingresos recurrentes de compañías cuyo foso competitivo el mercado teme ahora que la inteligencia artificial pueda erosionar.
Y aquí aparece la divergencia que hace interesante todo el asunto, porque es la tesis de los dos relojes vista dentro de un solo sector.
En marzo, en pleno castigo bursátil, el Banco de Pagos encontró que las sociedades con mucha exposición a software habían rendido unos cinco puntos peor desde octubre que las de poca, y que el descuento del sector sobre el valor liquidativo se ampliaba.
Pero en julio volvió sobre ello con más detalle y encontró que esa señal todavía no se había convertido en una valoración distinta y duradera: las muy expuestas y las poco expuestas cotizan a múltiplos parecidos, y los préstamos a software tampoco pagan un diferencial mayor que los del resto de sectores.
Hubo castigo en bolsa.
En el precio del crédito que hay debajo todavía no se ve.
Y el propio informe da la razón, que además explica por qué el reloj lento va lento: los indicadores de crédito miran hacia atrás, y el cupón que se capitaliza en lugar de pagarse retrat el momento en que la tensión se hace visible.
Quién lo sostiene si falla
Es la pregunta que decide si esto es la corrección de un mercado que creció demasiado deprisa o el principio de otra cosa, y la respuesta de hoy es tranquilizadora sin ser definitiva.
Los grandes bancos de la muestra regulatoria estadounidense tenían a cierre de 2024 unos 123.000 millones de dólares comprometidos con prestatarios de crédito privado, de los que 74.000 estaban efectivamente dispuestos, frente a más de 1,6 billones de capital de nivel uno.
El 86% de esos préstamos está garantizado con primer o segundo rango. Es exposición, y no es pequeña, pero todavía no parece cantidad capaz de convertir por sí sola una corrección del crédito privado en un problema bancario.
Con un aviso que pone el propio supervisor, y que conviene no saltarse: esa muestra probablemente se queda corta con las sociedades cotizadas del sector, porque no captura bien los vehículos que estas utilizan para endeudarse.
El canal de las aseguradoras merece entrada propia y la tendrá, porque es más interesante y bastante menos tranquilizador que el bancario.
El marcador
Si en los próximos trimestres las peticiones de reembolso vuelven por debajo del tope del 5% y se quedan ahí, la deuda sin devengo deja de crecer en dólares y no solo en porcentaje, y la concentración en software se recoloca sin salpicar a otros sectores, entonces esto habrá sido lo que dicen los gestores: la digestión de un mercado que creció demasiado deprisa entre 2021 y 2023.
Y esto es lo que miraría para decir lo contrario:
- La deuda sin devengo medida en dólares y no en porcentaje, ahora que la cartera se encoge y la ratio puede subir sola.
- Si el deterioro se sale del software.
- Las provisiones de los bancos sobre sus líneas a entidades no bancarias en los resultados del tercer y cuarto trimestre, que es donde se vería si alguien empieza a reconocer pérdidas de verdad.
Queda una pregunta abierta que no sé contestar, y es la que más me interesa.
El cortafuegos que evitó la venta forzada tampoco resuelve nada: el préstamo malo sigue dentro, valorado por modelo, sin que nadie esté obligado a ponerle precio.
Eso compra tiempo, pero solo funciona mientras el crédito de debajo aguante. Si el reloj lento sigue corriendo, en algún momento habrá que reconocer la pérdida sin la excusa del pánico.
Del calendario, lo que viene son: resultados del tercer trimestre en noviembre, informe del Fondo Monetario en octubre, y datos trimestrales de reembolsos y captación.
En noviembre se podrá decir quién ganó, si el reloj rápido, el lento o ninguno de los dos.
Que la crisis de liquidez que parecía el acontecimiento esté remitiendo justo cuando el deterioro del activo de debajo empieza a verse mejor no es una casualidad tranquilizadora. Es lo que suele pasar cuando lo que hace ruido y lo que hace daño no son la misma cosa.
Los demás tendrían que revalorizar sus carteras igual, y de ahí saldrían más pérdidas, más pánico, más reembolsos y más ventas forzadas. Una espiral.
En abril volví sobre ello en un apartado titulado "todos a la vez hacia la puerta", y debajo puse un rótulo que decía que estábamos en la antesala de la deflación de activos.
Han pasado cuatro meses; la presión llegó, y en el segundo trimestre fue mayor que la de entonces. La espiral no.
El fallo no fue de dato; fue de mecanismo, que es del que se aprende algo.
El tope de reembolso, que yo leía como el síntoma, funcionó como cortafuegos. Un vehículo perpetuo que raciona la ventanilla no está obligado a vender nada, y si no vende no hay precio nuevo, y sin precio nuevo no hay revalorización forzosa de nadie. La puerta cerrada, que era lo que me parecía alarmante, es justamente lo que impidió lo que yo anunciaba.
Y por estar mirando la ventanilla me perdí lo otro. En este mercado hay dos relojes funcionando a la vez.
El rápido es el de la liquidez. Es ruidoso, sale en prensa, tiene nombres propios y fechas de cierre trimestral, y hay ya indicios de que puede haber hecho techo.
El lento es el del crédito, que lleva deteriorándose desde 2023 sin que nadie le haga mucho caso, y no se ha parado cuando el otro se paraba.
En abril el primero ocupaba toda la pantalla y el segundo no aparece ni citado en lo que escribí.
Este hilo va de los dos, y sobre todo de por qué casi todo el mundo lee uno como prueba del otro. En marzo la conclusión general fue que venía 2008. En agosto, que no pasaba nada; y las dos veces se estaba mirando la misma aguja.
De qué estamos hablando y por qué existe
Crédito privado es un fondo prestando directamente a una empresa mediana, normalmente comprada por un fondo de capital riesgo, sin que ese préstamo cotice en ningún sitio.
El Consejo de Estabilidad Financiera lo cifraba en mayo entre 1,5 y 2 billones de dólares a cierre de 2024, con Estados Unidos aportando alrededor de un billón. Ojo con esa cifra, porque hay quien maneja perímetros mucho más anchos y luego discutimos sin estar hablando de lo mismo.
De dónde sale todo esto no es un accidente.
Después de 2008 sostener determinadas formas de crédito apalancado se volvió más caro para el balance de un banco, y parte del préstamo migró hacia fondos privados.
Allí el riesgo no desapareció, pero cambió una cosa: la valoración dejó de producirse de forma continua en un mercado.
El propio Consejo de Estabilidad Financiera reconoce que la regulación bancaria posterior a la crisis fue uno de los factores del desplazamiento, y el Fondo Monetario lleva tiempo avisando de que esa opacidad puede retrat el reconocimiento de las pérdidas. La regulación no eliminó el riesgo, cambió el sitio donde se guarda.
Encima de esos préstamos a cinco o siete años se montaron vehículos semilíquidos para el patrimonio particular, sobre todo BDC (Business Development Company) no cotizadas y fondos de intervalo, que ofrecen ventanas periódicas de reembolso sujetas a un tope, normalmente el 5% del patrimonio por trimestre.
Ahí está el punto flaco, y es el compromiso que nadie se cree del todo. Si la promesa solo se puede cumplir mientras no la reclamen muchos a la vez, el que menos se la cree tiene un incentivo perfectamente racional para llegar el primero a la ventanilla.
No hace falta pánico, basta hacer las cuentas.
El reloj rápido: lo que ha pasado de marzo a agosto
En el primer trimestre de 2026 ocurrió algo que no había ocurrido nunca en el mercado de BDC no cotizadas que sigue Stanger: salió más dinero del que entró; y las solicitudes chocaron con los topes contractuales en buena parte del segmento a la vez. Eso es lo que conté en abril y sigue siendo verdad.
Ahora el segundo trimestre, que es donde se ve el error. Las peticiones subieron hasta el 12,4% del valor liquidativo, la lectura más alta que ha registrado Stanger.
Récord. Y sin embargo no se cerró ninguna ventanilla.
Los gestores atendieron el 38% de lo pedido y devolvieron unos 5.900 millones de dólares en el trimestre, 12.700 en el semestre.
Blackstone prorrateó en su tope del 5% con peticiones del 10%. Goldman recibió un 3,24% y lo pagó entero. Los primeros vehículos que han reportado el tercer trimestre bajan al entorno del 4,6% frente al 7,9% que esos mismos tenían en el segundo, aunque la muestra es todavía pequeña y el propio Stanger lo advierte.
Esto quiere decir que la presión máxima llegó, el mecanismo hizo lo que estaba escrito que hiciera, y las ventas a cincuenta centavos que yo esperaba no aparecieron por ningún lado. No porque el activo fuera bueno, sino porque nadie estaba obligado a venderlo.
Hay además una explicación rival de la salida que en abril no contemplé, y va en mi contra. Yo leí a los que pedían el reembolso como una minoría informada, la misma franja que olió a Lehman y a SVB antes que el resto.
Pero si el fondo cotizado equivalente se compra en bolsa al 80% de su valor contable y el no cotizado te deja salir al 100, sales aunque no pienses que viene ninguna crisis. Parte de aquel olfato era alguien haciendo una resta.
Lo que sí se ha cerrado es la puerta de entrada, y de esto en abril no dije nada porque todavía no se veía.
La captación cayó a 2.000 millones en el segundo trimestre, un 82% menos que un año antes y el peor trimestre desde finales de 2020. En el semestre, 7.100 millones frente a 23.500. Para un producto perpetuo que se financiaba por suscripción continua, eso no es un mal trimestre.
El reloj lento: lo que no vi
Aquí está la parte que importa y que en abril no miré.
Prestatarios con al menos un préstamo en situación de non-accrual, es decir sin devengo de intereses porque hay problemas de pago: 3,69% en el primer trimestre de 2023
4,26% un año después
4,69% en el primer trimestre de 2026
Una pendiente suave y constante de tres años, sin relación con los reembolsos, sin titulares, sin nombres propios.
Por dólares la cosa cambia de forma; en ese mismo primer trimestre la deuda sin devengo del universo subió un 39% en tres meses hasta unos 10.000 millones, y bajo la medida ampliada, la que cuenta toda la deuda de un prestatario que tenga al menos un tramo tocado, hasta 17.300. Dos nombres, Medallia e Inovalon, explican 4.400 de esos millones.
Las dos series solo son compatibles si los que están cayendo ahora son mucho más grandes que la media. Y lo son.
En el segundo trimestre, entre las diez mayores sociedades cotizadas del sector, la ratio llegó al 3,95% de la deuda a coste.
Ese número por sí solo dice poco, así que conviene despiezarlo: el saldo malo subió 89 millones hasta 3.300, mientras la cartera se encogía un 2,3% hasta 83.600.
Es la primera vez que las dos fuerzas empujan en la misma dirección. Hasta ahora la ratio venía maquillada por el crecimiento, porque cada trimestre entraban préstamos nuevos que por definición no tenían […] y engordaban el denominador. Eso se ha acabado.
Y una cifra para quien piense que todo esto es solo efecto de que el mercado creció mucho: en tres años la cartera se duplicó, y la deuda de prestatarios con problemas se triplicó.
Sobre los impagos, cuidado con qué medida se cita, y aquí sí hay una cosa de abril que ha aguantado bien. Escribí entonces que la inmensa mayoría de las rebajas de calificación del segmento venían de reestructuraciones forzosas y no de quiebras formales.
Moody's lo ha cuantificado después; alrededor de dos tercios de los impagos de 2025 fueron canjes y ampliaciones de plazo acordados bajo presión, que es una manera educada de decir que el préstamo no se pagó pero tampoco se ejecutó.
Por eso la medida estrecha del impago sigue entre el 1% y el 2% mientras Fitch, con metodología más amplia, da un récord del 6,0% en los doce meses hasta abril. Cuál de las tres es la buena depende de si quieres saber quién ha quebrado o quién no está pagando lo que prometió.
Por qué el software
La Reserva Federal de Boston sitúa internet y software en torno al 20% de la cartera mediana de estos vehículos.
El Banco de Pagos Internacionales lo cuantifica por el otro lado: el préstamo a empresas de software por suscripción pasó de unos 8.000 millones en 2015 a más de 500.000 a cierre de 2025, casi una quinta parte de todo el préstamo directo.
Si el deterioro fuese cíclico esperarías que cayeran primero los pequeños, que tienen menos colchón.
Que empiece por los grandes, de una añada concreta, 2021 y 2022, y de un sector concreto, apunta a otra cosa. Se prestó contra ingresos recurrentes de compañías cuyo foso competitivo el mercado teme ahora que la inteligencia artificial pueda erosionar.
Y aquí aparece la divergencia que hace interesante todo el asunto, porque es la tesis de los dos relojes vista dentro de un solo sector.
En marzo, en pleno castigo bursátil, el Banco de Pagos encontró que las sociedades con mucha exposición a software habían rendido unos cinco puntos peor desde octubre que las de poca, y que el descuento del sector sobre el valor liquidativo se ampliaba.
Pero en julio volvió sobre ello con más detalle y encontró que esa señal todavía no se había convertido en una valoración distinta y duradera: las muy expuestas y las poco expuestas cotizan a múltiplos parecidos, y los préstamos a software tampoco pagan un diferencial mayor que los del resto de sectores.
Hubo castigo en bolsa.
En el precio del crédito que hay debajo todavía no se ve.
Y el propio informe da la razón, que además explica por qué el reloj lento va lento: los indicadores de crédito miran hacia atrás, y el cupón que se capitaliza en lugar de pagarse retrat el momento en que la tensión se hace visible.
Quién lo sostiene si falla
Es la pregunta que decide si esto es la corrección de un mercado que creció demasiado deprisa o el principio de otra cosa, y la respuesta de hoy es tranquilizadora sin ser definitiva.
Los grandes bancos de la muestra regulatoria estadounidense tenían a cierre de 2024 unos 123.000 millones de dólares comprometidos con prestatarios de crédito privado, de los que 74.000 estaban efectivamente dispuestos, frente a más de 1,6 billones de capital de nivel uno.
El 86% de esos préstamos está garantizado con primer o segundo rango. Es exposición, y no es pequeña, pero todavía no parece cantidad capaz de convertir por sí sola una corrección del crédito privado en un problema bancario.
Con un aviso que pone el propio supervisor, y que conviene no saltarse: esa muestra probablemente se queda corta con las sociedades cotizadas del sector, porque no captura bien los vehículos que estas utilizan para endeudarse.
El canal de las aseguradoras merece entrada propia y la tendrá, porque es más interesante y bastante menos tranquilizador que el bancario.
El marcador
Si en los próximos trimestres las peticiones de reembolso vuelven por debajo del tope del 5% y se quedan ahí, la deuda sin devengo deja de crecer en dólares y no solo en porcentaje, y la concentración en software se recoloca sin salpicar a otros sectores, entonces esto habrá sido lo que dicen los gestores: la digestión de un mercado que creció demasiado deprisa entre 2021 y 2023.
Y esto es lo que miraría para decir lo contrario:
- La deuda sin devengo medida en dólares y no en porcentaje, ahora que la cartera se encoge y la ratio puede subir sola.
- Si el deterioro se sale del software.
- Las provisiones de los bancos sobre sus líneas a entidades no bancarias en los resultados del tercer y cuarto trimestre, que es donde se vería si alguien empieza a reconocer pérdidas de verdad.
Queda una pregunta abierta que no sé contestar, y es la que más me interesa.
El cortafuegos que evitó la venta forzada tampoco resuelve nada: el préstamo malo sigue dentro, valorado por modelo, sin que nadie esté obligado a ponerle precio.
Eso compra tiempo, pero solo funciona mientras el crédito de debajo aguante. Si el reloj lento sigue corriendo, en algún momento habrá que reconocer la pérdida sin la excusa del pánico.
Del calendario, lo que viene son: resultados del tercer trimestre en noviembre, informe del Fondo Monetario en octubre, y datos trimestrales de reembolsos y captación.
En noviembre se podrá decir quién ganó, si el reloj rápido, el lento o ninguno de los dos.
Que la crisis de liquidez que parecía el acontecimiento esté remitiendo justo cuando el deterioro del activo de debajo empieza a verse mejor no es una casualidad tranquilizadora. Es lo que suele pasar cuando lo que hace ruido y lo que hace daño no son la misma cosa.
Tamaño del mercado: Financial Stability Board, "Vulnerabilities in Private Credit", 6 de mayo de 2026.
Reembolsos y captación: Robert A. Stanger & Co. Segundo trimestre de 2026 (peticiones del 12,4% del valor liquidativo, 38% atendido, 5.900 millones devueltos en el trimestre y 12.700 en el semestre; captación de 2.000 millones en el trimestre y 7.100 en el semestre) e informe de mayo de 2026 para el primer trimestre como primero de la historia con salidas superiores a entradas en el mercado de BDC no cotizadas registradas.
Casos individuales: comunicaciones de las propias sociedades a la SEC (formularios 8-K y SC TO-I) para Blackstone, Goldman Sachs Private Credit Corp y Blue Owl.
Segarro: PitchBook / LCD / Morningstar para las diez mayores sociedades cotizadas (3,95% de la deuda a coste en el segundo trimestre, saldo de 3.300 millones sobre una cartera de 83.600) y para el universo completo (356 prestatarios, 4,69% en el primer trimestre, y la serie desde 2023). Fitch para la tasa de impago del 6,0% en los doce meses hasta abril de 2026. Moody's para el peso de las reestructuraciones bajo presión en los impagos de 2025.
Concentración en software: Reserva Federal de Boston, "Early Warning Signals in Private Credit? What BDC Portfolios Reveal about Emerging Risks", 2026. Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review de 16 de marzo de 2026 para el peor comportamiento bursátil de las muy expuestas, y Bulletin nº 128 de 14 de julio de 2026 para los múltiplos y los diferenciales, que es el trabajo más reciente y específico y el que matiza al anterior.
Exposición bancaria: Office of Financial Research, Brief 26-02, 12 de marzo de 2026, con datos de la muestra regulatoria Y-14 a cierre de 2024, incluida su advertencia sobre la infraestimación de las sociedades cotizadas del sector por los vehículos que utilizan para endeudarse.
Reembolsos y captación: Robert A. Stanger & Co. Segundo trimestre de 2026 (peticiones del 12,4% del valor liquidativo, 38% atendido, 5.900 millones devueltos en el trimestre y 12.700 en el semestre; captación de 2.000 millones en el trimestre y 7.100 en el semestre) e informe de mayo de 2026 para el primer trimestre como primero de la historia con salidas superiores a entradas en el mercado de BDC no cotizadas registradas.
Casos individuales: comunicaciones de las propias sociedades a la SEC (formularios 8-K y SC TO-I) para Blackstone, Goldman Sachs Private Credit Corp y Blue Owl.
Segarro: PitchBook / LCD / Morningstar para las diez mayores sociedades cotizadas (3,95% de la deuda a coste en el segundo trimestre, saldo de 3.300 millones sobre una cartera de 83.600) y para el universo completo (356 prestatarios, 4,69% en el primer trimestre, y la serie desde 2023). Fitch para la tasa de impago del 6,0% en los doce meses hasta abril de 2026. Moody's para el peso de las reestructuraciones bajo presión en los impagos de 2025.
Concentración en software: Reserva Federal de Boston, "Early Warning Signals in Private Credit? What BDC Portfolios Reveal about Emerging Risks", 2026. Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review de 16 de marzo de 2026 para el peor comportamiento bursátil de las muy expuestas, y Bulletin nº 128 de 14 de julio de 2026 para los múltiplos y los diferenciales, que es el trabajo más reciente y específico y el que matiza al anterior.
Exposición bancaria: Office of Financial Research, Brief 26-02, 12 de marzo de 2026, con datos de la muestra regulatoria Y-14 a cierre de 2024, incluida su advertencia sobre la infraestimación de las sociedades cotizadas del sector por los vehículos que utilizan para endeudarse.