Decapita a su padre en Ribera de Arriba y deja la cabeza en una rotonda
Un presunto parricidio con hacha ocurrido en Soto de Rey, en el municipio asturiano de
Ribera de Arriba, junto a Oviedo, ha reabierto una pregunta incómoda: qué se hace con los enfermos mentales graves cuando el dispositivo que debía contenerlos lleva años adelgazado. El autor fue detenido tras dejar la cabeza de su padre en una rotonda y lanzarse contra varios coches. Varias personas resultaron heridas. Agentes de la Guardia Civil y medios del SAMU acudieron al lugar y redujeron al hombre, que según los testigos actuaba en lo que parecía un brote psicótico.
Qué ocurrió en la rotonda de Soto de Rey
El primer aviso lo dio un conductor atacado. «Hay una cabeza en la rotonda de Soto de Rey y un hombre sin camiseta y ensangrentado se ha tirado al coche», relató uno de los automovilistas, aún aterrado. El detenido, según quienes lo vieron, se lanzaba literalmente contra los vehículos que pasaban. La Guardia Civil se lanzó sobre él para reducirlo.
El vídeo que circuló por mensajería mostraba la cabeza en el arcén, visible con nitidez en el tramo final del metraje. El hombre que la grabó lo resumió con una frase que se repite en este tipo de sucesos: primero preguntas qué es eso de ahí, y cuando amplías ya has pasado de largo.
¿Está Asturias a la vanguardia o desmanteló sus manicomios?
Asturias presume de haber estado en la vanguardia de la
reforma psiquiátrica y de haber cerrado los manicomios antes que el resto. Ese orgullo, que durante décadas se vendió como modernidad, es hoy el eje del reproche: quien sostiene esa línea defiende que la comunidad se quedó sin camas, sin pisos tutelados y sin trabajos protegidos para los enfermos graves, y que las familias cargan solas con el problema.
En la otra orilla, el argumento es que encerrar a los pacientes no era la solución y que el fallo no está en el cierre, sino en no haber construido la red que debía sustituirlo. La espera para una consulta de psiquiatría se cuenta por meses, y esa demora, coinciden las dos corrientes, acaba siempre en el mismo sitio: la puerta de urgencias.
El precedente del parque de Isabel la Católica
No es un caso aislado en la región. Años atrás, otro paciente con diagnóstico grave degolló a un niño de dos años delante de su madre en el parque de Isabel la Católica de Gijón. Aquel suceso quedó como la prueba incómoda de que el sistema falla justo cuando el enfermo se descuelga del tratamiento.
De quién es el agresor y qué dice el relato bueno
Buena parte de la conversación derivó al principio hacia el origen del detenido. Se argumentó, sin dato, que ciertos colectivos concentraban la violencia. El propio material del caso desmintió esa línea: el autor era de la zona,
sin antecedentes penales ni psiquiátricos registrados. La sospecha identitaria murió contra los hechos.
Un debate sobre medicación, soledad y culpa
Otra corriente apunta a la sociedad entera: un país polimedicado con ansiolíticos y antidepresivos, con consumo de alcohol y de drogas, y con una
salud mental que se atiende a base de receta rápida. Frente a eso, la experiencia personal de quien convivió con un progenitor violento y logró marcharse recuerda que el parricidio rara vez es un rayo en cielo despejado. La cobardía, se dice, solo deja dos salidas: el suicidio o el asesinato.
¿Qué pasará con el detenido?
La pregunta sobrevuela el caso: si el autor es declarado inimputable, acabará en un centro y no en prisión. Se recuerda el caso de la mujer que degolló a su bebé en Valencia y quedó libre, y se admite que la apuesta está abierta. Al final, la duda que nadie responde: ¿cuántos avisos hizo esa familia antes pidiendo ayuda que nunca llegó?