Un jefe policial antiblanqueo guardaba 20 millones en las paredes
¿Cómo se blanquea dinero si uno es precisamente el policía que persigue el blanqueo? La Policía Nacional ha detenido al inspector jefe que dirigía la Sección de Delitos Económicos de la Jefatura Superior de Madrid y a su pareja, también funcionaria en la comisaría de Alcalá de Henares. En su despacho aparecieron cerca de
un millón de euros en efectivo. En las paredes de su casa, emparedados,
más de 20 millones según el titular de la información y más de 15 según el cuerpo del mismo texto. El juzgado decretó prisión provisional para los dos y las actuaciones siguen bajo secreto de sumario.
Un millón en el despacho y 20 emparedados en casa
La operación la ejecutaron agentes de Asuntos Internos, que registraron tanto el despacho del mando —rango de inspector jefe— como el domicilio de la pareja en Alcalá de Henares. El hallazgo de fajos ocultos detrás del ladrillo es lo que ha convertido el caso en un fenómeno: no se trata de una cuenta opaca ni de una sociedad pantalla, sino de
billetes en el interior de un tabique. Como si el manual del blanqueo se hubiera quedado a medio leer.
Para una parte del análisis, el episodio demuestra que los mecanismos internos del cuerpo funcionan: fue Asuntos Internos quien llegó primero. Para otra, la pregunta es de otro calibre. ¿Cuántos años llevaba ese dinero ahí y quién lo estaba mirando a otro lado mientras tanto?
Del contenedor de Guayaquil al mayor alijo de cocaína de la historia
La investigación apunta a una conexión con la
interceptación de 13.062 kilos de cocaína en el puerto de Algeciras, el mayor alijo de esta droga intervenido hasta la fecha en España, la segunda mayor intervención de Europa y la mayor registrada en un único contenedor. El cargamento había zarpado de Guayaquil (Ecuador) y el exportador figuraba en bases de datos aduaneras y policiales con antecedentes por tráfico ilícito.
Tras la operación se practicaron cinco entradas y registros en domicilios y oficinas de Madrid y Alicante, con una persona detenida y los dos responsables de la empresa importadora en busca y captura. No se descartan nuevos arrestos.
¿Dónde están los seis millones que faltan?
Las cuentas no cierran. Si en las paredes había más de 15 millones y la noticia habla de más de 20, alguien tiene que explicar el resto. El cálculo que circula apunta a que
unos seis millones se han esfumado por el camino, y de ahí sale la pregunta incómoda: ¿ladrones robando a ladrones dentro del propio cuerpo?
No hay confirmación oficial de ese desfase, y con el sumario cerrado tampoco la va a haber a corto plazo. Pero el dato se sostiene sobre el propio texto: la cifra del titular y la del interior del domicilio no son la misma.
Licencias VTC, palcos VIP y más de 100 coches requisados
El rastro patrimonial del detenido va bastante más allá del efectivo. Las informaciones publicadas hablan de decenas de
licencias de VTC localizadas en el registro, de asistencia habitual a palcos vip de los estadios del Real Madrid y del Atlético de Madrid, y de un entramado de empresas camufladas —sociedades nuevas que engullían a las antiguas— del que se han requisado
más de 100 coches.
El detalle que rompe el relato del discreto es otro: el mando pasaba por ser un tipo de bajo perfil, poco amigo de la ostentación. Y sí, había un deportivo aparcado delante de casa. La contención patrimonial, vista lo visto, era más bien selectiva.
Los casos que se cuentan desde dentro del cuerpo
Alrededor del caso han aflorado relatos personales que conviene tomar como lo que son: testimonios sin verificar. Una vecina policía destinada a narcotráfico acabó detenida por plantaciones de marihuana y motos denunciadas por robo. Un guardia civil que, según un relato de tercera mano, distribuía cocaína con su banda. Un matrimonio de agentes trapicheando de paisano. Y un policía jubilado que contaba que, cuando se decomisaban partidas importantes,
no era raro que los mandos apartasen parte antes del pesaje en un despacho y delante de todos, en teoría para pagar a confidentes.
Lo llamativo no es ninguno de esos casos por separado, sino la naturalidad con la que se cuentan. Como si la excepción fuera el agente que no toca nada.
¿Por qué no aparecen jueces en estas tramas?
Hay una asimetría que llama la atención a muchos: en otros países con la misma ruta de la droga, los sumarios por narcotráfico y blanqueo acaban salpicando también a la judicatura. Aquí no. Como mucho, prevaricación y poco más.
La explicación que se ofrece desde el escepticismo no es la ejemplaridad, sino la estructura: órganos judiciales muy concentrados, con competencias sobre todo lo que mueve dinero, una rotación escasa y una camarilla que lleva décadas en el mismo sitio. Un sistema así desactiva rápido cualquier cosa que amenace a un poderoso. De ahí la sospecha de que estos casos no tiran del hilo más allá del peón que cae.
La sospecha del calendario
Otra línea de lectura, imposible de probar, apunta a la oportunidad de la publicación. Con la catástrofe de Valencia copando la atención pública, un escándalo de corrupción policial pasa más desapercibido y, de paso, distrae de la gestión de la emergencia. Es una hipótesis, no un dato, y como hipótesis conviene tratarla.
Lo que sí es un dato es que este tipo de noticias no aparecen cuando aparecen por casualidad. Y que la dimisión de un superior, por lo general, tampoco aparece en absoluto.
Queda el consuelo de que nadie conoce mejor los sistemas antiblanqueo que quien los dirigía, y de que
aun así incumplió la primera regla del oficio: no guardes el dinero donde duermes. Para meter 20 millones en un tabique hace falta previsión, albañil y, sobre todo, la certeza de que nadie va a venir a mirar la pared.